miércoles, 27 de agosto de 2025

Preguntas

 Últimamente me cuestiono si, en lo que a relaciones se refiere, debemos renunciar siempre a algo para obtener ya sea amor, amistad o compañía; porque si lo pensamos bien hay espacios (incluidos los físicos, como el lugar en la cama, en el baño o en el armario) que cedemos para que el otro o la otra entren en nuestra vida; también una gran parte de nuestro tiempo de ocio o actividades solos o con otras personas, que entregamos porque creemos que vale la pena sacrificarlo todo por el afecto... ¿La vale, realmente? Muchos responderán que totalmente.

¿Qué es lo más sensato? ¿Ir tras un ideal imposible aunque se nos vaya la vida buscándolo, o amar "imperfectamente" a alguien que se parece poco a lo que soñamos -porque no cumple con todos los ítems de nuestra check list- pero está ahí, plenamente dispuesto? ¿Qué tan realista es quererlo ‘todo' en una relación: compromiso emocional, cuidado, demostraciones de afecto, buen sexo? ¿Y qué tan justo es con nosotros conformarnos con solo algunas de esas cosas?

Suele pasar que cuando exigimos o ponemos condiciones nos sentimos culpables de forzar las cosas, porque desde el principio sabíamos que la otra persona iba solo tras el intercambio de fluidos corporales (sexo, obviamente) ¿Deberíamos sentirnos responsables de pasar por alto la bandera roja de que haya aceptado nuestras demandas únicamente para acceder a nuestros cuerpos? ¿Lo justificamos con el argumento de que el amor vendrá después, porque este "se construye con el tiempo"?

Y si existe la pasión, los fuegos artificiales, la piel erizada, pero está salpicada de love bombing, refuerzo intermitente y apego desorganizado (para hablar con términos actuales); o, por el contrario, estamos en una relación en la que no hay descargas de adrenalina pero nos hace sentir seguras, nos da tranquilidad y no una montaña rusa de celos o dependencia, ¿con cuál quedarnos? ¿Qué, además de lo ya estudiado por la psicología, nos hace decidirnos por una y no por otra?



miércoles, 20 de agosto de 2025

Rapunzel

 Cuesta creer que estuve viva y fui libre

desde esta celda recuerdo andar por calles y oler flores

ensuciar mis zapatos con mierda de perro

manchar mis shorts con chicles que se pegaban en los bancos del parque

y con sangre mensual

vomitar el vino dulce en muchos andenes y en el campus adorado

toquetearme bajo faroles con hombrecillos excitados 

y pelearme con señoras que paseaban perritos casi ahorcados por sus correas

mostrar los senos desnudos a algunos transeúntes

besar hasta que se me hincharon los labios

recoger las palomas muertas que dejaba mi gata

y extraños paquetes de mujeres celosas en la entrada de mi casa


Pero antes de vivir deseé mi muerte

y la suya 

tanto, que las horas que faltaban para ese momento parecían no pasar

¡Cómo la odiaba!

En las noches se me iba el aliento en espasmos de llanto rabioso

el odio volcánico se fue convirtiendo en el pitido sordo de la espera

pasados los años y encerrada en este castillo 

por una suerte de encantamiento terminé por amarla

primero con timidez, luego con pavor 

con una especie de ahogada necesidad 

como cuando era pequeña y el olor de su pijama me hacía conciliar el sueño

empecé a levantarme por las noches para comprobar que respiraba

me acercaba de lejos para sentir su olor

la dureza se fue volviendo una ternura muda 

que nunca más reculó:

empecé a rogar que fuera inmortal.


                                    Ya no saldré de esta torre

                                    hasta que cumpla mi condena 

                                    -una sin término-

                                    que tal vez sirva para lavar mis culpas

                                    o solo acalle la conciencia.



viernes, 15 de agosto de 2025

Un desecho

 Un poema que en la cabeza se aproxima a lo sublime

en la tinta no es más que basura descartable:

hoy he pensado en mi muerte y he llorado 

-el grito de mi madre junto a mi cuerpo sin respuesta

sin poder moverme con sus pocas fuerzas

siguiendo absorta los pasos apurados del personal

"señora, firme aquí" como si eso fuera todo 

(y es todo)

ha logrado conmoverme-


Pensé que debería morir satisfecha

con el hambre y el deseo colmados

sin añorar esos tiempos 

en que amaba y reía 

aunque, ¿cuándo fue, musa, ese momento?

¿Si morí tan pequeña y todo lo viví a través del velo del llanto?

¿Si el placer nunca lo fue del todo

Y todo dolió?

Nunca estuve aquí 

lo que otros veían era un holograma

solo una actriz de segunda en este mediocre melodrama.

martes, 12 de agosto de 2025

Envejeciendo

 Hacerse mayor, como morir, es una de las muchas cosas que uno cree que solo le pasan a los demás. 

Nos convencemos de que siempre vamos a ser los mismos -como si las huellas que se fijan en nuestros cuerpos fuesen voluntarias y por un acto consciente pudiéramos impedir que aparecieran-; por eso solemos decir, cuando encontramos a alguien contemporáneo o mayor que se ve como se tiene que ver para su edad: ¡Cómo está de viejo fulano! O ¡Cómo está de acabada sutana!

No se nos ocurre en absoluto que otros puedan decir lo mismo de nosotros, estamos tan seguros de haberle ganado la partida al tiempo con nuestra actitud jovial, nuestro rechazo a sentirnos anacrónicos amando lo que amábamos en los "años mozos" (como la música de nuestra época), descubriendo y viviendo cosas nuevas, mostrándonos actuales en tendencias y tecnología, tratando de seguirle el paso a la moda y los miles de contenidos disponibles en ese monstruo que es "la red"...

Y sí, lo hemos logrado: luchamos contra el tiempo y de cierta manera lo vencimos, aun cuando la realidad física (aunque por dentro nos sintamos los mismos) sea abrumadora: las canas se multiplican, las líneas de expresión se hacen más profundas, la piel se afloja y las articulaciones dejan de resistir estoicamente los golpes de la vida. Pero también, aunque no en todos los casos, con los años aparecen la madurez, la serenidad y la sabiduría, que no son poca cosa. 

¿Por qué nuestra sociedad desprecia tan valiosas cualidades e idealiza una juventud -afortunadamente efímera- en la que nos acompañaba la lozanía pero no la experiencia, en la que los errores parecían no tener fin, algunos de los cuales determinaron para siempre el rumbo de la existencia? ¿Por qué, si sabemos que cualquier vieja o viejo de una u otra manera es sabio solo por el hecho de haber vivido tanto, nos hacen temerle tanto a la verdad revelada de la senectud?

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...