lunes, 26 de diciembre de 2022

Soy esa

Soy un grano de arena en la playa del mundo

-entre muchos otros-

una pequeña piedra del mismo material del universo

de los planetas y las estrellas

como en ellas

hay en mí destellos luminosos y fragmentos oscuros


Soy una de tantas 

y soy

distinta,

única

una sangre me recorre

un montón de colores

y dolores

la marea me ha azotado contra otras piedras

contra fragmentos de coral y vestigios de naufragios:

me ha formado así, desigual y porosa


No dejaré de ser, 

aunque los rastros de la gran roca de que provengo,

se desvanezcan

soy esta que soy y no otra: 

un pedazo de materia imperfecta.



martes, 15 de noviembre de 2022

Envejecer

 Si el desgaste corporal empieza muy temprano en el ciclo vital (podría decirse que casi en el mismo momento en que se completa el desarrollo), ¿cuándo y con qué criterios determina la sociedad que estamos viejos? Se considera persona mayor a quien sobrepasa los 60 años pero, ¿es aplicable a todas las culturas, en todos los contextos y a todos los fenotipos? ¿Cuándo en realidad empieza a constatarse el natural “declive"? Resulta paradójico que en el convulsionado mundo actual cada vez se nos califica de "ancianos" a una edad más temprana, pero a la vez se prolonga la senectud a través de tratamientos médicos y otros artificios como procedimientos estéticos, inyecciones, cirugías, gimnasios y hasta retoques fotográficos.

Solo alguien que cuenta con una edad que para la sociedad es “avanzada" puede entender lo cruel que llega a ser intentar subsistir en una sociedad que pareciera buscar con su desprecio exorcizar el miedo que le provoca envejecer, que para muchos ha significado pasar a ser parte del grupo de los rechazados, de los que deben ser inmunes a las burlas, los comentarios indiscretos y, en su manifestación más extrema, la segregación misma.

¿Por qué -se pregunta el que madura- si mis canas en el espejo y las personas, crueles algunas, inocentes otras, dicen que estoy cerca de ser un viejo, mi cuerpo y mi mente palpitan más que antes? ¿Tal vez porque he constatado que nuestro tiempo en este mundo es finito y lo que despierta más las ansias de vivir es haber visto -con las alegrías y sufrimientos que supuso- de lo que como especie somos capaces, de lo maravilloso tanto de lo complejo como de lo simple, algo que no podría haber vislumbrado en la convulsionada adolescencia o la resplandeciente juventud?

Los Estados, específicamente en países como el nuestro, deberían tener más y mejores políticas frente al tema, que incluyan protección económica -como la posibilidad de pensionarse a quienes no tuvieron la oportunidad de cotizar-, pero también fomentar la inclusión de otras maneras: en lo laboral y en lo educativo, por ejemplo, y con programas que no sean solo para que los adultos mayores diviertan a los mandatarios de turno bailando ritmos folclóricos, sino que les den la dignidad y el puesto que se merecen en esta cultura cada vez más gerontofóbica. Y educar, por supuesto, para que se sepa que no hay nada de malo en envejecer. 

Y menos en reconocerlo.

jueves, 27 de octubre de 2022

¡Dios, si pudiera escribir!

 ¡Ya quisiera yo escribir para contar!

De ardor quemante, fundiciones

Voces temblorosas en la noche ciega

Cuerpos hechos gelatina

Humedades, manantiales descontrolados 

El espasmo que recorre todo

¿Qué decir, amigo, de labios sobre pezones?

De yemas recorriendo hombros, brazos, espalda

De piernas anudando otras piernas

Dedos rosados en la boca, uno a uno

Y luego, ¿cómo expresarlo?

Soledad, desolación, separación

Un planeta entero en medio de dos que acaban de amarse

Lágrimas

Ovarios y úteros

Sangrados, inflamaciones, contracciones 

Bebés que no llegaron a serlo

Dolores de parto sin haber parido

¿Qué podría decirte, amiga que sueñas con trompas de Falopio?

