Debería ser una máxima innegociable: que una vida sin dignidad no merece la pena ser vivida. Pero, primero: ¿qué es la dignidad? "Cualidad de digno", dice la RAE. "Cualidad del que se hace valer como persona", apunta Google. Entonces,, ¿es algo que se nos otorga o es una característica que decidimos voluntariamente? "Cargo o empleo honorífico", "prebenda del Obispo u Arzobispo", insiste la RAE. En fin, algo que depende de un título (la dignidad del Rey, por ejemplo), de una jerarquía, de una posición. No es para todos, por tanto, no todos somos dignos (aunque podamos actuar con dignidad) ¿Alguien lo entiende?
"¿Se va a hacer la digna?" le decía en mis tiempos el novio a la novia cuando esta lo pillaba coqueteando a sus espaldas y lo castigaba "con el látigo de la indiferencia"; entonces, es algo así como deponer el placer por causa de un capricho u orgullo tonto. "Tan jodido y tan digno", decían o dicen las señoras de bien cuando un pobre se niega a arrastrarse por tres pesos o lo que sea. En mi país, ser digno parece ser un poco estúpido o no ser "vivo" (avión, como predica nuestro credo colombiano y especialmente paisa) un oportunista y aprovechado, perderse la ocasión que se sirve en bandeja, rechazar una ventaja.
Pero, ¿qué diablos es, en la práctica, vivir con dignidad? Mejor dicho, ¿pueden ostentarla los pobres como los ricos, los negros como los blancos, las mujeres como los hombres o es una cualidad segregacionista, un privilegio?
Me he propuesto vivir con dignidad -aun sin saber lo que eso pueda significar-: trato de decir lo que pienso (no siempre como lo pienso porque ¡qué problemático sería!) y de quien lo pienso; hay innegociables, cosas con las que definitivamente no puedo; aun así he permitido maltratos de tantas fuentes, incluyendo el sistema mismo, la familia, los amigos, los cercanos. "Es que la mala educación pulula en los hogares" -me digo-; "tienen problemas psicológicos, traumas" -me explico-; "en realidad no quieren hacer daño, aunque lo hagan" -me conformo-; y así voy por la vida, pensando que el insulto, la vejación, el abuso, no son culpa de quienes los ejercen sino de algo mayor (el capitalismo, el mal que nos acecha, el viento que nos empuja, como decía ese soberbio cura interpretado por Phillip Seymour Hoffman en La duda).
Dicen que la dignidad es imposible cuando tienes hambre (o hijos con ella), por eso toleras que te escriban mensajes a las 9 de la noche o los fines de semana, por eso permites que te "llame al orden" alguien con menos educación pero tal vez con más suerte o habilidades "sociales" que tú; por eso aguantas, aguantas, aguantas, hasta que un día, léelo bien: simplemente mueres.
A veces no entiendo por qué deseamos tanto vivir una larga -y casi siempre indigna- vida, así sin más, sin quejarnos, sin oponernos, sin luchar por tener un poco más de dignidad. Y sin pensar en acabarla, pronto.