martes, 4 de diciembre de 2012

¿Qué nos pasa?

Hay momentos en los que desearía haber sido golpeada por algo muy fuerte en la cabeza y estar en coma, en medio de una discusión familiar sobre si me quitan los tubos o no... Que perdonen mi poca sensibilidad pero hay días en los que deseo la muerte o pienso en ella como la única solución posible y no porque sufra de alguna enfermedad catastrófica. Sé que parece blasfemia pero es que cada vez más me cuesta soportar tanta estupidez.

Nunca pensé que me acercaría a los cuarenta siendo una persona amargada, creí que estaría feliz y realizada... Nunca imaginé que terminaría repudiando instituciones tan sagradas como la iglesia y la familia... Nunca intuí que un tema que de niña me pareció tan misterioso y cierto como  la existencia de dios terminaría siendo motivo de conflicto, de rechazo hacia todo lo que me fue inculcado cuando no tenía posibilidad de resistir...

Estoy segura de que algo funciona mal en mí y tal vez si cayera en manos de un psiquiatra no tan brillante me diagnosticaría algún trastorno mental serio, de otra manera no me explico por qué no logro tragarme el odio, por qué no simplemente me siento feliz a disfrutar la t.v., los conciertos y los viajes; por qué no me siento conforme con un trabajo esclavizante y monótono en el que sólo contribuyo a que alguien se haga más rico pero me permite endeudarme para comprar cosas y tener que seguir trabajando para pagarlas dos veces -y hasta más- como se estila y luego perderlas por no haberlas pagado... ¿Por qué simplemente no me tiño las canas que empiezan a salir, me plancho el pelo, compro ropa de marca y salgo a rumbear todos los fines de semana a los sitios in de la ciudad?

¿Por qué no adaptarme si eso me haría más feliz, me libraría de la taquicardia y el ardor en el estómago que me producen las noticias? ¿Por qué me torturo con ellas y deseo asesinar a  nuestros gobernantes y a las personas fanáticas religiosas e intolerantes? ¿Por qué termino pareciéndomeles y no logro aceptar la idea de que debo compartir el aire y el mundo con ellas? ¿Por qué desprecio a los artistas, a todo ser convencido de algo, a los engreídos, los indiferentes, a los neutrales? ¿Por qué me hartan tanto la profundidad como la inconsistencia y la banalidad? ¿Por qué me repugnan los padres amorosos, las parejas felices y los amigos del alma? ¿Por qué detesto a la gente en general, su patrioterismo, su hipocresía, su negación a encontrarse consigo y con los otros? ¿Por qué disfruto más los hijueputazos que las caritas felices? ¿Por qué no puedo con esta realidad que me tocó vivir y me refugio en genios muy sabios y muertos hace mucho tiempo, que me conmueven más que las fotos falsas del facebook y sus frases "poéticas" miles de veces compartidas por gente que ni se conoce entre sí ni desea hacerlo?

Aunque no soy digna de comparación como Frida Kahlo "espero alegre la salida y espero no volver jamás". Ojalá al momento de mi muerte no me retracte y, parafraseando al asesino de Los Intocables, termine “chillando como un cerdo" por mi vida o implorando perdón al Todopoderoso de quien tanto he renegado...

sábado, 27 de octubre de 2012

Mi camino de Santiago

Mi amigo Juan -quien vivió en España- alguna vez mencionó que, debido a todas mis cuestiones sin resolver,  yo era buena candidata para hacer el Camino de Santiago: un recorrido que gente de todas partes del mundo hace, en algunos casos como una especie de penitencia para liberarse de alguna pena y cuya idea es que cuando se llega al final, al cabo de varios meses, el dolor habrá desaparecido. Muchos lo hacen sólo por curiosidad, otros para encontrarse a sí mismos, lo cierto es que es imprescindible no llevar mucho dinero ni provisiones y en lo posible sobrevivir de lo que la naturaleza o la gente de los alrededores pueda proporcionar. 

