miércoles, 8 de marzo de 2017

El mito de la libertad de expresión

Fue precisamente Dalton Trumbo, guionista norteamericano acusado de ser un espía del comunismo y obligado a escribir protegido por seudónimos, quien en una entrevista afirmó: "si me preguntaran qué escogería entre libertad de expresión y techo y comida, por supuesto que preferiría lo segundo".

Ha sido considerado un derecho fundamental el poder decir lo que pensamos sin que esto acarree consecuencias, pero ¿realmente se debe poder decir todo? Suponiendo que el parámetro sea que sí, siempre y cuando no afecte a los demás, ¿cómo trazar ese límite? ¿qué lesiona y qué no, la honra y el buen nombre de uno u otros?

Porque ¿qué tan malo puede ser expresar todas nuestras opiniones? De hecho podemos hacerlo: criticar al gobernante de turno (aunque en algunos regímenes pueden apresarte o matarte por ello); le puedes decir a alguien que es un hijo de puta y lo más probable es que no salgas bien librado; puedes decir de tu vecino, de tu jefe o de quien sea lo que quieras, pero ¡aténte a las consecuencias! parece ser el mensaje...

¿Qué tan viable es una sociedad sin cierto tipo de reglamentaciones, específicamente en este sentido? ¿qué, si lo que se dice es del otro es una calumnia, o es verdad, pero forma parte de su fuero íntimo? ¿Y si con ello no se está protegiendo la vida de uno o de muchos y sí vulnerándola? ¿Si con esas palabras se contribuye a generar pánico o violencia? ¿O lo que se dice es irresponsable y es sólo producto del ego,  el afán de figurar, el odio o deseo de venganza?

En Colombia hemos avanzado mucho en este sentido: pasamos de ser un país pacato a ser uno en el que se pagan un par de millones por entrar a una fiesta con la actriz porno más cotizada para poder tocarle la vagina y las tetas; cualquiera puede sacar al mercado un vídeo sexual para lograr fama o para dañarle a otro la reputación; hay abundantes programas de chismes en donde podemos enterarnos de la vida de nuestras estrellas del momento... Y así como cada vez se hacen cosas más desesperadas por reconocimiento y algunos pasan por varios tipos de prostitución para mantenerse en boca de otros, también se dice mucho, se opina sobre todo, se juzga, se reivindica pero también se vulnera, se aplasta, se lesiona.

A veces, lo más difícil termina siendo saber cuándo debemos parar.

Y callar.

lunes, 6 de marzo de 2017

Mi ama

La veo regresar todas las mañanas del país de los sueños
La sigo al levantarse y preparar su café, leer sola los periódicos
Contemplo su súplica silenciosa por una llamada que no llega
La observo mordisquear el queso y engullir el pan, añorante de otro mundo.

La miro enojarse y maldecir, llorar cada vez que algo lo recuerda
Acompaño sus recorridos por la casa, su rebotar por las paredes
La siento tan frágil sobre el piso de cerámica, revolviéndose en el colchón y suspirando en la ducha
Adivino sus ganas de morir, su rabia por estar viva y entonces me aproximo.

Quisiera decirle que ninguno la amará como lo hizo ella
Quisiera no ver sus lágrimas asomar, tan cerca de su risa
Quisiera que supiera que va a estar bien, porque ella sola ilumina este lado del mudo
Pero sólo puedo restregar mi cuerpo contra su pierna mientras la miro y pienso:
Algún día ya no habrá corazón qué romper, querida humana.

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...