Nuestro encuentro
Muchos días antes, pero especialmente ese, estaba muy emocionada: teníamos una cita, ¡te iba a ver! Después de haberlo confirmado meses atrás y gracias al regalo de alguien amado que sabe lo importante que eres para mí, podríamos estar, no solo en la misma ciudad, sino en el mismo lugar, aunque no de una manera tan íntima como quisiera. Nuestro encuentro me tomó en medio de una fuerte gripa, el pecho me dolía de tanto toser y era penoso hacerlo delante de la gente que volteaba a mirar escandalizada al oír la ruidosa expectoración de quién se está atragantando con la flema. Para empeorar las cosas tenía que viajar a la capital -que está a 2.600 metros sobre el nivel del mar y en las noches puede ser bastante fría-, mi pasaje era de clase económica, así que no podía llevar muchas cosas para abrigarme; todo pintaba mal, aunque al llegar al sitio en el que me hospedaría pude ver que estaríamos cerca y con fortuna y para variar, no llegaría tarde a nuestro encuentro. Reconozco que no m...