De estremecimientos

Punzadas con picahielos en el centro de...

¿Y qué de la muerte, del dolor de cada día?

No sabes nada, amiga

No sabes nada, amigo

Yo no sé nada más que...

¡Háblame, cuéntame lo que sabes!

Porque no sé escribir





sábado, 1 de octubre de 2022

Decálogo 2

 Supongo que serán muchas más, por ahora solo completaré las diez:

6. El sexo puede ser solamente sexo, no necesariamente sinónimo de amor, de relación, de compromiso; puede ser solo goce, disfrute, intercambio. Ojo, eso no excluye la empatía, preocuparse por el otro, expresar afecto y ejercer el cuidado.

7. Ninguna persona es posesión de otro, ni aunque lleve su mismo apellido y exista un documento que certifique una unión; intentar poseer nos lleva a sufrir y hacer sufrir a otros, a ahogarnos y ahogarlos como esas plantas a las que las malas hierbas les roban el agua y los nutrientes y se secan y mueren.

8. Es válido cambiar de opinión, replantearse las cosas, abandonar ideas y valores que defendimos, ¿quién dijo que permanecer inmutables es una cualidad? Si el mundo es cambiante, ¿no deberíamos serlo también sus habitantes? Es sano autocriticarse, pensar y repensarlo todo, recordar que el cambio es la esencia de la vida y no temerle. 

9. Puede haber muchas formas distintas de amor, ¿por qué limitarlo dentro de las normas preestablecidas? Se puede intentar una nueva manera de amar y puede llegar a ser sorprendente, emocionante, liberadora... ¡Solo hay que atreverse!

10. Es tan impredecible la vida que resulta absurdo creer que porque algunas personas o situaciones se ajustan a un deber ser (una edad, una creencia religiosa, un ideal político) está asegurado el éxito de una relación: nada garantiza que esas circunstancias funcionen a nuestro favor y nos hagan felices. 

Ñapa: Siempre nos puede sorprender una pepita de oro en el fango, algo inesperado o que se sale de la norma puede llenarnos de satisfacción. Estemos abiertos aunque cautos, no siempre todo es lo que parece. 

Y bien, ¿Qué opinan?

lunes, 12 de septiembre de 2022

Decálogo 1

 Trataré de plasmar las cosas que a mi juicio debemos tener presentes para vivir mejor y sufrir un poquito menos. Aquí van:

1. Admitir que los que NO están es porque así lo desean; no se puede obligar a nadie a permanecer, a disfrutar de nuestra compañía. Que esté el que quiera, así de simple.

2. De 20 cosas que hagamos en el día, la semana, el mes o el año 19 pueden salir mal -incluso las 20-, pero eso no debe impedir que sigamos intentándolo una y otra vez cada día, hasta que una sola de esas cosas (o algunas, o todas) funcione.

3. Siempre se puede volver a comenzar, siempre es posible recoger los pedacitos de corazón y volver a juntarlos; quedará remendado y con grietas pero de eso se trata la supervivencia: de sanar las heridas y vivir con las cicatrices (lo dijo Margaret Mead, lo dice el Kintsugi japonés) ¡Creámoslo! 

4. La existencia no puede limitarse a esperar que esa alma gemela llegue, que el trabajo soñado aparezca, que nos llamen los amigos y los seres queridos: "hay que salir a pelear, hay que salir a luchar (...) hay que salir al sol" como dice Fito Páez. Y buscar la vida.

5. Nadie tiene la obligación con otro de cuidar de su felicidad y su salud física y mental: cada quien es responsable de su bienestar y su equilibrio. Que cada uno se ocupe de sí mismo, los demás solo acompañan.

Y bien, solo llegué a cinco ¿Cuál sería tu decálogo?

