miércoles, 24 de junio de 2026

Enloqueciendo (again)

Todas las ciudades, aún las más detestables, se ven lindas de noche desde un avión

A veces cansa ir de un lugar a otro, a veces uno solo quiere quedarse

Pero de vez en cuando hay que moverse, solo para comprobar que se está vivo

Los aeropuertos son lugares tan hostiles como el mundo mismo 

Se parecen a la vida pero no lo son, porque son artificiales

Son estandartes del capitalismo en los que todos se sienten ricos por el solo hecho de pisarlos (todo cuesta muchísimo más que en cualquier parte)

Algunos dicen que son como pequeñas ciudades, aunque hay cierto tipo de personas que nunca tendrán cabida en ellos (pero las ciudades también suelen expulsar a mucha gente)

Se parecen un poco al mundo, con gente llegando y yéndose, gente en tránsito, gente que perdió la conexión... 

Pero si eres el que va en la fila y se retrasa ya no eres uno de ellos, porque no se puede parar la rueda

Si eres un viejo que cae al suelo, alguien que no tiene con qué pagar un exceso o retraso, eres un indeseable y puedes ser echado a la calle, porque no vales

Enloquecí, una vez más, en un aeropuerto: fue solo un descuido sí, pero el mundo no iba a dejar de andar por mí 

Me enfurecí, lloré, grité y nadie se conmovió, solamente alguien dijo: "no puedo hacer nada, así funcionan las cosas".

sábado, 18 de abril de 2026

Día Santo

 El rayo de luz que entraba por la ventana 

iluminaba tus ojos

que descubrí de un color diferente al que imaginaba

en los claroscuros de esas noches 

en las que representábamos el performance 

del matrimonio que no somos

(con la tele encendida y los niños durmiendo)

porque en ese instante en el que las cortinas sacudidas por el viento 

-como lo hace con el mar en las tardes tempestuosas

y como en él nos sumergimos en esa cama 

gigante como un buque atracado en un banco de arena-

verdaderamente fuimos 

aunque bien pudo ser una pequeña balsa la que nos contuviera

en el frágil equilibrio de las zambullidas sin fin

de los besos que se estrellaban contra partes del cuerpo del otro

como quién succiona hasta el final el jugo de la ostra

no solo estábamos desnudos, nos despojamos de la piel

tú roto, yo llena de remiendos

tan torpes por causa del deseo

que las voces al otro lado del teléfono sonaban de ultratumba

tan perdidos en el tiempo que nos preguntábamos mutuamente 

¿qué hora es? Sin responder la pregunta 

más que con las señales de los astros en la bóveda lechosa

con los murmullos de la marcha que rendía homenaje piadoso

al Mártir 

las explosiones de los fuegos artificiales

y las pocas secundarias necesidades

que nos permitimos satisfacer.

miércoles, 1 de abril de 2026

Un sitio especial

 Nadie le ha dado el reconocimiento que merece, y si bien la habitación en que dormimos, la sala para las visitas, incluso la cocina son espacios en los que tomamos decisiones y nos hacemos propósitos de todo tipo, para muchos nuestro confesionario, área de contrición y muro de lamentaciones es ese pequeño recinto en el que nos despojamos de la suciedad y en el que pensamos, guardamos nuestros secretos más íntimos y hasta hemos y nos han amado. En el que lloramos una que otra vez lágrimas amargas sentados en el suelo, en la taza del inodoro o debajo del agua que corría (¡lo hice siempre que murieron o se fueron de mi vida seres queridos!), en ese ritual que se repite a diario como tantos otros.

¿Quién no ha cantado en el baño sus alegrías y despechos, preparado sus discursos o declaraciones, emocionado ante una cita o inminente celebración? Pasamos por alto que lo que dejamos en cada uno de sus rincones es un cúmulo de historias, un abanico de emociones, una gran parte de nuestra vida que no siempre está en la conciencia, sino que es puro acto mecanizado, producto de la rutina en que se ha convertido nuestra obligada visita a este paraje particular.

