jueves, 1 de agosto de 2013

De mí

Soy repetitiva, hay ciertos temas que me obsesionan y sobre los que vuelvo una y otra vez: religión, política, maternidad... Sobre la primera no tengo -ni creo que tenga en el futuro- algo bueno qué decir; con respecto a la segunda, reafirmo mi posición “de extrema" recalcitrante y acerca de la tercera, aunque siento que no he dicho suficiente, prolongaré ese placer para otra ocasión.

Últimamente le he dado vueltas a la cuestión del cambio y lo retomo porque algunas personas que dicen tenerme cierto cariño han reclamado mi tendencia a hacer o decir cosas “impropias" para mi edad.

A los que dicen que a los cuarenta no queda bien ser revolucionario solo puedo replicarles que parte de crecer, para mí, es adquirir una voz que ni de fundas podría haber tenido a los veinte (cuando mi mayor preocupación era a quién se lo daba). Haber vivido me permite tener una posición frente al mundo y, sinceramente, no encuentro una razón válida para estar a favor de un sistema que ha sido despiadado con el mismo ser que lo creó (el hombre, por supuesto) y con la naturaleza, llevándolos al extremo de la degradación. Por eso me identifico con tendencias que ponen la vida por encima de la riqueza material, que apoyan la igualdad de derechos y castigan la discriminación; que dan al individuo la posibilidad de decidir sobre su vida y su cuerpo, porque lo reconocen pensante y no como un autómata descerebrado al que hay que trazarle el camino. Creo que estos son los fundamentos básicos del humanismo, pero a otros les suena a discurso comunista.

No tengo problemas en ventilar mi vida y mis defectos, me han visto burlarme de ellos y criticarme, pues aunque me formé para estudiar al ser humano me he dedicado especialmente a hacerlo con mis sentimientos, experiencias y gustos. Es por ello que través de la escritura hago catarsis y autoanálisis, aunque no tenga mucho talento y sea incapaz de escribir un cuento o un poema tan siquiera regular. Admiro a tantos escritores que logran deleitar a las masas con sus historias, que a mí me hace feliz que tres o cuatro de mis amigos lean estas palabras.

También me gusta hablar. Más que gustarme, es uno de los placeres que más disfruto y lo llevo hasta sus últimas consecuencias, porque carece de sentido si no llego al menos a un acuerdo con mi interlocutor. Si con alguno no coincido en religión o política, al menos debo terminar conviniendo en las maravillas del café o en lo hermosos que son los gatos o cualquiera de los demás animales. Cuando eso no pasa y el contertulio es difícil, temo que me veré enfrentada a una que otra peleílla, que por cierto no me desagradan del todo.

Así que mi propuesta es: sentémonos y hablemos. Nadie tiene que ser o hacer nada que no quiera, démosle una patada a esos prejuicios que hacen la vida más aburrida.

Aquí estaré esperando.

martes, 9 de julio de 2013

Memorias desde una clínica de abortos

Era un día normal de diciembre, pronto tendría que volver a su ciudad natal para celebrar las fiestas en familia. La abuela respiraba con dificultad en la habitación, las luces del árbol titilaban y ella, más por costumbre que por deseo, sucumbió.

Nada fuera de lo normal ocurrió hasta la víspera de año nuevo, cuando el olor de las viandas características la mareó y sintió ganas de vomitar. Los siguientes días los pasó en cama con lo que todos creían era un virus estomacal, sintiendo náuseas ante la sola presencia de la comida: y la regla no le había llegado. Definitivamente, al regresar tendría que hacerse una prueba.

Las enfermeras que entregaban el resultado no pudieron evitar un “uichhh" recriminatorio al ver su reacción desencantada ante el “discretísimo" positivo dicho en voz alta en frente de todos. Salió de ahí a la sala en la que él esperaba y no tuvo que decir nada. Había muchas cosas en qué pensar.

La cita fue a una hora temprana, primero debieron asistir a una charla en la que había otras parejas, ella sólo sintió curiosidad por una señora y una jovencita que se sentaban muy juntas. Cuando hicieron la presentación la señora dijo sus nombres y mencionó que su hija, con tan solo 14 años había salido embarazada y ¿qué iba a hacer con una criatura si la niña ni siquiera podía valerse por ella misma?

