Día Santo
El rayo de luz que entraba por la ventana iluminaba tus ojos que descubrí de un color diferente al que imaginaba en los claroscuros de esas noches en las que representábamos el performance del matrimonio que no somos (con la tele encendida y los niños durmiendo) porque en ese instante en el que las cortinas sacudidas por el viento -como lo hace con el mar en las tardes tempestuosas y como en él nos sumergimos en esa cama gigante como un buque atracado en un banco de arena- verdaderamente fuimos aunque bien pudo ser una pequeña balsa la que nos contuviera en el frágil equilibrio de las zambullidas sin fin de los besos que se estrellaban contra partes del cuerpo del otro como quién succiona hasta el final el jugo de la ostra no solo estábamos desnudos, nos despojamos de la piel tú roto, yo llena de remiendos tan torpes por causa del deseo que las voces al otro lado del teléfono sonaban de ultratumba tan perdidos en el tiempo que nos preguntábamos ...