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Mostrando entradas de enero, 2026

Desear...

 Se aprende en la facultad de psicología que el deseo es lo que nos mantiene vivos, especialmente el de vivir (aunque no todos los que siguen en este mundo deseen hacerlo) y para la muestra un botón: una de las características de los episodios depresivos es la afectación del deseo, de la capacidad de desear y de disfrutar o sentir placer con las cosas que antes lo producían (anhedonia).  Pero, ¿qué es el deseo y sobre qué se sostiene? ¿Sobre aquello que nos gusta o creemos que nos dará satisfacción, sobre lo que aprendimos que era valioso e importante o sobre lo que nos venden todos los días como más que deseable, necesario? ¿Deseamos con la ilusión de ser deseadas y deseados, o nuestro deseo es inmune a la reciprocidad y a la satisfacción? ¿Es diferente el deseo nuestro al de ellos? Parecería una respuesta obvia, pero ¿a qué se debería la diferencia? ¿Al patriarcado, tal vez, que nos sitúa a las mujeres como objetos de deseo y a los hombres como sujetos deseantes de nuestros ...

Temores nocturnos

 ¿Cómo evitar sucumbir, una vez más, ante el miedo?  ¿Cómo no sentir que saborear algo tan precioso significa poder perderlo?  ¿Cómo no hundirse en la posesión, en la duda de los celos, en la hoguera de las inseguridades?  ¿Cómo tener la mente clara, sin que se pierda en los vericuetos de la especulación, de la amenaza de la traición?  ¿Cómo amar sin querer encerrar al otro en la jaula de los propios temores, cómo pensarlo y pensarnos libres?  

La vida

 ¡Lástima que se empieza a disfrutar y entender tan tarde! Con tanto que la sufrimos, la desperdiciamos, a la vez que la gozamos y le tememos... Lo que se impone después de la tormenta y la tragedia, lo que renace -a veces no lo notamos y es ahí cuando nos atrapa la desesperación-, pero incluso cuando sentimos que ya no nos queda ni un mínimo de fuerza por tantas horas de sufrir o no haber dormido, un rayito de sol se cuela por entre las cortinas cerradas. O cuando lo hemos dado todo por perdido y se nos aparece una pepita de oro en el camino... Y es que, si no cayera la lluvia después los días de sol, si no saliera el sol después de varios días de lluvia, si después de la catástrofe no brillara la esperanza, ¿cómo podríamos seguir?  Viene a mí un fragmento del texto que escribí hace varios años llamado  Tributo :  Eso tan fuerte que sobrevive muchas horas al frío y a la intemperie o bajo toneladas de tierra...  ¡La Vida! que retumba con un grito cuando ya se ha...

Confesiones de una huérfana

 No sé si todos en algún momento nos hemos sentido extraños o anormales, pero yo sí me sentí así desde muy temprano: odiaba el colegio, a los niños por tontos y bruscos (las niñas solo me parecían aburridas, pero no las odiaba), a algunas profesoras y en general, no sé por qué, le temía a la gente, grande o pequeña. Tal vez era por ser tan asustadiza que las personas me parecían demasiado crueles, no entendía por qué se reían si alguien tropezaba y caía al suelo o se burlaban de los "defectos físicos" de otros (que ahora ni siquiera se llaman así, pues ser de contextura gruesa, baja estatura o tener una mancha es una condición, no un defecto). Entonces, odiaba, con todas mis fuerzas todo y a todos: estar en el mundo, levantarme cada mañana e ir al colegio, las visitas a los abuelos por compromiso, las idas al cementerio los domingos... Todo lo que no era divertido ni emocionante, lo que era impuesto. He llegado a entender que no había nada malo en mí, solo que no quería el li...