Lo recordé cuando sin saber de qué se trataba entré a ver la película "El camino", que es la historia de un padre gringo (Martin Sheen), quien se ve empujado a terminar el recorrido que desde Francia su hijo (Emilio Estévez, quien lo es también en la vida real) ha iniciado hasta Santiago de Compostela y ha sido interrumpido por un accidente en el que muere y del cual nadie -ni siquiera la policía- tiene muchos detalles.

Lo interesante es que es una película apta para creyentes y agnósticos porque a los primeros los hace ratificarse en su fe y a los segundos no nos inunda con prédicas, aunque las referencias, los sitios y las imágenes religiosas estén por doquier.

Tal vez la historia sea un poco simple y hasta predecible, puede que algunas actuaciones sean regulares y uno se pregunte si todos en el mundo hablan inglés, lo cierto es que la travesía de este hombre parco rodeado de personajes variopintos y sin un motivo verdaderamente válido para recorrerla, nos hace pensar sobre nuestros propios duelos, cuánto tiempo duramos en superarlos y cuánto nos cuesta dejar ir a esas personas que han dejado huella en nuestras vidas y cuyos recuerdos, la mayoría de las veces, nos hacen tanto daño.

Uno siente al salir que ha empezado a recorrer ese camino y -al menos yo-, que es necesario comenzar a librarse de una gran carga de episodios no elaborados, traumas y resentimientos que nos han hecho tan difícil seguir... Porque todo lo vivido ha sido necesario para llegar hasta aquí, a este momento de calma después de la tormenta. Porque aunque no sé lo que me espera más adelante ni cual será el final de todo, mi ser se siente en paz y ya nada me altera lo suficiente porque no me interesa pelear más allá de las luchas necesarias.

Yo, que siempre he sido escéptica; yo, que odio a la especie humana; yo que pensé que nunca podría ser feliz, ahora me levanto sin angustia ante lo que pueda venir, porque sé que ahora estoy mejor preparada para lo que me queda por recorrer de éste, mi camino...

sábado, 29 de septiembre de 2012

Esta vida es una mierda

Odio decirlo pero soy feliz... Soy feliz porque estoy sufriendo, porque he sufrido, soy feliz porque alguien sufre por mí y porque a pesar de estar sola, enterrada en mi cueva, a veces, cuando asomo la cabeza, el mundo parece volver a girar.

Quisiera decir que no me importa que los que se fueron se hayan ido, quisiera decir que lo he superado todo y que estoy al otro lado, pero sería una gran mentira; ahora es cuando mi vida empieza, como cada día, con lo que gané y perdí, con lo que ganaré y perderé, con lo que con tristeza dejaré atrás. Por ahora hay un vacío que llenar y creo que lo llenaré de mí. 

lunes, 13 de agosto de 2012

Nuestra querida capital

Llamada pretenciosamente "La Atenas Suramericana" y coloquialmente -especialmente por sus propios nativos- "La tenaz suramericana", se jacta de ser la cuna de la cultura y el entretenimiento: llena de intelectuales, artistas, celebridades y centros comerciales, la ciudad que tanto amamos alguna vez y su gente son una completa farsa.

Creímos que por su dicción "correcta" (nos vendieron que incluso los ñeros pronunciaban muy bien el español) los rolos eran gente educada y amable; luchamos contra su fama de hipócritas alabando su "diplomacia"; celebramos su humor negro -parecido al británico- y la elegancia al vestir, con sus gabanes y bufandas, porque eso sí era tener estilo, pero...

Ese arquetipo se desmoronó en pocos días cuando, décadas atrás y deseosa de vivir la experiencia universitaria me topé con una gente grosera y mala leche, reforzada en su rudeza; que funge de educada y diplomática pero está llena de falsedad, creyendo vivir en el ombligo del mundo y alejada de un país que se desangra por todos sus flancos.

