sábado, 26 de mayo de 2012

Más huérfana que nunca

Una inocente niña tuvo la desgracia de mirar a la cara a Medusa y desde entonces se convirtió en una estatua de piedra. Quedó petrificada, los inviernos pasaron y no pudo disfrutarlos, tampoco las celebraciones, los proyectos, las oportunidades... Todo pasó a su alrededor y ella sólo vio la vida seguir de lado como quien ve llover, siempre triste.

Nunca pudo deshacer el hechizo, nadie pudo rescatarla; congelada en ese sitio vio ajarse su piel y encanecer su cabellera; su vientre nunca dio fruto y no supo lo que era la felicidad.

Dio la espalda a la existencia y rechazó todo lo que Medusa representaba: odió a Dios y a su iglesia porque ella asistía religiosamente cada domingo; no quiso convertirse en madre por temor a repetir la historia; no pudo saber si lo poco que hizo fue una reacción a su autoritarismo o porque realmente lo deseaba; nunca se resignó a escuchar la frase lapidaria "usted verá, de todas maneras, es la única que se va a joder la vida", la única respuesta posible cuando demandaba consejo.

Cometió el error de esperar su aprobación o al menos, algo de apoyo; nunca logró que la entendiera o siquiera le interesara saber quién era. A pesar de que nunca supo verdaderamente lo que pensaba siempre pudo sentir su rechazo y su odio, tal vez nunca le perdonó que él la hubiera amado tanto en el poco tiempo que compartieron juntos.

Y es posible que, en el fondo, la hija la culpara de la muerte del padre y por haberlo olvidado tan pronto, por permitir que otros la tocaran cuando su cadáver aún no había sido digerido por los gusanos.

Hubo cosas buenas -pocas-, como el olor de su pijama debajo de la almohada que la consolaba cuando ella salía en la noche a menos de un año de la muerte de él; esas noches en que lloraba de rabia al ver cómo pisoteaba su memoria...

Ahora cada año y por cuenta de las apariencias tendrá que apretar los dientes y darle un regalo, deseando en el fondo que las cosas cambien o la maldición se rompa antes de que una de las dos muera.  

Si así fuera, tal vez al pie de la tumba las lágrimas no serían solo de culpa.


lunes, 7 de mayo de 2012

Ya no

Ya eres parte de mi pasado. Ya no miro las fotos con nostalgia de los momentos vividos. Ya esa, la que sonríe contigo en esas fotos no soy yo, he perdido la inocencia, he dejado de creer que el amor era posible. Eres parte de mi vida, de los errores cometidos -no digo que seas un error-, sólo eres alguien a quien conocí y con quien solía pasar mi tiempo. Formas parte de un último intento por atrapar mi adolescencia, por eso estaba contigo, tan adolescente. Eres sólo ese niñito asustado y dirigido por su madre, eres ese niño con el que ya no quiero estar, al que extrañamente ya no extraño, al que sólo me unían la nostalgia y la lástima... Ya no, querido amigo, ya no.


Enloquecí

Mientras mi familia y unos cuantos ex se preocupan sinceramente por mi salud mental -y sexual- dada la inevitabilidad de mi soltería; mientras mis compañeras de generación me miran con horror y no conciben una vida desprovista de las alegrías de la maternidad, a la cual he renunciado; mientras todos parecen avanzar a una vida cada vez más madura, responsable y complicada yo me convierto en una ermitaña que habla de cosas raras (como que cada vez necesito menos cosas y personas alrededor para estar bien).

Pensarán que estoy delirando, pero creo que la mayoría de actividades que hemos inventado para sobrellevar la existencia son absolutamente solitarias y por lo tanto no requieren de la presencia de otro. Un ejemplo es el cine: ¿necesito de un acompañante que me diga cuándo debo reír o que narre la película teniendo como tengo ojos y oídos? Y si comer es un acto individual (como defecar) ¿por qué debo pasar por la discusión sobre a qué lugar ir o cuánto le toca pagar a cada uno de la cuenta? Y en el caso del sexo ¿para disfrutarlo preciso de un amante que nunca conocerá mi cuerpo lo suficiente como para darme el placer que me dan mis manos y lo mejor de todo CUANDO YO LO DESEO? 

Sé que lo parece, pero no es una postura ni una fase, en cuanto a relaciones las tuve de todo tipo y en todas parezco haber fracasado: hasta el momento no he podido descifrar el misterio de la convivencia como para amar a alguien incondicionalmente y tolerar sus fallas; siempre fui tildada de egoísta y egocéntrica cuando exigí algo para mí, así que algunas veces opté por la complacencia y la sumisión. Ninguna de mis estrategias funcionó.

Decidí entonces crear mi propio mundo de fantasía en el que estoy rodeada de gente amable y generosa. Con todos comparto y les doy mi amor sin temor a que abusen de él o me rechacen. En mi mundo la gente ama a los animales con pasión y disfruta de su presencia plácida e inocente. Allí no se critica y nadie se burla de los defectos o las debilidades del otro porque todos somos aceptados: ignorantes, tacaños, desarreglados y torpes; aburridos y monotemáticos; perezosos y engreídos. En fin, es un mundo ideal.

Me he retirado de la vida social porque mi experiencia en el mundo real no me dejó muchas ganas de seguir interactuando, así que nadie se atreva a decir que no lo intenté. Tal vez mi peor error fue siempre esperar demasiado de la gente. Quizás deba recordar que sólo se trata de seres humanos y que yo misma no soy más que uno de ellos.

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...