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Mostrando entradas de febrero, 2012

Liberada

Paranoica como siempre, creía ver en sus caras saturadas de polvo compacto una mezcla de lástima y satisfacción cuando me mostraban el álbum de matrimonio; también yo era un poco culpable por ser tan condescendiente y poner mi mejor gesto de ensoñación cuando veía las fotos junto al espejo de la sala cortando la torta y en el momento de darse el emocionado beso que sellaría la indestructible unión... En el fondo siempre pensaba ¿esto es lo que quiero para mí? Pero no dejaba traslucir la duda: tenían que creer que las envidiaba, eso sí, con pura envidia de la buena... La charla sobre bebés sí que no la podía aguantar, tenía que huir antes de que me mostraran uno a uno los años de dicha transcurridos desde el momento en que Dios las bendijo siendo mamás; yo que he sido niñera de primos, cuñaditos y hasta hijastras, sabía lo horrible que puede resultar tratar de satisfacer las necesidades de una criatura más irracional de lo normal... y ahí sí que no podía disimular. Un día decidí de

Ellas y yo

Dedicada a Joanna Robayo, Diana Rivera, Milena Porras, Diana Barragán, Mónica Duarte y muchas que no recuerdo en este momento... A propósito de ese maravilloso personaje femenino de La chica con el tatuaje de dragón,  alguien en su crítica escribía que ella se dedicaba a hacer lo que más le gustaba: cazar hombres que habían abusado de las mujeres. A pesar de que es cierto que este maravilloso personaje se venga, creo que es un papel que a pocas mujeres nos interesa desempeñar y menos mal, porque... ¿se imaginan cuántos capados andarían por ahí? Hasta hace poco tiempo creía que odiaba a las mujeres, que simplemente era imposible tener buenas relaciones con ellas porque asumía que estarían marcadas por la envidia y los celos. Estaba tan equivocada... Creo que todas nos dejamos envenenar por la misoginia que abunda por los rincones como las ratas -esas mismas que insisten en proclamar lo brutas, lo ignorantes, lo fastidiosas que somos- y no nos dábamos cuenta de que maltratarnos