viernes, 26 de noviembre de 2021

¿Dónde está la Humanidad?

En estos tiempos de tan variadas formas de comunicación la gente muere sola: ancianos, personas de mediana edad, adultos jóvenes, adolescentes son encontrados en sus casas; sus cuerpos (a veces con varios días de descomposición) dan cuenta de que esas palabras finales no fueron oídas, esa mirada postrera no se dirigió a nadie, esa mano no fue tomada por última vez por un otro; una vida más que se apagó sin testigos (como muchos enfermos de covid).

¿Dónde está la humanidad, ahora que las nuevas generaciones se levantan para defender la tierra, a los animales, a los habitantes originarios de las naciones, a las minorías raciales y sexuales? ¿Dónde la solidaridad, que todos sentimos que esas millones de vistas en nuestras fotos y publicaciones no se traducen en una llamada, en un mensaje para saber cómo estamos o si necesitamos un par de pastillas o una sopa para el alma o para la gripe?

En una sociedad hiperconectada el individualismo no es solo preocupante, es absolutamente doloroso; el individuo que trabaja, que compra, que consume, parece ser muy aceptado por su entorno próximo, parece haber alcanzado el éxito y sin embargo, tal vez está tan solo como el enfermo mental recluido en el hospital, como el preso en su celda, como el anciano a quien sus hijos y nietos ya no visitan. 

¿Cómo puede ser esto cierto si en las “redes" aparecemos rodeados de amigos y de felicidad, si tenemos tantos colegas y compañeros de ideales que comentan nuestros estados y celebran nuestras fotos? ¿Es esta una interacción genuina, efectiva para las necesidades del ser humano? ¿Se relacionaban mejor nuestros antepasados que tenían tan pocos amigos reales y casi ninguno alrededor del mundo, quienes solo contaban con las cartas y los telegramas que demoraban tanto en llegar a destino para decirles a sus lejanos cuánto los extrañaban?

¿Dónde está la humanidad si solo sabemos comprar y producir basura sin que nos importe que cada cosa que desechamos, así lo hagamos en el lugar correcto, tiene impacto para el planeta y todas las especies que lo habitan? ¿Pensamos acaso en que cada teléfono celular, par de zapatos o jeans que tiramos produce una alteración en los ecosistemas?

¿Dónde está la humanidad? Me pregunto frente al cuerpo agonizante de un pequeño animal al que algún conductor apurado por llegar a quién sabe dónde atropelló y dejó botado en la carretera. Su cuerpo aun caliente no quiere dejar escapar la vida.

Pero ya es tarde.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Un cuarto propio

 Hay miles de cosas que no se enseñan en los colegios, a pesar de la cantidad de contenidos, investigaciones y todo tipo de pedagogías que se venden como innovadoras y las verdaderas respuestas a todas las demandas de conocimiento de la sociedad actual. 

Uno de los textos que debería ser obligatorio es ese maravilloso ensayo Una habitación propia (A room of one's own) en el que Virginia Wolf hace un siglo proponía que para que las mujeres pudieran escribir novelas debían poseer un lugar (físico, mental) y dinero. Todo el género femenino debería leerlo y los hombres también, en lo posible.

¿Cuántos padres, a lo largo de la historia, pensaron en la necesidad de dejar a sus hijas una herencia, un legado educativo, una renta? Podrán decir que hasta hace pocas décadas ellas no podían siquiera disponer de su dinero y sus bienes, ni acceder a la educación superior ni participar en la política, entonces, ¿para qué perder la plata si iban a terminar dedicadas a la casa, los hijos y el marido? Y si tenían la "fortuna" de casarse con un hombre rico que poseyera recursos suficientes para pagar empleadas y niñeras, el papel de ellas se limitaba a la organización de cenas y fiestas familiares, eventos de caridad y todo tipo de actividades, incluso culturales, pero solo como entretenimiento, porque era casi imposible que fueran admitidas como profesionales respetables en cualquier área.

Fue debido a esto que los antepasados dejaron a muchas de sus descendientes femeninas a merced de los maltratos, humillaciones y la violencia del patriarcado -sin mala intención, tal vez solo con una profunda ignorancia-, porque la sociedad así lo determinaba.

Wolf narra que tuvo la fortuna -real o imaginaria- de que una tía le dejara una pequeña renta; otras tuvieron padres adelantados a su época que las educaron como si fueran hombres; por ello algunas pudieron ser libres. Y no, no es victimización, es la historia de casi todas nuestras bisabuelas, abuelas y madres la que nos golpea en las narices.

“Ahora las cosas han cambiado" -dirán los que critican a las mujeres que se quedan al lado de aquel que las ultraja por los hijos, un techo, comida- “las mujeres pueden trabajar, estudiar, ser artistas, doctoras, presidentas". Sí, queridos, después de muchas luchas, pero con más esfuerzo y a un mayor costo, con el riesgo de no poder con todo y de encontrarse con algunos cuantos abusadores en el camino.

Entonces, amigos, amigas: si quieren que sus hijas escriban una novela o un libro de cuentos, o compongan canciones o construyan edificios o puentes: denles un cuarto propio. No se trata de un espacio físico sino de un lugar en el amor, en la autoestima, en la vida. Y dinero, que pueda traducirse en educación, viajes, idiomas, talentos, experiencias.

Solo así tendrán una voz, incluso en estos “avanzados" tiempos.

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...