Se habla con frecuencia de lo importante que era para los abuelos "la palabra empeñada", que pesaba más que un documento notariado, ¿cuándo dejó de ser valiosa para sellar tratos y establecer todo tipo de compromisos? Ya nadie respeta ni la propia palabra, aunque no deja de ser fundamental para la vida en comunidad; su importancia es tal, que constantemente comprobamos la capacidad que tiene de estimular o de dañar.
Por ejemplo, lo que los padres digan a sus hijos en sus más tempranos años los marcará para siempre; lo que la pareja comunique o no en todo momento de la relación será determinante; lo que unos y otros expresen en redes acerca de una persona podrá afectar positiva o negativamente su autoconcepto y su equilibrio mental.
¿Qué es más importante, las palabras o los actos? Porque cuando son vanas, escasas o mentirosas, cuando no alcanzan a decir lo que se quiere, ¿no son más contundentes los hechos?
Ese atributo tan humano que nos da vida y nos la arrebata (o, ¿quién no se ha derretido ante un “te amo"? ¿Quién no ha necesitado como el aire un “gracias”, “estás linda(o)" o “lo hiciste bien"? ¿Quién no se ha sentido devastado por una crítica negativa o un insulto?); que nos marca desde nuestra emergencia como sujetos -pues mucho antes de nacer se nos otorga un nombre, se nos entrega el legado familiar con un apellido y se nos hace balbucear las palabras más necesarias para la existencia como mamá, papá, agua, teta, tete-; que así como nos crea puede destruirnos, marcar un destino, una personalidad, un destino venturoso o trágico.
Quienes nos dejamos seducir por ellas e intentamos dominarlas, desentrañar sus misterios, encontrar las precisas y conocer sus miles de sinónimos, lamentamos que muchas estén cayendo en desuso y a punto de desaparecer de nuestro vocabulario; insistimos en rescatarlas del olvido, seguirlas acariciando con nuestros labios y deleitándonos con su sonido, con su forma, con su sentido.
Porque amamos el arte de las palabras seguimos intentando hacerles justicia, aunque continuemos errando y no pasemos de ser más que simples aprendices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario