Afuera el sol calcina las copas de los árboles que se mueven frenéticamente al vaivén de los vientos de agosto.
Adentro ella me mira y parpadea un par de veces antes de caer presa de la modorra del mediodía.
El silencio de la siesta lo invade todo y yo, que había perdido la costumbre, los siento respirar y pienso: voy a estar bien. Vamos a estar bien.
viernes, 20 de septiembre de 2019
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