martes, 23 de agosto de 2011

¿Usted qué sabe?

Hace unos días, un consumidor de heroína en rehabilitación expresaba su indignación por lo que para él significaba mi falta de autoridad en el tema diciendo "¿usted qué puede hablar de las drogas si no ha tenido problemas con ellas?". Le dí la razón, pues aunque he probado algunas ninguna logró engancharme al punto de llegar a la adicción. Es de esto último que sí puedo hablar, porque soy una adicta: soy afecto-dependiente.

Desde los catorce años no recuerdo haber pasado más de un par de meses sola, siempre he estado en una relación o saliendo de ella, he llorado y me ha costado trabajo dejarlas, he sufrido por muchos hombres y en eso he sido democrática, no he hecho distinción de raza o credo. Me he enamorado de pequeños delincuentes en ciernes que luego se convirtieron a la fe; de mujeriegos incansables que hoy están felizmente casados y se sienten realizados viendo crecer la familia y sus barrigas; de ricos herederos y pobres a los que tocó cargar bultos en las plazas de mercado; de revolucionarios antiimperialistas que hoy viven en los Estados Unidos; de ateos que ahora venden biblias casa por casa en un país lejano; de hedonistas que se jactaban de gastarse sus salarios en rumbas; de idealistas que querían salvar el mundo creando grupos de estudio marxistas y hoy son aburridos funcionarios públicos. 

Algunos han sido consumidores ocasionales de marihuana o perico y yo con ellos. Unos escuchaban a Ricardo Montaner, a otros les gustaba el rock "suave" de los 80's, a otros la salsa, el reggetón y hasta el metal (gracias a eso tengo buen oído). Les he entregado no sólo mi cuerpo, también mi mente y mi conciencia... He pasado del capitalismo salvaje al comunismo y de ahí al anarquismo; de vestirme como gomela a usar convers y jeans sin una gota de maquillaje; me he montado en camionetas de traquetos y en buses destartalados o en carros llenos de indígenas, gitanos, homosexuales, travestis o simplemente campesinos que pedían un aventón en una carretera desolada de cualquier empobrecido departamento...

Hice de todo para que no me dejaran, traté de ganarme su aprobación, quise ser la mujer más interesante, sexy y divertida de toda la comarca. No me importó cambiar de ideología o gustos, ponderar cualidades amatorias inexistentes o alabar penes de tamaños irrisorios: se trataba sólo de complacerlos. Todo para terminar pudriéndome sola en este infierno mientras ellos se alegran de haberme dejado atrás, porque aunque  para algunos sólo fui una caricatura, para otros fui la peor de sus pesadillas...

jueves, 18 de agosto de 2011

Otro día

Las horas pasan lentamente, no sé por qué se hacen cada vez más largas, dicen que es por la falta de ocupación y yo juro que trato de ocuparme: voy del computador a un libro, de una habitación a la cocina, hago café y fumo; el calor abrasa, el sudor resbala por mi piel pegajosa... Leo las noticias, pienso en las supuestas cosas buenas que están pasando en este asqueroso país y la voz de un duendecillo me recuerda que no podemos fiarnos de las supuestas buenas acciones, que todo es parte de un plan mucho más macabro que el anterior... Y yo no sé qué pensar, ¿Importan las intenciones cuando los actos pueden beneficiar a muchos? ¿Aunque sólo se hagan por egoísmo, propaganda o intereses, no habría que sentirse feliz de que por fin esté asomando la justicia? Igual tampoco creo en la filantropía pero gracias a unos cuantos ególatras se han logrado cosas buenas (y una cantidad de desastres también). Veo al tirano revolviéndose y no puedo dejar de alegrarme, fantaseo viendo su camisa roja de sangre pero ¿a quién engaño? no soy capaz de matar a una mosca, soy tan cobarde que dejaría de tomar leche si me dijeran que es mala; mucho menos agarrar una pistola o un frasco de pastillas y acabar con esta mierda llevándome a unos cuantos...

Salgo de la casa a un taller de no se qué, luego al supermercado donde no me interesa comprar nada. Siempre sola como en una especie de sino, tal vez sea una imposición; no soporto a nadie y nadie me soporta... No hablo con nadie y nadie me habla; por eso escribo, porque mi vida es sólo un monólogo interior de treinta y tantos años. Después de ir de un lado a otro veo que llega la noche y miro el reloj para comprobar que ya es hora de tirarme a la cama a combatir con el sueño...Tiene razón mi amigo Iván, para soportar esta ciudad hay que enamorarse o drogarse. Lástima que en estos momentos ninguna de las dos sea para mí una opción.

martes, 16 de agosto de 2011

Mi primer amor

  Tenía la piel blanca -sorprendentemente blanca en una familia de trigueños- y se sentía orgulloso de ella. Aunque no medía más de un metro con sesenta se destacaba entre sus hermanos por su inteligencia e ingenio y por su habilidad para conquistar a todos. Era, al menos para los varones, "el galán" de la familia. Cuentan que de niño era muy travieso y que al crecer esas travesuras dejaron de ser inocentes, pero él siempre encontraba la manera de salirse con la suya a pesar de que su padre era un hombre recio y estricto. Se salvó de muchas pelas a punta de gracia, aunque ya no le alcanzó cuando descubrieron que en vez de estudiar medicina en la capital andaba de juerga con la plata que le mandaban. 

