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Mostrando entradas de febrero, 2017

Ciudad de mis amores

Llegué a ti -una vez más- con el corazón roto. Entonces, a pesar de mis ojos empañados, pude contrastar el paisaje árido con tus verdes calles y sentir que estaba en casa. Me recibiste con lluvia y neblina, me ayudaste a sanar más rápido mis heridas y me pregunté cómo podían llamarte “peladero", si aún puedo caminar desde mi casa hasta la biblioteca pública, si saludo al menos a una persona cuando salgo a la calle, ¿te dicen así por ser una ciudad marcada por el comercio, por ser el puente entre un país agrícola y atrasado y otro, en algún tiempo, rocambolescamente rico? Denigrarte no vuelve a quien lo hace más cosmopolita ni más culto: lo revela ignorante de tu historia, de tu encanto y de lo que llaman contexto. No puedes ser más peladero que otros lugares en los que los niños se mueren de hambre o la gente se envenena poco a poco por el humo que respira; ni más que esa perla del caribe cuyos desechos corren impunes por sus calles hediondas; o que ese arribista patio tr