Que me perdonen mis "amigos" bogotanos, los y las que tantas veces no me contestaron el teléfono y luego fingieron estar emocionadísimos de oírme; esos que nunca concretaron una cita porque estaban muy ocupados en sus trabajos asfixiantes que les permiten ir los fines de semana a comer en Crepes and Wafles y de vez en cuando a rumbear a Andrés Carne de Res. Que me perdonen por decirles que ellos no saben nada del país y de su gente, porque su xenofobia dirigida al que despectivamente llaman provinciano y no hacia los sucios alemanes y franceses que recorren La Candelaria me asquea tanto como a ellos vernos usar zapatos sin medias.

Como la religión y el psicoanálisis, este es otro de los mitos sobre el que recapitulo: ya no es la ciudad de mis fantasías, sólo es una sucia y contaminada urbe poblada de gente tapada hasta las orejas que ni siquiera es capaz de mostrar su verdadera cara. 

lunes, 16 de julio de 2012

Producto de su tiempo


Cada vez con más frecuencia y ante eventos como el acontecido en una universidad de mi ciudad donde una elección (o reelección) de rector fue determinada por el ofrecimiento de arreglo de notas y entrega de becas, las personas "conscientes" nos llenamos de indignación, nos rasgamos las vestiduras y arremetemos contra la juventud de este tiempo en este país delirante: que si son cómodos, irreverentes, irrespetuosos, ignorantes de lo más básico... Y por supuesto que tenemos razón, son todo eso y mucho más.

Pero seamos claros, no son más que lo que la sociedad quiere que sean: seres poco profundos, consumidores insaciables, hedonistas, corruptos; seres sin moral, sin dignidad, sin un asomo de vergüenza ni pudor; facilistas, sin noción de sacrificio, incapaces de considerar a alguien más que a sí mismos, indiferentes hacia todo lo que implique un esfuerzo o molestia para su acomodada vida...

Este fenómeno se viene gestando hace unos cuantos años -más de veinte-, porque esta "juventud" actual abarca un rango que va de los 5 a los 40 y pico de años o más, (ya sabemos que en esta época los treinta son los nuevos veinte, los cuarenta los nuevos treinta y el relato sigue); ahí entramos tanto los que vimos ET en estreno como los que crecieron conociendo el celular; las cuchi barbies de cincuenta que gracias a las cirugía y al botox se ven como momias de 35; los "muchachos" de cuarenta que esconden su calvicie con gomina y su barriguita cervecera detrás de camisetas de superhéroes; todos somos jóvenes y ¿para qué madurar si esta vida hay que gozarla?

Lo único que hoy en día importa es el placer, tal vez por eso una de las palabras más usadas es entretenimiento (entertainment, en inglés); hay que huirle a las responsabilidades y al dolor, las relaciones deben ser superficiales, desechables, basadas en el goce que pueda proporcionar el otro o lo otro, los objetos; la rumba, el cine, el fútbol y las drogas contribuyen a la evasión de la realidad y de los verdaderos problemas; hay que ser rico y exitoso al estilo de los yuppies gringos; todos soñamos con un carro de agencia, un loft (o apartamento de un solo ambiente como quieran llamarle) y un ipad de última generación...

Culpemos a Ronald Reagan y a Charlie Sheen; a César Gaviria con au apertura económica y a todas las iglesias que con su doble discurso contribuyeron a forjar una moral ídem; a una educación que fracasó, a una televisión que se prostituyó y a unos padres perdidos y asustados por los dictados de la psicología. TODOS ellos -y nosotros-, somos culpables de lo que pasó con este país al que, digámoslo de una vez y con palabras de un asesinado héroe nacional, hace rato se lo llevó el putas y ni siquiera puede contar con un Supermán que lo salve.

martes, 3 de julio de 2012

Mi vida


No entender nada. Aburrirse con la gente. ¿Por qué soy distinta? Odio a todos. 
Una noticia a medias. El vestido adecuado. Ir al aeropuerto. Un día inolvidable.
¿Volveré a verlo? Está en mis sueños. ¿Le dolió dejarme? Algo se rompió. 
Batallas campales. Miedo y culpa. No espero nada. Pura malcriadez
Y el amor, ¿será esto? Una única alegría. Pasar de agache. Florecer. 
¿Por qué lo hice? Quiero morirme. ¿Me equivoco siempre? Alcohol. 
¿Podré amar? De nuevo sola. No importa el tiempo. No existes Dios.

