miércoles, 26 de julio de 2023

Mi cuarto propio

 Que una mujer debe tener dinero y un cuarto propio para poder escribir novelas, sentenció esa extraterrestre monumental, que revolucionó junto con tantas otras el mundo llamada Virginia Woolf. 

Lo hizo recordando que hace apenas un par de siglos las mujeres no teníamos un espacio físico más allá del compartido con otros miembros de la familia para "ser y hacer" a nuestro antojo, y por la pesada carga de obligaciones que tenían nuestras antepasadas como para hacer otra cosa además de fregar y cocinar; esto sumado al escarnio y la infinidad de críticas que recibían las pocas que se atrevían a desafiar ese mezquino orden establecido.

Pues bien, he aquí que algunas no se resignaron y escribieron, pintaron, compusieron música, filmaron películas y se desnudaron, emborracharon e hicieron todo los que les estaba prohibido; cada vez somos más, aunque aun hay muchas que no tuvieron ni tendrán más destino que la cocina, la escoba o las calles para mendigar o prostituirse, porque les fueron vetadas la educación y las oportunidades; porque crecieron en un entorno empobrecido; porque la desigualdad se ensaña mucho más con ellas y todavía las cadenas socio culturales nos imponen el mandato del amor y la reproducción como un deber y fuente de completud femenina. A pesar de todo seguimos conquistando espacios, algo que a veces nos demanda esfuerzos sobrehumanos que pagamos con nuestra vida o con infelicidad (aunque en estos tiempos la insatisfacción es lo que caracteriza la existencia de todo el género humano). 

No sobra decir que algunas nacimos y crecimos con ciertos privilegios; que aunque durante décadas cuestionamos nuestros entornos y los múltiples errores que se cometieron en nuestra crianza debemos reconocer que gracias a esas ventajas escribimos algunas letras, asistimos a la universidad, tuvimos una voz y fuimos más que "la esposa o la mamá de..." Personalmente, ahora que supero mi mediana edad y después de saldar cuentas con la niña y adolescente rebelde que fui -además de empezar a trabajar en mis mommy and daddy issues-, debo reconocer que si no hubiera tenido una educación, una casa a la cual poder volver una y otra vez y una madre que aunque no entendía lo que pasaba me abría los brazos y soportaba los embates de mi rabia, no sería la incipiente lanzadora de palabras que hoy soy.

Gracias a ello pude irme de lugares en los que se me exigía recoger ropa que no era mía del suelo y lavarla, algo que nunca hice en mi casa; de espacios en los que se alzaba la voz o se me echaba en cara la comida que ingería o la luz que gastaba, como jamás lo viví en mi hogar; de relaciones en las que era insuficiente y en las que no recibía ninguna dignidad como persona y mucho menos amor, como sí lo he tenido en el seno de mi familia.

Ese, puedo decirlo ahora, ha sido mi cuarto propio. ¿Cuál es el tuyo?

 

martes, 11 de julio de 2023

Tuve una vez un amigo

  Más bien han sido varios, en algunos casos fue amistad verdadera, en otros había otras intenciones; unos desaparecieron, otros permanecen.

Pero este en particular (a pesar de no ser lo que para muchos es una buena persona) me vio de otra manera que ahora, después de haber llegado un poco tarde a la comprensión de la desigualdad de los sexos, entiendo que fue imprescindible para perder el miedo a hablar desde mi propia voz y mi propio lenguaje. Es que su mirada no se fijaba en mis senos ni en mi trasero: estaba al nivel de mi cabeza y me apuntaba de frente al cerebro. 

Con él descubrí lo maravilloso de pasar la noche hablando tanto de lo profundo como de lo banal, de los libros leídos sólo por el placer de hacerlo, de los chismes de la farándula local e internacional, de burlarnos del alto grado de estupidez de los demás y de nosotros mismos, de horrorizarnos con la maldad humana y asombrarnos con las portentosas creaciones de esta contradictoria especie que somos. En esas tertulias me revelé a mí misma como una interlocutora interesante, a la altura de cualquier conversación.

No formamos parte de la vida del otro en este momento; ciertamente el personaje que creó para relacionarse con el mundo me repugna, pero valoro lo que me dio en el tiempo que compartimos: lo que me inspiró haberlo visto como un modelo a seguir cuando era apenas un escritor de blogs desconocido; lo que me maravilló llegar a su casa y ver en pantalla grande uno de mis primeros textos y escuchar sus comentarios que me sonaban un poco exagerados pero halagadores. 

Tal vez pasó antes y no lo noté, pero por primera vez sentí que alguien se impresionaba más por mi inteligencia que por otra cosa y -no porque me crea un sex symbol- si algo sabemos las mujeres es que se nos suele juzgar más por las cualidades físicas que tengamos o de las que carezcamos, por eso cuando no es así lo agradecemos.

A esta persona la llevo en mi corazón aunque con frecuencia la deteste; la extraño como a esos días en los que buscábamos algo que no sabíamos qué era, tal vez no morirnos de aburrimiento en un lugar tan terrorífico como la ciudad donde nacimos, y perdernos en la fantasía del alcohol y otras sustancias. Sé que esos días no volverán y que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, como dice Neruda en su poemapero seguiré buscando repetir esa sensación y esa embriaguez, que me hacían sentir tan viva.

miércoles, 5 de julio de 2023

Amarguras

La mosca de la fruta

tan examinada por científicos

pasa sola, de la exquisita manzana 

a la banana a punto de pudrirse;

sus parientes las moscas comunes

no conocen su tragedia:

ella aprende, dice la ciencia

pero muere en treinta días.

Soy esa mosca que piensa

y como ella,

soy materia en descomposición.


Las cántaras de leche llenadas todas las mañanas

el vendedor de sangre

para el caldo de pichón

el asado en el anafre, el sancocho en el río

las melcochas de bienvenida los mediodías

las hojas de plátano para envolver la carne

el canasto del mercado

las hallacas de diciembre

a eso sabían la infancia

y la felicidad.


Deberíamos demandar todos en masa

por el amor que era mentira

por empujarnos a crecer

por dejar el alma en la oficina y el transporte

por la lluvia que vemos detrás de la ventana

por ese humo desgracia que tenemos que toser -como dice Chico Buarque-

por las fiestas de oficina y las reuniones de padres

por el montón de mierda que nos morimos por comprar

por la vida, que no pedimos y padecemos cada día.







 

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar en inventar  un nuevo alfabeto -tendría que llenarme de neologismos para que las trajinadas palabras...