(Continuará...)

miércoles, 24 de agosto de 2022

Mi amigo burgués 2

 Se siente muy satisfecho con este nuevo triunfo del progresismo latinoamericano: mi amigo es, ante todo, un demócrata y aunque está convencido de que el capitalismo es el sistema más viable para la coexistencia entre sociedades disímiles, le parece que se ha convertido en un lobo feroz que ha azotado a los países dejándolos sumidos en la miseria y la hambruna, mientras unos -muy pocos- poseen la mayor parte de la riqueza. Está seguro de que es necesaria una inyección de humanidad, un intento por emparejar las cosas; sueña con un futuro en el que sus vástagos no tengan que avergonzarse por tomar el brunch en la terraza de un buen restaurante de comida fusión, mientras migrantes y locales hambrientos se acercan a pedir unas monedas. Tampoco quiere tener miedo de que esta desigualdad rampante lo ponga en peligro por usar su apple watch o contestar una llamada en su iphone.

Acaba de regresar de Ciudad de México -sus utopías de recorrer el mundo ya no pasan por Europa, tierra llena de ruinas de grandezas extintas-, una de las tres metrópolis latinoamericanas junto con Río de Janeiro y Buenos Aires a las que no se cansa de ir y volver, pues está convencido de que allí, en sus territorios se definirá el futuro de esta zona del mundo tan vapuleada. Mi amigo no se considera un turista, es más bien un estudioso de las culturas para su crecimiento personal y por ende, para su contribución al conocimiento de la sociedad humana. Se siente un viajero errante que va de la montaña al desierto, del mar al páramo, de las favelas a las grandes alamedas; quiere que su vida sea un testimonio de las semejanzas y los contrastes entre los diferentes pueblos, de la dialéctica que caracteriza la existencia, de lo trascendente y lo efímero de nuestro paso por este mundo. 

Sigue en su proceso de deconstrucción: su compañera ha contribuido enormemente a develar sus micro machismos ocultos y poco a poco ha ido eliminando de su discurso esos decires del patriarcado que contribuyen a discriminar a las compañeras y compañeres (no solo mujeres, sino todo el espectro de opciones sexuales que pueden coexistir en la especie humana). Acepta su naturaleza bisexual y ya no teme abrazar y besar a sus amigos hombres, aunque estos se sientan intimidados; él está muy seguro de sus gustos y tendencias, que son abiertos pero honestos, sin buscar dañar a nadie ni mucho menos incomodar a su pareja o parejas sexuales. Trata de ser responsable emocionalmente, de hacerse cargo de sus defectos y sus responsabilidades, de reconocer cuando sus palabras o actos agreden, está muy "sobre sí mismo" y también se encarga de de señalar lo que no tolera o considera ofensivo de otros.

Mi amigo siente que va por el camino correcto y, por primera vez en su vida, está seguro de que el mundo también...

martes, 19 de julio de 2022

Poemas de pandemia


En las noches galopa en el pecho como cien caballos huyendo en estampida
De día enfría las manos y baja en pequeñas gotas por la espalda
Siempre ha estado allí
Agazapado en las sombras de la ventana en las noches de terror
Repitiéndose en el eco de las letanías a los muertos
Sentado en la silla del profesor
Detrás de la mueca de burla de los niños cuando alzaban la falda para ver los calzones de las niñas
Amenazando con la correa gruesa del padre en la mano desencajada por la ira de la madre
Actuando como juez cuando se descubrían los placeres del cuerpo
Se burló al subir a todos los aviones
A la hora de amar recordó siempre que la felicidad era ilusoria
Me ha perseguido sin descanso por cada resquicio del sueño
No crecí con miedo
El miedo creció dentro de mí
-

Las calles solitarias tienen ahora el olor de la muerte
No porque antes no lo tuvieran, con tanto que aquí se mata
Pero ahora hay algo que nos hace alejarnos de los otros
Más que antes, que siempre
Los gatos son los únicos que permanecen impávidos,
Se acuestan en mitad de la avenida como si nada pudiera dañarlos
Los perros sucumbieron al pánico
Será por lo apegados que están a sus amos.
Yo miro por la ventana como una vecina fisgona
Tengo cuarenta y seis y mi pelo se ha puesto blanco de repente.