De pequeña solía jugar en el de mi mamá a que era mi casa: ponía un cojín encima de la tapa del sanitario que hacía las veces de sillón para las visitas y después de secar la ducha ponía en el piso un tendido simulando la cama, los estantes para el champú los convertía en repisas; era feliz imaginando lo que sería de adulta mi propio hogar. Tal vez era mi lugar seguro y también una proyección de lo que sería mi vida, algo muy reducido y simple, con pocos objetos, sin mucho interés por acumular posesiones, tal vez solo experiencias.

Mi ducha además es un pequeño cementerio al que llegan muchos insectos a respirar su último aliento: algunas arañitas que veo tratando de trepar las paredes húmedas y resbalosas, unos cuantos ciempiés y una que otra cucaracha que corre asustada -aunque menos que yo, que no me atrevo a matarlas-, casi siempre aparecen muertos al día siguiente.

En últimas, en el baño somos verdaderamente nosotros, siempre los mismos aunque distintos a través de las días, los años y las décadas.

martes, 10 de marzo de 2026

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar 

en inventar un nuevo alfabeto

tendría que llenarme de neologismos 

para que las trajinadas palabras de antes 

no te ensucien

-así es lo que despiertas en mí de inefable-

solo ciertas letras deberían estar en mi abecedario:

las de tu nombre

mantra que no me canso de repetir

que te trae a mi presencia 

cuando nos separamos un instante

no importa cuántos lo hayan llevado

ninguno fue digno de él 

lo digo cada vez como si fuera la primera

evocando tus manos

lo rosado de tus mejillas 

tus labios

los quiebres de tu voz

tus suspiros


Enloquecí y dejé de escucharlos

soy una tapia en la que rebotan

los prejuicios ajenos

(que si antes no importaban ahora me alientan)

porque no saben lo mucho que te buscaba 

en la música de ese lugar oscuro

que te deseaba en las tardes solitarias

lo que sabía sin saber cuando te soñaba sin recordarlo

sin conocerte

sin haber olido tu cuello ni acariciado tus rizos

sin haber sentido tu piel sobre la mía

te amé desde siempre y ahora solo te tengo

al estirar mi brazo, al abrir mis ojos

al voltear mi cabeza


Bautízame de nuevo con tu nombre

porque la que soy volvió a nacer

cuando descifró el código sagrado.

viernes, 6 de marzo de 2026

Petrotusa

 Empiezo a experimentar una especie de guayabo por la inminente salida un personaje tan histórico como Petro de la presidencia, aunque también a medida que se acerca el 7 de agosto siento un poco más de tranquilidad; y es que estos tres años y medio han sido de una ‘paridera' constante, un vivir ‘entre saltos de angustia y horror' (parafraseando a Silvio Rodríguez), tanto por los ataques de la oposición como de los grandes medios de comunicación y en general, desde casi todos los flancos, casi desde el primer día del mandato. Pero, sobre todo por los desatinos, los errores, las muchas metidas de pata y por supuesto, la gran cantidad de cosas que no se lograron. 

Se pecó de muchas maneras, pero diría que uno de los mayores descaches provino del exceso de confianza: de la idea, por ejemplo, del electo presidente y sus fieles, de que por ser un gobierno progresista iba a ser más fácil negociar con el ELN y otros grupos armados, algo que terminó convirtiéndose en un estruendoso -y costoso en aspectos políticos económicos y de vidas humanas- fracaso.

No voy a criticar el ya solucionado impasse con el gobierno gringo, teniendo en cuenta que, aunque muy millonario, el jefe de estado de allá es un atarván inculto que se limpia el trasero con la diplomacia y los derechos humanos; pero sí el no haber podido evitar el cáncer de la corrupción y el nombramiento en altos cargos de personas sin cumplir con los requisitos e incluyendo documentación falsa, cosa que constituye un delito, tal vez debido a un fenómeno que describía León Valencia como la falta de la burocracia requerida para manejar un país, algo que para la izquierda, acostumbrada a perder todas las elecciones, era hasta hace cuatro años impensable.

Por supuesto que no contar con individuos preparados para ser funcionarios de alto nivel por no haber participado de los gobiernos anteriores, en muchos casos por sustracción de materia (algunos fueron asesinados, como en el caso de la UP), otros por ser estigmatizados o perseguidos o simplemente excluidos, no justifica las malas prácticas y quienes hayan incurrido en ellas deben ser sancionados.

