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Vivir es gemir

  Tantos gemidos como personas en el mundo los he escuchado de todos los tipos unos suenan como lamentos  otros como suspiros hay unos de hambre, otros de muerte   de éxtasis existen los apagados, los arrancados, los exagerados los míos en el amor son quedos -mis lágrimas también caen en silencio mientras la rabia la grito- hay quienes gimen como animalitos moribundos otros como grandes bestias heridas nosotras entre más lo hacemos menos estamos sintiendo ellos emiten además  quejidos,  bramidos,  estertores, aullidos exhalaciones mi bisabuela materna lo hacía con un pitido por su asma  mi abuela paterna por sus hijos muertos dime por qué gimes y te diré qué te causa placer  o te hiere.

Nuestro encuentro

 Muchos días antes, pero especialmente ese, estaba muy emocionada: teníamos una cita, ¡te iba a ver! Después de haberlo confirmado meses atrás y gracias al regalo de alguien amado que sabe lo importante que eres para mí, podríamos estar, no solo en la misma ciudad, sino en el mismo lugar, aunque no de una manera tan íntima como quisiera. Nuestro encuentro me tomó en medio de una fuerte gripa, el pecho me dolía de tanto toser y era penoso hacerlo delante de la gente que volteaba a mirar escandalizada al oír la ruidosa expectoración de quién se está atragantando con la flema. Para empeorar las cosas tenía que viajar a la capital -que está a 2.600 metros sobre el nivel del mar y en las noches puede ser bastante fría-, mi pasaje era de clase económica, así que no podía llevar muchas cosas para abrigarme; todo pintaba mal, aunque al llegar al sitio en el que me hospedaría pude ver que estaríamos cerca y con fortuna y para variar, no llegaría tarde a nuestro encuentro. Reconozco que no m...

El algoritmo

 En casi todas las ciudades del país y me atrevo a decir que del mundo, los platos tradicionales han ido desapareciendo de los restaurantes -excepto aquellos que ya constituyen una ”marca”, como la bandeja paisa- y aunque haya cada vez más abundancia de ofertas pareciera que todas terminan sabiendo igual, en el caso de la comida rápida a la excesiva cantidad de salsa tártara, barbecue o cualquiera a la que llamen pretenciosamente ‘de la casa' que le adicionan para tapar la falta de sazón. Si alguien atrevido intenta apartarse de la corriente la va a tener un poco difícil, hay un restaurante de mariscos de los pocos buenos que existen en la ciudad y en el que incluyeron hace poco hamburguesas en el menú; cuando pregunté por qué lo habían hecho, me dijeron que la gente las había pedido: tuvieron que adaptar su carta, que era muy específica, a los gustos de los comensales, porque ya saben,  el cliente siempre tiene la razón.  Se siente casi lo mismo con la música, cuand...

Orfandades

 La vida que pasa y en la que se va de creer a no creer y a hacerlo nuevamente: en ella, en el amor, en la humanidad; sentir la muerte que roza, que respira en la nuca, que sacude como el terremoto que acaba de azotar a Venezuela. Vivir una vez más la agonía de la derrota, la decepción, buscar la fe donde no aparece; esperar el momento de volver a escribir, desear hacerlo y no saber qué letras poner en el teclado. El mundo a veces es un barrio del que uno quiere mudarse, solo que las consecuencias no serían tan simples como cuando se busca un lugar mejor donde vivir. Porque cambiar de vivienda abre la posibilidad de encontrar algo mejor o peor; en cambio, irse de este mundo es irremediable. El cansancio invade, hartos no solo de este vecindario ruidoso y sucio, sino de los vecinos que nos saturan con su maldad y su estupidez. Cansa -y duele- que cada 30 horas una mujer o una niña muera asesinada; de las Yulianas, Valentinas, Natalias y Agostinas a las que se les quitó la posibilida...

Enloqueciendo (again)

Todas las ciudades, aún las más detestables, se ven lindas de noche desde un avión A veces cansa ir de un lugar a otro, a veces uno solo quiere quedarse Pero de vez en cuando hay que moverse, solo para comprobar que se está vivo Los aeropuertos son lugares tan hostiles como el mundo mismo  Se parecen a la vida pero no lo son, porque son artificiales Son estandartes del capitalismo en los que todos se sienten ricos por el solo hecho de pisarlos (todo cuesta muchísimo más que en cualquier parte) Algunos dicen que son como pequeñas ciudades, aunque hay cierto tipo de personas que nunca tendrán cabida en ellos (pero las ciudades también suelen expulsar a mucha gente) Se parecen un poco al mundo, con gente llegando y yéndose, gente en tránsito, gente que perdió la conexión...  Pero si eres el que va en la fila y se retrasa ya no eres uno de ellos, porque no se puede parar la rueda Si eres un viejo que cae al suelo, alguien que no tiene con qué pagar un exceso o retraso, eres un ind...

Día Santo

 El rayo de luz que entraba por la ventana  iluminaba tus ojos que descubrí de un color diferente al que imaginaba en los claroscuros de esas noches  en las que representábamos el performance  del matrimonio que no somos (con la tele encendida y los niños durmiendo) porque en ese instante en el que las cortinas sacudidas por el viento  -como lo hace con el mar en las tardes tempestuosas y como en él nos sumergimos en esa cama  gigante como un buque atracado en un banco de arena- verdaderamente fuimos  aunque bien pudo ser una pequeña balsa la que nos contuviera en el frágil equilibrio de las zambullidas sin fin de los besos que se estrellaban contra partes del cuerpo del otro como quién succiona hasta el final el jugo de la ostra no solo estábamos desnudos, nos despojamos de la piel tú roto, yo llena de remiendos tan torpes por causa del deseo que las voces al otro lado del teléfono sonaban de ultratumba tan perdidos en el tiempo que nos preguntábamos ...

Un sitio especial

 Nadie le ha dado el reconocimiento que merece, y si bien la habitación en que dormimos, la sala para las visitas, incluso la cocina son espacios en los que tomamos decisiones y nos hacemos propósitos de todo tipo, para muchos nuestro confesionario, área de contrición y muro de lamentaciones es ese pequeño recinto en el que nos despojamos de la suciedad y en el que pensamos, guardamos nuestros secretos más íntimos y hasta hemos y nos han amado. En el que lloramos una que otra vez lágrimas amargas sentados en el suelo, en la taza del inodoro o debajo del agua que corría (¡lo hice siempre que murieron o se fueron de mi vida seres queridos!), en ese ritual que se repite a diario como tantos otros. ¿Quién no ha cantado en el baño sus alegrías y despechos, preparado sus discursos o declaraciones, emocionado ante una cita o inminente celebración? Pasamos por alto que lo que dejamos en cada uno de sus rincones es un cúmulo de historias, un abanico de emociones, una gran parte de nuestra v...