He triunfado. Tú estás muerto.

sábado, 26 de mayo de 2012

Más huérfana que nunca

Una inocente niña tuvo la desgracia de mirar a la cara a Medusa y desde entonces se convirtió en una estatua de piedra. Quedó petrificada, los inviernos pasaron y no pudo disfrutarlos, tampoco las celebraciones, los proyectos, las oportunidades... Todo pasó a su alrededor y ella sólo vio la vida seguir de lado como quien ve llover, siempre triste.

Nunca pudo deshacer el hechizo, nadie pudo rescatarla; congelada en ese sitio vio ajarse su piel y encanecer su cabellera; su vientre nunca dio fruto y no supo lo que era la felicidad.

Dio la espalda a la existencia y rechazó todo lo que Medusa representaba: odió a Dios y a su iglesia porque ella asistía religiosamente cada domingo; no quiso convertirse en madre por temor a repetir la historia; no pudo saber si lo poco que hizo fue una reacción a su autoritarismo o porque realmente lo deseaba; nunca se resignó a escuchar la frase lapidaria "usted verá, de todas maneras, es la única que se va a joder la vida", la única respuesta posible cuando demandaba consejo.

Cometió el error de esperar su aprobación o al menos, algo de apoyo; nunca logró que la entendiera o siquiera le interesara saber quién era. A pesar de que nunca supo verdaderamente lo que pensaba siempre pudo sentir su rechazo y su odio, tal vez nunca le perdonó que él la hubiera amado tanto en el poco tiempo que compartieron juntos.

Y es posible que, en el fondo, la hija la culpara de la muerte del padre y por haberlo olvidado tan pronto, por permitir que otros la tocaran cuando su cadáver aún no había sido digerido por los gusanos.

Hubo cosas buenas -pocas-, como el olor de su pijama debajo de la almohada que la consolaba cuando ella salía en la noche a menos de un año de la muerte de él; esas noches en que lloraba de rabia al ver cómo pisoteaba su memoria...

Ahora cada año y por cuenta de las apariencias tendrá que apretar los dientes y darle un regalo, deseando en el fondo que las cosas cambien o la maldición se rompa antes de que una de las dos muera.  

Si así fuera, tal vez al pie de la tumba las lágrimas no serían solo de culpa.


lunes, 7 de mayo de 2012

Ya no

Ya eres parte de mi pasado. Ya no miro las fotos con nostalgia de los momentos vividos. Ya esa, la que sonríe contigo en esas fotos no soy yo, he perdido la inocencia, he dejado de creer que el amor era posible. Eres parte de mi vida, de los errores cometidos -no digo que seas un error-, sólo eres alguien a quien conocí y con quien solía pasar mi tiempo. Formas parte de un último intento por atrapar mi adolescencia, por eso estaba contigo, tan adolescente. Eres sólo ese niñito asustado y dirigido por su madre, eres ese niño con el que ya no quiero estar, al que extrañamente ya no extraño, al que sólo me unían la nostalgia y la lástima... Ya no, querido amigo, ya no.


Enloquecí

Mientras mi familia y unos cuantos ex se preocupan sinceramente por mi salud mental -y sexual- dada la inevitabilidad de mi soltería; mientras mis compañeras de generación me miran con horror y no conciben una vida desprovista de las alegrías de la maternidad, a la cual he renunciado; mientras todos parecen avanzar a una vida cada vez más madura, responsable y complicada yo me convierto en una ermitaña que habla de cosas raras (como que cada vez necesito menos cosas y personas alrededor para estar bien).

