jueves, 14 de agosto de 2014

De la red y otros demonios

¿Que son negativas, afectan el tiempo que pasamos con nuestras familias y amigos y distraen a la gente de sus labores haciendo que vivan una irrealidad que nada tiene que ver con sus problemas cotidianos? Es cierto.

¿Que nos permiten estar más informados aunque no mejor, que hacen posible ir más allá de nuestra propia realidad y de nuestro propio espacio y tiempo? También. Pero hoy se me antoja echar un madrazo a los que critican la constante actividad de otros en las redes sociales.

Si bien es cierto que hoy el mundo no es mejor que ayer y estos espacios rinden un tributo desmedido al ego, es preciso decir que, gracias a la world wide web o internet como la conocemos, los jóvenes (y los no tanto), están y estamos más al tanto de lo que pasa en el mundo que hace unas décadas atrás.

Antes, los periódicos y noticieros eran exclusivamente para gente mayor, tan mayor que ni siquiera pertenecía al ámbito laboral, como nuestros abuelos. Los adolescentes tenían miedo de ser tachados de aburridos si opinaban de política, huían de los que consideraban tediosos programas de historia que transmitían por radio o televisión y esto vino a cambiar con la aparición de la prima cool, la que nació siendo popular entre un sector de la población que tenía más tiempo libre para navegar en ella y terminó obligando a los adultos a conocerla para no sentirse apartados del mundo.

No sé si eso sea bueno o malo, pero las redes tienen mucho que ver con estos nuevos movimientos sociales que han empezado a dar pequeños frutos. Es cierto que algunos que hoy son abuelos protestaron en Estados Unidos y otras partes del mundo por la guerra de Vietnan y los derechos de las minorías étnicas en los años 60; pero hoy en día no son sólo un puñado de hippies: son muchos ocupando Wall Street, miles protestando por los recortes del gasto público en España, cientos marchando por los derechos de los campesinos en Colombia, otros tantos pidiendo la legalización de las drogas, el derecho al aborto, la abolición de la tauromaquia, el cese de la ocupación israelí en Palestina, etc. Si de algo podemos asirnos para concluir que no todo está perdido, es de estos focos de resistencia civil.

Por eso, la próxima vez que dudemos de compartir alguna foto en facebook a favor de alguna causa; que sintamos pereza de asistir a una convocatoria hecha a través de uno de estos sitios, pensemos que aunque parezca insignificante, este pequeño acto puede marcar la diferencia... Eso sí, sepamos escoger muy bien nuestras batallas.

Shhhh... ¡un poco de silencio!

No puedo entender tanto alboroto alrededor de un suicidio. Y menos cuando su ejecutor ha sido un personaje “famoso" a quien la mayoría de nosotros no tenía el placer de conocer. Podría considerar entendible el dolor cuando se trata de hechos trágicos que involucran a seres próximos y hasta justificado en el caso de niños y jóvenes, pero no así cuando son desconocidos que la “caja boba" o la pantalla grande nos han hecho sentir cercanos.

Tal vez escandalizarnos por la muerte “temprana" de un actor de 63 años que sufría depresión, problemas de alcoholismo y adicción a las drogas sea el resultado de nuestra educación religiosa, por la cual nuestro cuerpo es un templo que no debemos profanar y menos arrebatarle la vida -de la cual no somos dueños pues lo es el Señor, quien tan generosamente nos la regaló-. Posiblemente lo que nos duele sea ver derrumbarse a nuestros ídolos, esos que representan el ideal de fama y fortuna con el que alucinamos, con sus mansiones y convertibles y sirvientes incluidos.

¿Todavía nos sorprende y aterra el castigo divino, la ida directa por esa vía al infierno, o más bien que alguien decida apresurar un fin inevitable sólo que sin el elemento sorpresa que nos suele deparar el destino cruel, en el que sucumbimos luego de una penosa enfermedad, una larga vejez o una bala marcada con nuestro nombre? ¿Al fin al cabo la muerte no es el destino de todo lo vivo?

A mí personalmente, me duele más el suicidio de una madre que luego de asesinar a sus pequeños acaba con su humanidad, o el de un hombre que enceguecido por los celos arrastra consigo al amor de su vida y hasta al tercero en disputa hacia una dantesca muerte; y me afecta mucho más cuando se trata de niños o adolescentes que toman esa fatal determinación. Mi pesar surge de la oportunidad que no tuvieron de vivir; que no hayan tenido la posibilidad de decidir por sí mismos lo que eran o querían ser. Todos los demás suicidas son unos afortunados. Mucho más aquellos que le regalaron algo de su talento a la humanidad y contribuyeron a hacerla más grande. 

Puede que sea sólo una romántica a la que impactó saber que Paul Lafargue y su esposa, la hija de Karl Marx, se suicidaron antes de que su cuerpo comenzara a traicionarlos. Y porque considero valientes a los que acaban con una vida que ya ha dejado de serlo mientras el resto sólo nos resignamos. Lo cierto es que, en esas condiciones: ¡Bienvenida sea la muerte, cuando es gracias a ella que nos hacemos inmortales!

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...