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Mostrando entradas de julio, 2026

Nuestro encuentro

 Muchos días antes, pero especialmente ese, estaba muy emocionada: teníamos una cita, ¡te iba a ver! Después de haberlo confirmado meses atrás y gracias al regalo de alguien amado que sabe lo importante que eres para mí, podríamos estar, no solo en la misma ciudad, sino en el mismo lugar, aunque no de una manera tan íntima como quisiera. Nuestro encuentro me tomó en medio de una fuerte gripa, el pecho me dolía de tanto toser y era penoso hacerlo delante de la gente que volteaba a mirar escandalizada al oír la ruidosa expectoración de quién se está atragantando con la flema. Para empeorar las cosas tenía que viajar a la capital -que está a 2.600 metros sobre el nivel del mar y en las noches puede ser bastante fría-, mi pasaje era de clase económica, así que no podía llevar muchas cosas para abrigarme; todo pintaba mal, aunque al llegar al sitio en el que me hospedaría pude ver que estaríamos cerca y con fortuna y para variar, no llegaría tarde a nuestro encuentro. Reconozco que no m...

El algoritmo

 En casi todas las ciudades del país y me atrevo a decir que del mundo, los platos tradicionales han ido desapareciendo de los restaurantes -excepto aquellos que ya constituyen una ”marca”, como la bandeja paisa- y aunque haya cada vez más abundancia de ofertas pareciera que todas terminan sabiendo igual, en el caso de la comida rápida a la excesiva cantidad de salsa tártara, barbecue o cualquiera a la que llamen pretenciosamente ‘de la casa' que le adicionan para tapar la falta de sazón. Si alguien atrevido intenta apartarse de la corriente la va a tener un poco difícil, hay un restaurante de mariscos de los pocos buenos que existen en la ciudad y en el que incluyeron hace poco hamburguesas en el menú; cuando pregunté por qué lo habían hecho, me dijeron que la gente las había pedido: tuvieron que adaptar su carta, que era muy específica, a los gustos de los comensales, porque ya saben,  el cliente siempre tiene la razón.  Se siente casi lo mismo con la música, cuand...

Orfandades

 La vida que pasa y en la que se va de creer a no creer y a hacerlo nuevamente: en ella, en el amor, en la humanidad; sentir la muerte que roza, que respira en la nuca, que sacude como el terremoto que acaba de azotar a Venezuela. Vivir una vez más la agonía de la derrota, la decepción, buscar la fe donde no aparece; esperar el momento de volver a escribir, desear hacerlo y no saber qué letras poner en el teclado. El mundo a veces es un barrio del que uno quiere mudarse, solo que las consecuencias no serían tan simples como cuando se busca un lugar mejor donde vivir. Porque cambiar de vivienda abre la posibilidad de encontrar algo mejor o peor; en cambio, irse de este mundo es irremediable. El cansancio invade, hartos no solo de este vecindario ruidoso y sucio, sino de los vecinos que nos saturan con su maldad y su estupidez. Cansa -y duele- que cada 30 horas una mujer o una niña muera asesinada; de las Yulianas, Valentinas, Natalias y Agostinas a las que se les quitó la posibilida...