-

La hormiga construye su casa indiferente a los pasos de los transeúntes
Cava y saca bolitas de arena que deja en el andén
Su casa está dentro de la tierra y esos tres segundos que demora a la intemperie destrozan mis nervios
Temo que el incauto, el descuidado, el temeroso o el cruel la aplasten con un pisotón
Tanto trabajo para terminar por ahí desparramada

-

Tengo que amarrar una cuerda a mi dedo para recordar ser feliz
Hubo un tiempo en que era natural, pero eso quedó atrás
Ahora las comidas son medidas con un aparato complejo que calcula la circunferencia del tubérculo
Y da el peso exacto en gramos de la carne
Las afugias de antes ya solo provocan risa
Y la risa es tan esquiva que debe buscársela en las páginas de tiras cómicas del periódico
El mundo ya no es lo que era y la felicidad no asoma
En cambio la parca espera pacientemente en una silla de la alcoba

-

¿Dónde están los hábitos de las monjas que me recibían en la puerta del colegio?
¿Permanecen colgados en la habitación a la espera de un mandato?
¿Desaparecieron o se llevan por dentro para no despertar sospecha?
¿Dónde están los terrones de azúcar que parecían eternos?
¿Dónde las manzanas acarameladas de los circos?
¿Y a dónde fueron los circos, plagados de hombres y mujeres escuálidos, como los tigres y elefantes que llevaban de un lado al otro?
¿Dónde está esa niña que creía en la resurrección de los muertos y en la inmortalidad de sus padres?
¿A dónde fue la vida que se nos dio sin pedirla?

jueves, 14 de julio de 2022

He/She

Encerrarme en mi castillo y salir solo de noche 

escondida bajo una gran capa

a las tabernas como el Orlando de Woolf

y un día irme allí, en uno de sus sótanos, sin que la servidumbre sepa cómo, ni de qué

tal vez por un golpe en la cabeza, en la oscuridad

tal vez de inanición o de tristeza.

Morir anónimamente, como esos antepasados que pusieron su granito de arena para levantar esta inmensa ciudadela 

enterrarme y salir 20 años después como las cigarras, solo para morir

24 horas son suficientes para vivir en el mundo. 

Apagar todo, borrarlo todo, solo escuchar aullidos de lobo y el rugir del viento en las copas de los árboles

salir de este mundo que invade, que ensordece

solo oscuridad y silencio, como debe ser en el fondo del mar

como debe ser la muerte, tan esperada.



jueves, 16 de junio de 2022

Nosotros y las cosas

 Hace seis meses y dos días que murió mi gata y todavía rondan por ahí algunas de sus cosas -que ella no compró ni pidió, por supuesto-, pero que yo como humana, como habitante del mundo material consideré imprescindibles para nuestra convivencia.

Sus platos, su juguete, su cepillo con algunos de los pelitos todavía enredados (que me hacen pensar en la locura de que su ADN puede serme útil si algún día se inventan una manera de revivir a quienes tanto extrañamos) me la recuerdan, me hacen suspirar y soltar a veces unas lágrimas, pero sobre todo me sumen en la tremenda incapacidad de deshacerme de ellos, como si al hacerlo borrara su memoria de mi vida.

Así pasa con muchos objetos que conservamos: algunos que nunca hemos usado pero esperamos hacerlo algún día; los que quisimos mucho o aprovechamos en su momento y ya no funcionan o no nos son útiles, de los que no nos atrevemos a salir; los que nos evocan momentos felices o tristes, los recuerdos de viajes que hicimos, de personas que perdimos, fotos de épocas mejores que no volverán, las entradas a esos conciertos a los que parece haberse ido en otra vida; cartas de amor, esas piezas de museo en vía de extinción; libros que nos regalaron o compramos y que leímos o de los que nunca superamos las primeras páginas y aun así no nos deshacemos de ellos; la ropa querida, la roída de tanto usar, la nueva que guardamos para algo especial... ¿Somos nuestras cosas, esas que dejaremos atrás cuando abandonemos este mundo y con las que nuestros allegados no sabrán qué hacer? 

