sábado, 21 de febrero de 2026

Afuera

 Me inspeccionó a través del parabrisas de un carro que no es mío, con sus ojos, no inyectados en sangre, sino surcados por vetas azules, moradas y rojas -tal vez debido al humo de los carros o al polvo que levantan sus ruedas sobre el asfalto-; me lanzó una mirada con rabia y como una cobarde la esquivé, intentando hacer una mueca de pesar que solo fue de vergüenza por estar del otro lado del vidrio, por no ser como él (aunque hubiera podido serlo), por no hacer más para que no haya millones en su situación, por regodearme en mi tonta comodidad, en mi mundillo de ‘intelectuales' que no tienen nada más que una colección de citas en la cabeza y se emborrachan cada 15 días cuando cobran el sueldo del contratito que algún político ‘benévolo' y ‘amante de las artes' les suelta.

Lo vi maldecir y sentí miedo, porque temí que rompiera el vidrio y las astillas de los cristales se clavaran en mis ojos, pero a la vez me compadecí y quise abrazarlo; me pregunté si su improperio tendría que ver con no tener para llevar un plato de arroz a su mesa, comprar la leche de algún bebé o la dosis de alguna droga que le permite sobrellevar la mierda de la vida y el asco de las caras aterradas e indiferentes de las buenas personas que, como yo hoy, se posan a diario sobre este infame semáforo.

Vi sus manos manchadas y callosas y recordé las de mi abuelo que, aunque curtidas por la grasa de los motores que se pasó toda la vida arreglando, todo lo curaban. Y una vez más, juré que nunca apoyaré a quienes creen que esa miserable distancia, ese abismo que separa a unos y a otros y a algunos nos deja en mitad de la nada, triunfen. 

Aunque siempre lo hagan.

jueves, 19 de febrero de 2026

Algunas verdades

 Nunca te amé

solo sentí lástima 

parecías tan poco

si te hacía un cumplido me reía por dentro

la mayor parte del tiempo fingía

tus ejecutorias amorosas me provocaban aburrimiento 

ganas de salir corriendo

pero me quedaba

pensando que nadie más lo haría 

esperando no sé qué


cuando decía que te extrañaba 

era mentira

porque me llamaste de tantas maneras

-con odio-

rechazaste mis caricias

me humillaste tantas veces

criticaste mi peso, mi pelo 

mi risa

las palabras que usaba

las canciones que oía

mi ropa, siempre inconveniente

mi forma de pensar y actuar


pero me dolía tu dolor

más que el mío

tus fingidas lágrimas se clavaban en mi pecho

creía en promesas que olvidabas en 20 segundos

en besos duros como el mármol

nunca me aceptaste

pero yo tampoco


Nunca te amé

o tal vez

fuiste el amor de mi vida

¿cómo saberlo,

si el día a día,

la tormenta a nuestro alrededor

nos hizo odiarnos?

Nuestro amor renacía cada noche

y moría al amanecer

cuando los gallos anunciaban

una nueva jornada

en el matadero.


martes, 10 de febrero de 2026

¿Por qué ‘La huérfana'?

 Hace ya casi 15 años, cuando buscaba un nombre para este proyecto de escritura, a alguien se le ocurrió dármelo en forma de comentario halagador: "usted se parece a la protagonista de la película La huérfana que no demuestra la edad que tiene".  Y así se quedó.

Apartando el hecho de que crecí sin padre como muchas y muchos otros y de que la violencia en mi país y la vida misma nos arrebataron tantas figuras paternas y nos sumieron en tantos duelos, el nombre de este blog también refleja una sensación, una forma de estar en el mundo que me acompañó durante mucho tiempo.

A muchos podría escandalizarles el término, como si el sentimiento de orfandad no fuera universal, algo muy cercano a sentirse solo al lado de otro o en medio de una multitud, y a estarlo verdaderamente a través de los sufrimientos, los retos, las decisiones importantes; a sentirse tantas veces perdido, desorientado con respecto la vida, pues, ¿no estamos todos viviendo esta experiencia por primera vez, sin posibilidad de ensayo ni de repetición? ¿No necesitamos el amor como las plantas al sol y creemos hallarlo en la compañía y por eso formamos parejas, amistades, ejercemos la maternidad y la paternidad, perseguimos el dinero, la realización, el éxito en cualquier campo solo para que nos quieran, nos admiren y sentirnos menos solos, para darle sentido a una existencia tan inexplicable e incierta? ¿No somos como islas desiertas que parecen clamar desesperadamente por ser habitadas? 

Soy huérfana y no solo de padre: en este gran océano que es el mundo floto sola, aunque de vez en cuando otros y otras se acerquen; algunos permanecen más tiempo, otros son fugaces pero fulgurantes, los hay también opacos y fríos, pero su calor y su frescor, la fuerza de gravedad que nos unió, la atracción entre mi materia y la de otros me ha alimentado y sostenido, aún en medio de la orfandad.

Lo paradójico es que mientras escribo esa sensación se disipa, así que lo soy un poco menos a gracias al espacio que lleva este nombre. 

Y a ustedes, quienes quiera que sean, que lo leen.

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...