Pensarán que estoy delirando, pero creo que la mayoría de actividades que hemos inventado para sobrellevar la existencia son absolutamente solitarias y por lo tanto no requieren de la presencia de otro. Un ejemplo es el cine: ¿necesito de un acompañante que me diga cuándo debo reír o que narre la película teniendo como tengo ojos y oídos? Y si comer es un acto individual (como defecar) ¿por qué debo pasar por la discusión sobre a qué lugar ir o cuánto le toca pagar a cada uno de la cuenta? Y en el caso del sexo ¿para disfrutarlo preciso de un amante que nunca conocerá mi cuerpo lo suficiente como para darme el placer que me dan mis manos y lo mejor de todo CUANDO YO LO DESEO? 

Sé que lo parece, pero no es una postura ni una fase, en cuanto a relaciones las tuve de todo tipo y en todas parezco haber fracasado: hasta el momento no he podido descifrar el misterio de la convivencia como para amar a alguien incondicionalmente y tolerar sus fallas; siempre fui tildada de egoísta y egocéntrica cuando exigí algo para mí, así que algunas veces opté por la complacencia y la sumisión. Ninguna de mis estrategias funcionó.

Decidí entonces crear mi propio mundo de fantasía en el que estoy rodeada de gente amable y generosa. Con todos comparto y les doy mi amor sin temor a que abusen de él o me rechacen. En mi mundo la gente ama a los animales con pasión y disfruta de su presencia plácida e inocente. Allí no se critica y nadie se burla de los defectos o las debilidades del otro porque todos somos aceptados: ignorantes, tacaños, desarreglados y torpes; aburridos y monotemáticos; perezosos y engreídos. En fin, es un mundo ideal.

Me he retirado de la vida social porque mi experiencia en el mundo real no me dejó muchas ganas de seguir interactuando, así que nadie se atreva a decir que no lo intenté. Tal vez mi peor error fue siempre esperar demasiado de la gente. Quizás deba recordar que sólo se trata de seres humanos y que yo misma no soy más que uno de ellos.

jueves, 22 de marzo de 2012

Acerca de la guerra y la muerte

"La guerra, en la que no queríamos creer, estalló y trajo consigo una gran decepción" frase de Sigmund Freud a propósito de lo que consideraba la pérdida total de los límites de la ética y la moral por parte de ambos bandos durante la Primera Guerra Mundial, que nos muestra cuán ingenuos podemos llegar a ser los seres humanos cuando reclamamos el uso de la fuerza para resolver las diferencias entre propios o extraños ignorando que esta nunca será una buena opción.

Me pregunto si alguna guerra ha respetado las normas de la moral y las buenas costumbres: si así fuera no estaríamos hablando de guerra sino de otra cosa; ninguna ha tenido contemplaciones con el enemigo y siempre ha recurrido a métodos infames -el mismo Freud lo refiere- como envenenar las aguas o cerrar las entradas de alimentos a los pueblos sitiados... En tiempos máas cercanos hablamos del asesinato de civiles inocentes, del uso de sustancias que dejan secuelas a largo plazo como ocurrió en Hiroshima durante la segunda guerra, o en Palestina con el uso del fósforo blanco. 

Freud era pesimista y así lo muestra en un debate epistolar con Albert Einstein, quien sí cree en una posible pacificación del mundo. Para el padre del psicoanálisis la agresividad es parte del individuo, una pulsión -la de muerte- que tiende al retorno al estado primigenio, esa nada de donde venimos; pero es también una respuesta a la socialización o lo que él denomina la sofocación de los instintos, la instauración de límites a nuestros deseos (especialmente los sexuales); la paradoja es que, aunque parece criticar a la sociedad y sus normas, no deja de reconocer que estas últimas son necesarias para la convivencia entre personas. Al parecer no se puede dejar de inhibir, por lo tanto siempre habrá una respuesta agresiva, más de algunos individuos que de otros, pues no todos respondemos por igual a la prohibición.

