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Mostrando entradas de marzo, 2024

Ciudad esdrújula

 Ella sabe cuánto la odio a veces y cuando más la estoy repudiando se tira unos días lluviosos en los que corre el viento fresco trayendo el olor húmedo  de la tierra antes reseca, unas mañanas con cantos alborozados de pájaros o atardeceres arrebolados con olor a tinto fresco. Es una amante hábil, ella. Me escupe en la cara su chorro de aire caliente su acento gangoso su alma despiadada sin compasión para recordarme que moriré añorando su sol de los venados. ¿Cuántas veces quise irme y un amor apasionado me detuvo? ¿Por qué fue mi piel tan débil, mi alma tan cándida? ¿Por qué permití que dentro de mí creciera su mandrágora, circulara su veneno? ¿Por qué las hojas de los árboles nunca son tan verdes en otros parajes?

Firulais

Pequeño can sin nombre que acompañaste mi camino angustioso en esa noche oscura de olores a bazuco y caucho quemado quisiera decirte que las costillas de tu lomo esa colita desproporcionada y fea las orejas gachas en señal del respeto que no merezco y tu lengua que lamió cariñosamente mis manos me perseguirán siempre, aunque mañana mueras bajo las llantas sobre las que se encaraman esos miserables bípedos -A los que desprevenidamente ofreces tu sonrisa- en un andén cualquiera de esta ciudad sin alma.