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Mostrando entradas de diciembre, 2020

Las manos del abuelo

- ¿Seguro que no va a doler? Preguntó la niña observando los dedos gigantes del hombre, quien con un pedazo de algodón en una mano y el tarro de Merthiolate en la otra se aprestaba a curar la rodilla herida. - No solo no le va a doler, mi muñequita, sino que no dejará cicatriz y cuando sea grande podrá ir tranquilamente al reinado de Cartagena. Efectivamente no dolió, como pasaba siempre que le curaba algún raspón, cortada, reventada o chichón; sus manos eran expertas en sanar. - ¿Y a dónde viajaremos hoy? - Iremos a las tierras de las mil y una noches, recorreremos los inmensos desiertos, las mezquitas imponentes, los castillos rodeados por frondosos jardines de árboles frutales; pasaremos entre las tiendas de los nómadas y los mercados abarrotados de dátiles y una gran variedad de telas bordadas en oro; volaremos en alfombras mágicas y aspiraremos los perfumes de princesas cubiertas por delicados velos; acariciaremos caballos de elegantes crines y brillante pelaje; espiaremos a los ...

Hablemos de cosas serias

Aquí estamos: es el día de Navidad para los cristianos en todo el mundo y nueve meses después de declarar confinamientos generalizados, la pandemia nos azota con más fuerza. La región en la que vivo, con graves problemas sociales antes de la aparición del nuevo virus, ve colapsar sus servicios de salud, morir día a día a sus más emblemáticos médicos y aun así permanece indiferente, ensimismada en una orgía de fiestas, compras y locura colectiva; estamos librando una batalla en la que los caídos aumentan por minuto, las balas y bombas son silenciosas pero igualmente letales y pocos parecen entenderlo. Nadie imaginó en sus propósitos para el nuevo año que una situación de tal magnitud nos golpearía de la manera en que lo ha hecho; creíamos que eso de esperar el antídoto milagroso para un virus mortal era cosa de películas de ciencia ficción y  cómics  de súper héroes; nos sentíamos lejos de situaciones tan características de sociedades premodernas: la generación de los aparatos ...

Salir

Mi madre acaba de terminar de armar el árbol de navidad -sin mi ayuda- y al preguntar cómo se veía no pude evitar decirle que me daba igual. No me gusta asumir la pose de del Grinch cinematográfico, tampoco de la furibunda anti imperialista ni de la pachamamerta que pone árboles secos y no pinos, pero detesto todo lo que esta época implica. Acabo de cerrar mi cuenta de facebook porque no soporté ver a antiguos compañeros de universidad otrora despeinados y con mochila, hablando o presumiendo en fotos de sus decoraciones navideñas, de lo emocionados que están sus hijos, de la caja de donuts con decoración en rojo, verde y blanco que se han comido o van a engullir para seguir engordando como pavos navideños a quienes algún día les llegará su diciembre. No pude tampoco con sus lamentos por los familiares perdidos este año por cuenta del omnipresente virus y no puedo ni podré más con sus opiniones, quejas, reflexiones (que yo también hice de manera recurrente y casi enfermiza). Hoy decidí ...