El círculo de objetos se extiende a nuestra casa: los muebles, los cuadros, las porcelanas, los adornos de navidad, las vajillas heredadas de los abuelos... Nuestro espacio se convierte en un gran armario, en un almacén de antigüedades con valor "sentimental". No pensemos en los extremos (los acumuladores patológicos que sufren del llamado "Síndrome de Diógenes"), remitámonos a los "normales" que también guardamos multitud de enseres mientras en el mundo proliferan movimientos que promueven poseer máximo doce o veinte cosas y "viajar ligero" (que literalmente significa que toda nuestra vida quepa en una maleta). ¿Con cuántas cosas podemos vivir, cuántas menos de las que tenemos y cuántas más, por cierto, deseamos?

Si tuviera que escoger de las mías solo cinco, me quedaría con un pequeño tótem del guerrero que compré en San Agustín para que me diera fuerza; tres libros: Cuentos completos de Horacio Quiroga, Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola y Antología poética de Mario Benedetti; y mi pocillo para el café. ¿Por qué son tan importantes si no me permitirían vivir ni un solo día en una isla desierta? 

No tengo la respuesta, sólo sé que hay una pregunta que de vez en cuando cruza mis pensamientos nocturnos: 

¿Qué dirán, cuando ya no estemos, nuestras cosas de nosotros?


jueves, 12 de mayo de 2022

Confesión

 ¿Qué son las palabras para mí, además de la vida? Sé que suena estúpido, ingenuo, rebuscado, cursi pero, ¿qué habría sido de mí si de niña no hubiera leído cualquier libro que tomé de una biblioteca poco selecta devorándolo como un hambriento a un pedazo de pan duro y no pensara en ese instante que alguien como yo podía garabatear cosas en un papel? Cosas que me pasaban, que me dolían, que me angustiaban...

¿Qué hubiera pasado si a los 9, a los 12, a los 15, a los 18 y de ahí en adelante a cada hora y en cada día de mi vida no hubiera tenido este pensamiento: tranquila, ya lo escribirás, solo tienes que esperar un poco para hacerlo y todo se verá más claro

¿Qué destino trágico me hubiera aguardado esas noches en que miraba por la ventana de un doceavo piso y contemplaba los pinos sobre los que se destrozaría mi cuerpo antes de caer al suelo si no hubiera sacado el viejo cuaderno de debajo de mi almohada para escribir hasta que el sueño me venciera? 

Componer un poema sería para mí subir al Everest sin siquiera haber culminado las escaleras de un edificio de cinco pisos; construir un cuento sería como correr 10 maratones seguidas, cuando me falta el aire a los dos metros caminando despacio... ¿Una novela? ¡Impensable, con mi nula imaginación!

No soy escritora y aun así las letras me han salvado la vida. No sé escribir, solo soltar lo que sale de mi alma atribulada. Y que pueda hacerlo, que lo pueda sacar casi todo, me permite sobrevivir. 

Solo le pido al universo que siga funcionando por lo que me resta de vida. 

lunes, 4 de abril de 2022

Pensar la política

Si como nos han enseñado la palabra proviene del griego Politiká "asuntos de las ciudades" (polis = ciudad), la política, al menos en Colombia, ha perdido ese componente principal de su vocablo: ser el medio para alcanzar propósitos sociales, el bienestar común, y se ha convertido en la satisfacción de pequeñas (y grandes, en el caso de los que la utilizan para enriquecerse groseramente) necesidades propias.

