*Expresión francesa que significa «dejar hacer, dejar pasar» refiriéndose a una completa libertad en la economía: libre mercado, libre manufactura, bajos o nulos impuestos, libre mercado laboral y mínima intervención de los gobiernos.
Me gusta pensar, es una de las cosas que más me gusta hacer, aunque no lleve a nada, aunque poco bueno, interesante o ‘productivo' (en el sentido capitalista del término) salga de ese ejercicio...
Creo que muy a menudo los problemas en las relaciones no son por una cuestión de amor o su falta: son ‘conceptuales'. Esas pequeñas o grandes cosas en las que no se logra un entendimiento, como las ‘formas de ser' de cada uno, los valores, principios, posiciones, incluso fobias que terminan siendo insoportables y difícilmente llegan a ser procesadas o admitidas dentro de lo que compone un vínculo y por tanto impiden que se llegue a materializar el acuerdo entre esos dos o más que componen el lazo. La manía que se hace intolerable, esa reaparición de algo que pareció haberse dejado en claro mucho tiempo atrás; lo que pides porque para ti es irrenunciable, pero para el otro es absolutamente irrelevante; lo que definitivamente parece no llegar a entenderse del todo y se repite...
¿Qué hacer? Nos preguntamos. ¿Dejar pasar, ceder ad infinitum en temas que parecen ser irreductibles, esperar el cambio que no llega? ¿O matar la indignación, el autorrespeto, la dignidad y callarnos?
Pero no, callarnos no: lo hicimos tanto que ya no parece una opción. No por nada hemos llegado hasta aquí, después de tanta agua corrida debajo del puente.
¿Entonces? ¿Sería mejor quedarnos solos?