Dicen que eso sí le dolió el viejo y que a partir de ahí la relación nunca volvió a ser la misma. Es que le gustaban mucho el trago, el juego y las mujeres... Tenía siempre varias novias, pero yo sabía que estaba de primera en su corazón y que sólo a mí me era fiel. Leía poemas haciéndome creer que habían sido inspirados por mí y no le importaba pasar horas desenredando mis crespos rebeldes. Le gustaba que me parara sobre sus rodillas o le diera palmadas en la barriga, a nadie más que a mí le permitía burlarse de su incipiente gordura o de la barba que me picaba cada vez que le daba un beso.

La última noche que estuvimos juntos fuimos a comer con mi mamá y mi hermano al mejor restaurante de la ciudad, "El Portón Oriental". Pedimos cócteles de mariscos porque nos gustaba jugar con los pequeños pulpos en las copas de vidrio azul marino. El trío tocó varias canciones incluida la preferida de mi mamá: Amémonos. La brisa refrescaba la noche guasimalera y todos estábamos felices, parecía el comienzo de una nueva etapa, llena de amor y tranquilidad.

Al otro día se embarcó en un viaje sin regreso. Lo volví a ver envuelto en su ataúd de metal y tuve que hacer un gran esfuerzo para reconocer en ese rostro el de mi padre amado. 

Tenía 9 años y algo en mi vida se había roto para siempre.

viernes, 12 de agosto de 2011

¿Alguien querrá leer esta mierda?

Hoy me levanté un poco menos triste de lo habitual, como cosa rara en este infierno de 35ºC a la sombra la mañana estaba fresca y yo, a mi pesar, estaba viva.

No quise preguntarme otra vez por qué estoy tan sola, por qué mi teléfono no suena a pesar de funcionar y por qué no logro materializar mis ganas de salir a lanzarle un escupitajo en la cara a alguien; claro, la decisión sería muy difícil, ¿a quién escoger? Hay tantas personas que despiertan ese deseo en mí, tanto imbécil por ahí que no soporto siquiera que respire a mi lado...

No sólo yo, otras personas lo saben: dentro de unos pocos años viviré en una casa hedionda rodeada de gatos y gritaré incoherencias mientras me desnudo y ofrezco mi cuerpo marchito a los transeúntes. Es mi destino porque odio el mundo, no a la tierra ni a las aguas ni a las plantas ni a los animales, sino al maldito ser humano por todo lo que ha hecho con este planeta. Esa criaturilla infeliz pareciera tener una pulsión irresistible a cagarse en todo...

jueves, 11 de agosto de 2011

“Yo pensé que sabía, pero no sabía nada"

La frase es del documental Farenheit 9/11 de Michael Moore que acabo de ver por segunda vez después de casi tres años. La pronuncia una madre que perdió a su hijo durante la invasión a Irak (que todavía no termina) y que en un principio se siente orgullosa de servir así a su país en una guerra que para ella está absolutamente justificada. Luego de su pérdida está parada afuera de la Casa Blanca, llena de rabia, de indignación, con ganas de gritar, de golpear, de desahogarse y alguien se le acerca para decirle que hay algunos que sólo fingen ser víctimas... Ella no aguanta más y reacciona, si alguien sabe de dolor es ella, no va a aceptar que le quiten eso, es lo único que le queda...

Aparte de comprobar que uno no es inmune al paso del tiempo y que muchas cosas han cambiado en mí en estos últimos dos años, el documental me permitió una vez más contemplar petrificada las dimensiones incalculables que alcanza la estupidez humana (representada soberbiamente en la figura de Georgie Bush) y que se vuelve letal cuando creemos que sabemos, cuando nuestra terquedad, nuestro orgullo y nuestros prejuicios (o nuestra comodidad) no nos dejan declararnos en estado permanente de duda o ignorancia, cuando sólo nos limitamos a ver un lado de las cosas, cuando nos contentamos con creer y aceptar porque es más fácil y además así nos lo enseñó nuestra tradición cristiana... 

