jueves, 30 de marzo de 2023

¿Habemus dignidad?

 Debería ser una máxima innegociable: que una vida sin dignidad no merece la pena ser vivida. Pero, primero: ¿qué es la dignidad? "Cualidad de digno", dice la RAE. "Cualidad del que se hace valer como persona", apunta Google. Entonces,, ¿es algo que se nos otorga o es una característica que decidimos voluntariamente? "Cargo o empleo honorífico", "prebenda del Obispo u Arzobispo", insiste la RAE. En fin, algo que depende de un título (la dignidad del Rey, por ejemplo), de una jerarquía, de una posición. No es para todos, por tanto, no todos somos dignos (aunque podamos actuar con dignidad) ¿Alguien lo entiende?

"¿Se va a hacer la digna?" le decía en mis tiempos el novio a la novia cuando esta lo pillaba coqueteando a sus espaldas y lo castigaba "con el látigo de la indiferencia"; entonces, es algo así como deponer el placer por causa de un capricho u orgullo tonto. "Tan jodido y tan digno", decían o dicen las señoras de bien cuando un pobre se niega a arrastrarse por tres pesos o lo que sea. En mi país, ser digno parece ser un poco estúpido o no ser "vivo" (avión, como predica nuestro credo colombiano y especialmente paisa) un oportunista y aprovechado, perderse la ocasión que se sirve en bandeja, rechazar una ventaja. 

Pero, ¿qué diablos es, en la práctica, vivir con dignidad? Mejor dicho, ¿pueden ostentarla los pobres como los ricos, los negros como los blancos, las mujeres como los hombres o es una cualidad segregacionista, un privilegio?

Me he propuesto vivir con dignidad -aun sin saber lo que eso pueda significar-: trato de decir lo que pienso (no siempre como lo pienso porque ¡qué problemático sería!) y de quien lo pienso; hay innegociables, cosas con las que definitivamente no puedo; aun así he permitido maltratos de tantas fuentes, incluyendo el sistema mismo, la familia, los amigos, los cercanos. "Es que la mala educación pulula en los hogares" -me digo-; "tienen problemas psicológicos, traumas" -me explico-; "en realidad no quieren hacer daño, aunque lo hagan" -me conformo-; y así voy por la vida, pensando que el insulto, la vejación, el abuso, no son culpa de quienes los ejercen sino de algo mayor (el capitalismo, el mal que nos acecha, el viento que nos empuja, como decía ese soberbio cura interpretado por Phillip Seymour Hoffman en La duda).

Dicen que la dignidad es imposible cuando tienes hambre (o hijos con ella), por eso toleras que te escriban mensajes a las 9 de la noche o los fines de semana, por eso permites que te "llame al orden" alguien con menos educación pero tal vez con más suerte o habilidades "sociales" que tú; por eso aguantas, aguantas, aguantas, hasta que un día, léelo bien: simplemente mueres.

A veces no entiendo por qué deseamos tanto vivir una larga -y casi siempre indigna- vida, así sin más, sin quejarnos, sin oponernos, sin luchar por tener un poco más de dignidad. Y sin pensar en acabarla, pronto.



jueves, 2 de marzo de 2023

Mi vida con ellas

Antes de leer "Un cuarto propio" de Virginia Woolf, en una entrada anterior, escribía: "por alguna razón que otros sabrán explicar mejor, no siento una empatía especial por mi género; me caen bien o mal las personas, independientemente de que sean hombres o mujeres, no asumo que estas deban generarme aceptación sólo porque son como yo. (...) Tampoco siento que seamos más inteligentes, no creo que un mundo gobernado por nosotras sería mejor, ni que el hecho de poder dar vida nos haga superiores. No me parece que el hombre deba ser erradicado de la faz del planeta. De la misma manera, deploro que en muchos temas los hombres sean superiores porque nosotras no nos "preocupamos" por cultivarnos. Conozco mujeres brillantes, sí, con una vasta cultura, intelectuales, pero al menos en mi entorno, no son tantas como me gustaría".

Muchas cosas han cambiado: Woolf nos hizo saber que el hecho de que no existieran tantas mujeres científicas o artistas como hombres no era solo cuestión de voluntad, que tener poco conocimiento y formación no fue culpa de nosotras o de nuestra carencia de inquietudes o habilidades intelectuales; no fue nuestra decisión hablar solo de lo doméstico, ni del amor, ni tener tan poco interés en las cosas profundas, "excelsas" de la vida, como parecían tenerlo los varones: fue producto de unas condiciones de sometimiento inhumanas, porque durante siglos nos ubicaron en un nivel inferior al de las mismas bestias (en muchas culturas era mucho más importante poseer una vaca o un burro que una hija); se nos privó del uso de la palabra como expresión del pensamiento; se nos consideró inferiores intelectualmente y hasta algunas religiones como seres carentes de alma; se nos relegó del arte, de la escritura, de la política; se nos acusó de locas con tanta frecuencia que terminamos por creerlo, al igual que lo de insuficientes intelectual y físicamente. 

Aun arrastramos en nuestros cuerpos los ecos de esos estigmas: consideramos que porque nos falta o sobra un poco de grasa o vello o tenemos cierto tipo de cabello o de piel somos imperfectas y necesitamos acudir a productos y modificaciones que nos pueden llevar a la muerte. Somos inseguras porque el mundo se ha encargado de recordarnos cada día de nuestra existencia que tenemos que demostrar que somos iguales a los hombres aunque no lo seamos, porque ellos siguen teniendo los mayores privilegios.

Ahora somos profesionales y seguimos con la carga de la familia. Hay muchas más artistas, intelectuales, científicas, pero seguimos en desventaja: ganamos menos o se nos juzga con mayor severidad, poniendo especial atención a cualquier falla, al más mínimo asomo de emocionalidad para acudir a la sucia teoría de que estamos bajo los efectos de nuestro periodo o nos guía el resentimiento. 

No tienen que aprobar cada cosa que hacemos para defender el derecho, no solo a la igualdad, sino a nada más y nada menos que ¡a la vida! que se nos sigue arrebatando en virtud de nuestro sexo; pero pueden, al menos, tratar de entenderlo.

Nuestra existencia sigue siendo dura, pero seguimos en la lucha.

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...