viernes, 6 de marzo de 2026

Petrotusa

 Empiezo a experimentar una especie de guayabo, aunque también a medida que se acerca el 7 de agosto siento más y más tranquilidad y es que, estos casi tres años y medio han sido de una ‘paridera' constante, un vivir ‘entre saltos de angustia y horror' (parafraseando a Silvio Rodríguez), tanto por los ataques de la oposición como los de los medios de comunicación, y en general, desde casi todos los flancos desde el primer día del mandato. Pero, sobre todo por los desatinos, los errores, las muchas metidas de pata y por supuesto, la gran cantidad de cosas que no se lograron. 

Se pecó de muchas maneras, pero diría que uno de los mayores descaches provino del exceso de confianza: de la idea, por ejemplo, del electo presidente y sus fieles, de que por ser un gobierno progresista iba a ser más fácil negociar con el Eln y otros grupos armados, algo que terminó convirtiéndose en un estruendoso -y costoso en aspectos políticos económicos y de vidas humanas- fracaso.

No voy a criticar el ya solucionado impasse con el gobierno gringo, teniendo en cuenta que, aunque muy millonario, el jefe de estado de allá es un atarván inculto que se limpia el trasero con la diplomacia y los derechos humanos; pero sí el no haber podido evitar el cáncer de la corrupción y el nombramiento en altos cargos de personas sin cumplir con los requisitos e incluyendo documentación falsa, cosa que constituye un delito, tal vez debido a un fenómeno que describía León Valencia como la falta de la burocracia requerida para manejar un país, algo que para la izquierda, acostumbrada a perder todas las elecciones era, hasta hace cuatro años, impensable.

Por supuesto que no contar con individuos preparados para ser funcionarios de alto nivel por no haber participado de los gobiernos anteriores, en muchos casos por sustracción de materia (algunos fueron asesinados, como en el caso de la UP), otros por ser estigmatizados o perseguidos o simplemente excluidos, no justifica las malas prácticas y quienes hayan incurrido en ellas deben ser sancionados.

A todo esto se suma la idea -bastante sobredimensionada por cierto- que tiene el presidente de su propio poder, lo cual lo hace exagerar sus logros y actuaciones; en ese sentido concuerdo con Ernesto Samper quien, cuando le preguntaron cómo le había parecido este gobierno respondió: “no tan malo como dice la oposición, ni tan bueno como dicen los petristas".

Lo que sí se debe reconocer es que más allá de lo bien o mal que lo haya hecho (hay números que demuestran que la economía, el empleo y otros rubros mejoraron con respecto a los anteriores, a pesar de lo que digan los medios masivos y la oposición), este gobierno le permitió errar a unos distintos a los de siempre, dejando claro el mensaje de que la democracia es que no solo detenten el poder unos pocos privilegiados, sino todos a los que el pueblo, en su sabiduría o insensatez, tenga a bien elegir.

Petrotusa

 Empiezo a experimentar una especie de guayabo, aunque también a medida que se acerca el 7 de agosto siento más y más tranquilidad y es que,...