Tengo que decir con tristeza que conozco mucha gente educada, culta, buenos ciudadanos, buenos padres, hijos y esposos que creen que E.E.U.U. es el mejor país del mundo porque todo lo hacen con clase y además hablan inglés; ellos no sienten ningún tipo de indignación ante los cuerpos y las ciudades destrozadas que los gringos dejan a su paso por todo el globo y simplemente porque esas personas hablan, se visten, piensan raro y además creen en otros dioses distintos al nuestro. 

Aunque... ¿Qué podemos esperar de ellos si nisiquiera sienten empatía por sus hermanos, que viven a unos pocos minutos o a unas pocas horas y que han sido víctimas de crímenes igual de atroces? ¿Acaso no hay muchos que piensan que esos también son farsantes que sólo quieren que el gobierno los mantenga para no tener que trabajar como la gente de bien? ¿Cuál reparación, cuál indemnización si eso no es más que fomentar la vagancia? ¿No están ellos, los pobres, los ignorantes, ahí precisamente para poner el pecho y que las balas, los batazos o las motosierras no lleguen hasta los barrios decentes? ¿Por qué, o es sólo por ignorancia, que siempre son ellos -los marginados- los primeros dispuestos a defender al sistema que los perjudica tanto?

martes, 9 de agosto de 2011

Arde Londres

Anoche Londres ardió en llamas: jóvenes y viejos; anarquistas, revolucionarios o simples vándalos saquearon los almacenes e incendiaron vehículos. Las noticias dicen que a través de sus blackberrys los involucrados dieron a conocer sus hazañas... 

Los indignados en España no se cansan de repetir sus maravillosas arengas a pesar de ser perseguidos y echados de las plazas públicas... 

El paisa maluco y atarván  que dirigía la selección Colombia golpeó a una mujer y tuvo que renunciar a tan alto cargo... 

Mis únicos amigos están metidos de cabeza en su primera experiencia audiovisual... Y el otro paisa, el ex dictador a quien le hubieran hecho un favor si le pegan un balazo en la cabeza para no tener que contemplar él mismo su caída, no deja de lanzar veneno a través de mensajes electrónicos... 

Todo a mi alrededor se mueve y yo sigo aquí, estancada, quieta, como la niña fea de la clase a quien no dejan entrar a ninguna ronda y espera a un lado su oportunidad... 

No he fracasado aún porque todavía no he emprendido ninguna lucha, sólo dejo que el tiempo corra y me enfrento cada día con un espejo que me muestra nuevas canas, arrugas donde no las había, huecos, piel caída y demás golpes a la vanidad. 

Uno nunca piensa en su propia vejez y tampoco tiene ningún sentido: por dentro nos sentimos los mismos, es el exterior el que nos la recuerda constantemente, la cara de asombro cuando nos encontramos con alguien a quien hace mucho no veíamos...

jueves, 4 de agosto de 2011

¿Y......?

Soy autoreferencial. Soy ególatra y egoísta. Sólo me importa mi infelicidad... Es que no me engaño, pienso que la única persona por la que puedo hacer algo soy yo misma: puedo seguirme volviendo mierda o decidir no sufrir más (o al menos no por lo mismo)... Pero la demás gente, no sólo está de paso en mi vida sino que les importa un coño si vivo o me  muero, si estoy en este momento bailando o pensando en tomarme todos los frascos de cosas tóxicas que hay dentro de mi casa; a nadie le importa la felicidad de nadie, nadie es tan desprendido ni generoso, ¡la filantropía no es más que egoísmo y ganas de decir: "¿si ve? yo sí hago algo, no como ustedes los insensibles!" Pero nadie va salvar a este puto mundo, así que no me pidan que salga de aquí porque no me da la malparida gana...

¿Por qué?

No recuerdo ahora si alguna vez me apasioné por algo, la mayor parte de mi vida la he pasado criticando a los que dan la vida por un ideal, un ídolo o un equipo de algo... Yo sólo doy vueltas alrededor de mis propios problemas -que son los mismos siempre-, porque aunque finja que algo me hace feliz siempre la sensación última es que al fin y al cabo nada tiene sentido, porque la muerte está ahí...

Tal vez fue el enfrentarla tan pronto y tan cerca, quedándome "colgada" con un complejo de Electra sin desarrollar, con una madre que "tuvo" que ser dura para que sus hijos no se descarrilaran; con tantos temores y complejos, que me dejaron "pegada", paralizada, incapaz de hacer, de planear, de desear; con una eterna desesperanza y apatía, buscando sólo el placer, evitando todo esfuerzo y todo dolor porque es tan duro sufrir... Y ya es tan duro este mundo como para buscar conscientemente la infelicidad...

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...