La guerra está por todas partes y no culpo a Freud por su desilusión, es que ¿cómo podemos vivir en un mundo así? ¿Cómo podemos tener esperanza ante los depredadores que amenazan con tragarnos constantemente?  No sólo son las balas y las bombas, todo alrededor nos dice que no somos suficientes, que no lo lograremos... Para vivir tenemos que hacernos los ciegos, los tontos, de otra manera nos suicidaríamos. Uno puede entender que muchos se recluyan en sus casas y se escondan detrás de un alias permaneciendo en un mundo virtual del que no quieren salir, haciéndolo a veces sólo para causar daño como respuesta, como venganza, como sucede con esos jóvenes y traumados tiradores en Estados Unidos.  

El mundo nos ha decepcionado y tal vez nosotros también decepcionamos al mundo. No hablo de la tierra, porque ella no ha dejado de ser lo que es, algo profundamente excelso hasta las lágrimas: sino del estúpido mundo que los homo sapiens hemos creado dentro de ella.

Harta

De pensar, de pelear, de sentir culpa... De darme por vencida, de no hacer lo suficiente, de tener esperanza...

De no creerme capaz, de llorar, de estar intranquila... De esperar, de oír mis defectos, de que sean verdad...

De estar viva, de pensar en la muerte, de temerle...  De no encontrar una salida, de creer en finales felices, de esperar a que sucedan...

Tal vez, en realidad -como diría Charly- no estoy tan harta. Tal vez sea esta ciudad...

miércoles, 29 de febrero de 2012

Liberada

Paranoica como siempre, creía ver en sus caras saturadas de polvo compacto una mezcla de lástima y satisfacción cuando me mostraban el álbum de matrimonio; también yo era un poco culpable por ser tan condescendiente y poner mi mejor gesto de ensoñación cuando veía las fotos junto al espejo de la sala cortando la torta y en el momento de darse el emocionado beso que sellaría la indestructible unión... En el fondo siempre pensaba ¿esto es lo que quiero para mí? Pero no dejaba traslucir la duda: tenían que creer que las envidiaba, eso sí, con pura envidia de la buena...

La charla sobre bebés sí que no la podía aguantar, tenía que huir antes de que me mostraran uno a uno los años de dicha transcurridos desde el momento en que Dios las bendijo siendo mamás; yo que he sido niñera de primos, cuñaditos y hasta hijastras, sabía lo horrible que puede resultar tratar de satisfacer las necesidades de una criatura más irracional de lo normal... y ahí sí que no podía disimular.

Un día decidí dejar de mentir y empecé por no asistir a las reuniones de exalumnas; al principio me molestaba en inventar excusas, después no volví a hacerlo y sé que a ellas tampoco les importó.

Casi sin darme cuenta empecé a disfrutarlo: mi tiempo, mi cuerpo y mis sentimientos eran míos, nadie debía estar ahí para satisfacerlos; a nadie debía complacer más que a mí misma y esto en todos los campos. De ahora en adelante no haría más concesiones.

Aunque he experimentado el amor y no niego que ciertas cosas se disfrutan mejor en compañía ¿Por qué albergar un pavor irracional a quedarme sola? ¿Por qué sentirme mal por no tener lo que tienen otras cuando yo tengo algo de lo que ellas carecen? ¿Cómo es que no me di cuenta de que lo que llamaba soledad era simplemente libertad? ¿Cómo fui tan ingenua para lamentar la ausencia de yugos, deberes y compromisos? ¿Cómo alguien puede quejarse por tener la posibilidad de ir adonde quiera, con quien quiera y cuando quiera; de comer lo que se le antoja, decir lo que piensa y dormir cuanto le apetece? ¿Qué clase de persona autocompasiva y patética habían hecho de mi?

