He visto cómo la vida pasa frente a mí. A mi lado. Por encima de mi cabeza. He sentido el ardor de la pasión, las ganas de comerme el mundo y he tenido miedo; de volar, de gritar, de amar; de entregarme al placer, a lo desconocido, a la incertidumbre. Sólo al dolor me he abandonado completamente. Sólo a él me he abrazado con furia y he sido suya como de nadie. He dejado que penetre mi cuerpo y le he permitido conquistar el territorio de mis dudas y adueñarse de mí. Ya nada puedo hacer. Ya nada queda por hacer. Mis murallas ya no pueden derrumbarse. La llave que abre el cerrojo está enterrada en el fondo de un abismo. Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad. Mi piel ya no resiste. Espero el fin.
sábado, 26 de abril de 2014
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