¡Lástima que se empieza a disfrutar y entender tan tarde! Con tanto que la sufrimos, la desperdiciamos, a la vez que la gozamos y le tememos...
Lo que se impone después de la tormenta y la tragedia, lo que renace -a veces no lo notamos y es ahí cuando nos atrapa la desesperación-, pero incluso cuando sentimos que ya no nos queda ni un mínimo de fuerza por tantas horas de sufrir o no haber dormido, un rayito de sol se cuela por entre las cortinas cerradas. O cuando lo hemos dado todo por perdido y se nos aparece una pepita de oro en el camino...
Y es que, si no cayera la lluvia después los días de sol, si no saliera el sol después de varios días de lluvia, si después de la catástrofe no brillara la esperanza, ¿cómo podríamos seguir?
Viene a mí un fragmento del texto que escribí hace varios años llamado Tributo:
Eso tan fuerte que sobrevive muchas horas al frío y a la intemperie o bajo toneladas de tierra...¡La Vida! que retumba con un grito cuando ya se han dejado caer los brazos y las palas
Que se niega a abandonar el cuerpo
Conservándolo caliente mucho tiempo después de haber exhalado su último suspiro.
Eso que se arrebata sin vergüenza a hombres y mujeres,
A los animales, a los ríos, a los árboles
Sigue resistiendo
Aunque miremos para otro lado.
La Vida, es solo eso. Y sin embargo, lo es todo.
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