¿Será posible que por fin haya despertado?

lunes, 20 de febrero de 2012

Ellas y yo

Dedicada a Joanna Robayo, Diana Rivera, Milena Porras, Diana Barragán, Mónica Duarte y muchas que no recuerdo en este momento...

A propósito de ese maravilloso personaje femenino de La chica con el tatuaje de dragón, alguien en su crítica escribía que ella se dedicaba a hacer lo que más le gustaba: cazar hombres que habían abusado de las mujeres. A pesar de que es cierto que este maravilloso personaje se venga, creo que es un papel que a pocas mujeres nos interesa desempeñar y menos mal, porque... ¿se imaginan cuántos capados andarían por ahí?

Hasta hace poco tiempo creía que odiaba a las mujeres, que simplemente era imposible tener buenas relaciones con ellas porque asumía que estarían marcadas por la envidia y los celos. Estaba tan equivocada... Creo que todas nos dejamos envenenar por la misoginia que abunda por los rincones como las ratas -esas mismas que insisten en proclamar lo brutas, lo ignorantes, lo fastidiosas que somos- y no nos dábamos cuenta de que maltratarnos es el único camino que tienen algunos pobres seres para desahogar su frustración.

Y es que, aunque la publicidad arremete cada segundo contra nuestra autoestima, a ellos los tiene al borde del suicidio colectivo: cada vez más las inseguridades se enquistan en sus pequeñas mentes a causa de sus incipientes -o severas- calvicies; el tamaño (que nunca ha dejado de ser motivo de desvelo) de sus caprichosos penes o su incapacidad para saber realmente lo que pensamos de ellos. Se enfrentan cada día más al fracaso de sus bastiones de siempre como el fútbol y los prostíbulos. Se saben cada vez menos necesarios, no sólo para las mujeres, sino para la sociedad en general y como no pueden llorar gritan, chillan, aúllan, matan...

Ante eso, emplean el maltrato como forma de conquista, de intimidación y de dominación. Mientras, nosotras ignoramos, perdonamos una y otra vez sus insultos, su forma de exigir las cosas cuales reyezuelos. Lo malo es que ellos terminan por creer que lo son y luego, un día cualquiera, cuando dejamos de sentir lástima por esos tristes personajes y los dejamos, se vuelven mierda, se desesperan por buscar a otra que les diga lo que necesitan oír o lo que sea, da igual con tal de perderse en sus maravillosas y cálidas formas.  

Nunca una mujer me mandó a callar tratándome de bruta; nunca una despreció la música que me gusta por considerarla inculta; ninguna me trató de tacaña porque no participé en una vaca para comprar alcohol. Nunca un hombre se quedó conmigo para preparar mi desayuno favorito el día de mi cumpleaños, nunca uno me ofreció su casa para llorar una pena de amor (sin sexo de por medio), eso lo hicieron mis amigas; nunca uno fue tan generoso y amoroso como lo han sido ellas conmigo.

No importa que sigan pensando que son los únicos que hacen, los únicos que leen, los únicos que saben; que sigan creyendo en su hombría basándose en su capacidad de eyacular como caballos después de moverse torpe y patéticamente durante unos cuantos segundos (a veces interminables) mientras nosotras pensamos en cómo nos masturbaremos después para salvar nuestro orgasmo; que continúen convencidos de su fuerza sólo porque son capaces de hacer sangrar rosadas vaginas, lindas bocas, tiernas mejillas o de amoratar hermosos ojos. Siempre, a pesar de lo que hagan y lo que digan, hay algo a lo que nunca podrán acceder, hay algo que nunca sabrán sobre nosotras y algo que nunca tendrán. Y sólo nosotras sabemos el secreto. 

Yo mientras tanto seguiré analizando la posibilidad de adherirme a la causa  del lesbianismo...

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...