A todo esto se suma la idea -bastante sobredimensionada por cierto- que tiene el presidente de su propio poder, lo cual lo hace exagerar sus logros; en ese sentido concuerdo con Ernesto Samper, quien cuando le preguntaron cómo le había parecido este gobierno respondió: “no tan malo como dice la oposición, ni tan bueno como dicen sus seguidores".

Lo que sí se debe reconocer es que más allá de lo bien o mal que lo haya hecho (hay números que demuestran que la economía, el empleo y otros rubros mejoraron con respecto a los anteriores, a pesar de lo que digan los medios masivos y la oposición), este gobierno le permitió errar a unos distintos a los de siempre, dejando claro el mensaje de que la democracia es que no solo detenten el poder unos pocos privilegiados, sino todos aquellos a quienes el pueblo, en su sabiduría o insensatez, tenga a bien elegir.

sábado, 21 de febrero de 2026

Afuera

 Me inspeccionó a través del parabrisas de un carro que no es mío, con sus ojos, no inyectados en sangre, sino surcados por vetas azules, moradas y rojas -tal vez debido al humo de los carros o al polvo que levantan sus ruedas sobre el asfalto-; me lanzó una mirada con rabia y como una cobarde la esquivé, intentando hacer una mueca de pesar que solo fue de vergüenza por estar del otro lado del vidrio, por no ser como él (aunque hubiera podido serlo), por no hacer más para que no haya millones en su situación, por regodearme en mi tonta comodidad, en mi mundillo de ‘intelectuales' que no tienen nada más que una colección de citas en la cabeza y se emborrachan cada 15 días cuando cobran el sueldo del contratito que algún político ‘benévolo' y ‘amante de las artes' les suelta.

Lo vi maldecir y sentí miedo, porque temí que rompiera el vidrio y las astillas de los cristales se clavaran en mis ojos, pero a la vez me compadecí y quise abrazarlo; me pregunté si su improperio tendría que ver con no tener para llevar un plato de arroz a su mesa, comprar la leche de algún bebé o la dosis de alguna droga que le permite sobrellevar la mierda de la vida y el asco de las caras aterradas e indiferentes de las buenas personas que, como yo hoy, se posan a diario sobre este infame semáforo.

Vi sus manos manchadas y callosas y recordé las de mi abuelo que, aunque curtidas por la grasa de los motores que se pasó toda la vida arreglando, todo lo curaban. Y una vez más, juré que nunca apoyaré a quienes creen que esa miserable distancia, ese abismo que separa a unos y a otros y a algunos nos deja en mitad de la nada, triunfen. 

Aunque siempre lo hagan.

jueves, 19 de febrero de 2026

Algunas verdades

 Nunca te amé

solo sentí lástima 

parecías tan poco

si te hacía un cumplido me reía por dentro

la mayor parte del tiempo fingía

tus ejecutorias amorosas me provocaban aburrimiento 

ganas de salir corriendo

pero me quedaba

pensando que nadie más lo haría 

esperando no sé qué


cuando decía que te extrañaba 

era mentira

porque me llamaste de tantas maneras

-con odio-

rechazaste mis caricias

me humillaste tantas veces

criticaste mi peso, mi pelo 

mi risa

las palabras que usaba

las canciones que oía

mi ropa, siempre inconveniente

mi forma de pensar y actuar


pero me dolía tu dolor

más que el mío

tus fingidas lágrimas se clavaban en mi pecho

creía en promesas que olvidabas en 20 segundos

en besos duros como el mármol

nunca me aceptaste

pero yo tampoco


Nunca te amé

o tal vez

fuiste el amor de mi vida

¿cómo saberlo,

si el día a día,

la tormenta a nuestro alrededor

nos hizo odiarnos?

Nuestro amor renacía cada noche

y moría al amanecer

cuando los gallos anunciaban

una nueva jornada

en el matadero.


Enloqueciendo (again)

Todas las ciudades, aún las más detestables, se ven lindas de noche desde un avión A veces cansa ir de un lugar a otro, a veces uno solo qui...