Eso explica por qué muchos venden su voto por un contrato de trabajo (o  la posibilidad de acceder a uno), por una bolsa de mercado o de cemento, por una cantidad en efectivo. Se lo vende porque hay quién lo compre; se lo empeña porque es mejor pensar en uno que en una masa amorfa a la que le llaman sociedad y que poco o nada puede hacer por nosotros cuando tenemos dificultades.

Se vota para colmar una carencia, un apremio básico -a veces mínimo- y se transa barata, la consciencia. De ahí en adelante poco importa lo que pueda pasar o hacer ese político a quien contribuimos a elegir, da igual que apruebe leyes contrarias a los intereses de la mayoría porque, igual, todos incumplen ¿no? Hasta los que prometen salud y bienestar o, más bien: ¿Acaso todos no prometen lo mismo? De esto se trata la desesperanza aprendida, concepto de la psicología aplicado aquí a la política: no se les cree a los candidatos por los que se vota, son otras las motivaciones para acercarse a las urnas, pero no precisamente la certeza de que las cosas pueden cambiar para bien.

¿Son culpables solo los que lo compran como los que lo venden, o también es culpable el Estado, que no garantiza las condiciones mínimas a su población y nos deja desamparados, sin ningún otro valor como individuos que este penoso papel cada cuatro años de idiotas útiles?  

Hay también algunos que votan por ideología, por convicción, por disciplina (porque pertenecen a un movimiento o partido) y están los que votan emputados o por miedo a. Son votos honestos, se podría decir, pero ¿no es acaso innegable el papel de la propaganda negra que vende a determinado candidato como el diablo o el hermano gemelo de cierto dictador de otro país, o se basa en mentiras y desprestigio como cuando se afirmaba que apoyar un proceso de desmovilización de un grupo armado significaba regalarles el país a los rebeldes? 

¿Debemos seguir creyendo que la libertad de expresión y de prensa es el mayor valor de una democracia cuando esa prensa pertenece o a un gobierno -en el caso de regímenes totalitarios- o a multinacionales locales o extranjeras con intereses específicos, a quienes les conviene manipular la opinión para inclinar la balanza a su favor?

Lo cierto es que es preciso ocuparnos más de esta discusión, porque como decía Charles de Gaulle: “He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”. 

miércoles, 23 de marzo de 2022

Tenías que haber sido eterna

 Ahora llegar a la casa es solo eso

No estás detrás de la puerta

No hay maullidos de reclamo como bienvenida

Tumbarse en la cama a ver tv no es más que eso

Nada de roces tibios ni suavidad de algodón

Se callaron los ronroneos 

La cercanía tranquilizante

Sin poder acariciar tus orejas estoy un tanto más huérfana

Tenías que haber sido eterna.


martes, 8 de febrero de 2022

La fuerza de la vida

 Hace algunas semanas un psicólogo dijo en televisión "los colombianos tenemos que ser muy resilientes*, de otra manera no se explica que sobrevivamos en situaciones tan adversas". Puede que nuestros gobernantes y algunos fanáticos nacionalistas no lo reconozcan, pero un grueso de los habitantes de este país carece hasta de lo que se considera un mínimo básico en otras tierras, como el derecho a la vida, a la salud y a un trabajo y vivienda dignos. 

Podríamos agregar que todos los humanos somos resistentes, pues no solo aquí subsistimos en condiciones precarias, ¿Acaso alguien entiende cómo esas mujeres y niños en África que sobreviven sin agua ni alimentos caminan, ríen y hasta bailan aferrándose a ese hilo de vida que les queda en circunstancias tan agrestes? Las demás especies también lo son y hasta la tierra misma o ¿esos animales maltratados, afectados por fenómenos de la naturaleza o manos humanas que se levantan de la muerte, los bosques que reverdecen después del incendio, los ríos que recuperan su caudal después de casi desaparecer, no son un ejemplo de la fuerza de la existencia?

Tal vez hemos aprendido a vivir a pesar del dolor y la decepción que nos produce cada pequeña y gran tragedia de nuestro paso por el mundo. Debe ser que la vida y la esperanza son muy fuertes o que nos resignamos y terminamos aceptando que este es un "valle de lágrimas" del que ninguno sale bien librado...

