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Mostrando entradas de abril, 2026

Día Santo

 El rayo de luz que entraba por la ventana  iluminaba tus ojos que descubrí de un color diferente al que imaginaba en los claroscuros de esas noches  en las que representábamos el performance  del matrimonio que no somos (con la tele encendida y los niños durmiendo) porque en ese instante en el que las cortinas sacudidas por el viento  -como lo hace con el mar en las tardes tempestuosas y como en él nos sumergimos en esa cama  gigante como un buque atracado en un banco de arena- verdaderamente fuimos  aunque bien pudo ser una pequeña balsa la que nos contuviera en el frágil equilibrio de las zambullidas sin fin de los besos que se estrellaban contra partes del cuerpo del otro como quién succiona hasta el final el jugo de la ostra no solo estábamos desnudos, nos despojamos de la piel tú roto, yo llena de remiendos tan torpes por causa del deseo que las voces al otro lado del teléfono sonaban de ultratumba tan perdidos en el tiempo que nos preguntábamos ...

Un sitio especial

 Nadie le ha dado el reconocimiento que merece, y si bien la habitación en que dormimos, la sala para las visitas, incluso la cocina son espacios en los que tomamos decisiones y nos hacemos propósitos de todo tipo, para muchos nuestro confesionario, área de contrición y muro de lamentaciones es ese pequeño recinto en el que nos despojamos de la suciedad y en el que pensamos, guardamos nuestros secretos más íntimos y hasta hemos y nos han amado. En el que lloramos una que otra vez lágrimas amargas sentados en el suelo, en la taza del inodoro o debajo del agua que corría (¡lo hice siempre que murieron o se fueron de mi vida seres queridos!), en ese ritual que se repite a diario como tantos otros. ¿Quién no ha cantado en el baño sus alegrías y despechos, preparado sus discursos o declaraciones, emocionado ante una cita o inminente celebración? Pasamos por alto que lo que dejamos en cada uno de sus rincones es un cúmulo de historias, un abanico de emociones, una gran parte de nuestra v...