Y en esta tierra que llamamos madre uno ve a los indígenas, a los jóvenes y a los marginados poniendo los muertos en las refriegas, resistiendo aunque los compañeros caigan a su lado, tan firmes y tan valientes -el coraje del que no tiene nada que perder, dicen algunos, pero no es solo eso: es que crecieron en la lucha- y eso a los cobardes, a los que apreciamos en exceso la vida no deja de avergonzarnos, y a veces también, alentarnos.

Entonces sentimos que debemos apoyarlos como sea, nos creemos hermanados con ellos, los apoyamos aunque sea solo a la distancia. Tal vez no sirva de mucho ese pequeño activismo sentimental pero, como dice la canción: quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón; tal vez solo debemos recordar que nuestro principal deber como humanos es luchar contra la pereza y el negativismo, contra nuestro escepticismo, para seguir creyendo que es posible un mundo -aquí y ahora, no en otra vida-: mucho, pero muchísimo mejor. 

* Resiliencia: en psicología, capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, una catástrofe, un accidente, etc.


jueves, 6 de enero de 2022

Una prueba de amor

 Dijeron que no mejorarías, que el paso del tiempo se sentía en tus órganos, que tus riñones ya no funcionarían como antes... Había tres opciones de tratamiento y yo, preocupada pero "pragmática", me decidí por el más "económico".

Juro que intenté hacerlo todo y no olvidar darte tus medicinas; que aunque me dolió compré ese medicamento costoso -que tal vez haya sido un placebo, porque resultó ser homeopático- y vi cómo el del dolor te mejoraba el ánimo y el apetito; un día ya no los toleraste más y te empeñaste en devolverlos una y otra vez, con tanto empeño como el que yo le ponía a repetirte la dosis devuelta. Te empecinaste, dejaste de comer y de beber, te encerraste en ese cuarto sucio y oscuro de donde no volviste a salir por tus propios medios. Estabas muriendo y me negaba a aceptarlo.

Cada día de diez me levanté esperando que estuvieras en el patio disfrutando del sol o que hubieras partido durante la noche, para no tener que enfrentar la triste decisión de tomar tu cuerpo debilitado y dirigirme con él al lugar en el que pondrían remedio a nuestro mutuo sufrimiento; aunque no lo deseara tuve que hacerlo, escuchar tus últimos gemidos cuando te arrastré de tu escondite, cuando te lavé y perfumé como escuché que hicieron con el cuerpo sangrante de Jesús, para que la muerte te recibiera limpia y digna, si es que eso era posible.

Entonces pensaron que te dejaría sola en ese último trance, que me sentaría en una sala de espera mientras exhalabas tu último suspiro rodeada de paredes frías y personas desconocidas; pero me negué a dejarte, acaricié tu cabeza y tu lomo mientras bajito al oído te agradecía todos esos años juntas, tanto cariño y calor recibidos, tanta comprensión y escucha. No sé si hayas entendido mis palabras, si haya servido de algo estar contigo hasta el final, solo sé que moviste la cola en lo que interpreté como una despedida justo unos minutos después de la inyección fatal; hubiera querido que cerraras los ojos en señal de descanso, pero no pasó y el rictus de dolor, desafortunadamente, no desapareció de tu linda cara, aunque sé que la paz llegó.

Me he preguntado muchas veces si rechazaste mi decisión, si hubieras preferido que la naturaleza hiciera lo suyo; ojalá supieras que no soportaba comer mientras agonizabas de dolor, ni dormir sabiendo que tu mal no daba tregua. Espero no haberme equivocado, no haber actuado con egoísmo, con la estupidez típica de mi especie, con crueldad.

Te extraño cada día de mi vida como solo he extrañado a mi padre y a mi abuela, aunque para muchos no fueras más que un animal. 

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...