Después de recordarles la pertinencia de escoger un método anticonceptivo adecuado para no tener que volver a pasar por eso los dejaron ir; se sentaron en la cafetería y ella seguía sin saber, pensaba en la cara agria de su mamá, sus reproches eternos que ahora sí tendrían justificación. Lo odiaba, hubiera querido abrirle la tripa con un cuchillo, cortarle su asqueroso miembro causante de todo (ni siquiera había tenido un orgasmo, pedazo de mal polvo) ¡Y tenía que preñarla!

Llegó el día y allí estaba ella dejando su ropa en una canasta de plástico y poniéndose una bata, había dos opciones pero la de las pastillas implicaba tener que volver por un legrado; decidió hacer el procedimiento de una sola vez.

No hubo anestesia, al lado de la camilla una mujer le sostenía la mano y la miraba a la cara mientras le hablaba, tal vez para evitar que sintiera curiosidad de ver hacia abajo; ella sentía algo vibrar y moverse violentamente adentro suyo, sintió rabia, deseó haber nacido hombre, tuvo miedo de morirse y culpa, mucha culpa.

Pero sobrevivió, aunque tuvo que pasar varios días con un termómetro al lado de la cama ante cualquier indicio de fiebre (lo que podría significar una infección), retornó a su vida y pensó en no volver a repetirlo.

Aunque no lo cumplió.

martes, 28 de mayo de 2013

Pequeñas miserias

Que la rutina me carcome
Que la depresión me consume
Que tus besos me saben a mentira
A soledad y a miedo.

Que quiero quemar esta casa
Con todo y todos adentro
Que a veces te amo con un amor dudoso
Que no me alcanza hasta la mañana.

Que un día me cansaré de lavar tus trastos
Caminaré sobre tus calzoncillos manchados
Contestaré sí a esa pregunta y me iré lejos
Con sólo una maleta y mi dignidad recuperada.

lunes, 27 de mayo de 2013

No soy atea... ¡soy politeísta!

No sé debido a qué intereses económicos el imperio romano terminó claudicando frente a la poderosa iglesia monoteica (me gusta más esta palabra), lo cierto es que, si lo pensamos bien, eso hizo que de ahí en adelante la religión y la vida se hicieran muy pero muy aburridas.

Es por eso que, dentro del cuantioso tiempo que he dedicado a pensar y a cuestionar al dios del cristianismo y a todo lo que lo rodea, he terminado por crear en mi vida una especie de agnosticismo salpicado de politeísmo -como el que practicaban los griegos y romanos-, donde conviven una multitud de dioses semihumanos, con poder sobre los diferentes elementos pero que en ciertos casos comparten con nosotros los mortales la incapacidad para intervenir o cambiar ciertos acontecimientos. Me seducen mucho más estos seres  imperfectos, tan mundanos, que no son todopoderosos, que la mayoría de las ocasiones tienen que presenciar impotentes las catastrofes causadas por ellos o no por las que tienen que atravesar sus "hermanos menores" (como dirían nuestros parientes indígenas), sin poder cambiar las circunstancias, ni poder hacer nada para ayudarlos...

Me gusta más creer en una diosa Gea que domina lo tierra, un dios del sol (Helios) o de los océanos,  uno de la guerra, etc. Cuyos fundamentos son al menos concretos, más que  en uno omnipotente, omnipresente y omnisciente que aún así se queda estático, se deleita  con el sufrimiento teniendo todo el poder para erradicarlo, un dios “bueno" que no evidencia por ninguna parte su bondad...

En fin, que si como dicen las abuelas hay que creer en algo, prefiero creer en esos dioses sensuales,  aunque en realidad -y tal como se supone que ya lo habría hecho la humanidad-, yo ya he superado esa etapa animista y primitiva en la que las deidades son necesarias para explicar el mundo, porque entendí que no tiene sentido preguntarse el por qué de algo que simplemente no tiene respuesta. Aún.

jueves, 18 de abril de 2013

El nombre perfecto

                                              Para mi sobrina


Podría pasarme la vida aspirando tu olor
Siguiendo cada gesto, cada risa
Mirando a través de tus ojos asombrados
No tuve que amamantarte para sentirme atada a ti
Eres una Victoria de la existencia
Que vino a salvarnos de la tristeza y el olvido.

sábado, 13 de abril de 2013

Cambiar o no cambiar... esa es la cuestión

Es el dilema al que nos enfrentamos muchos mayores de 30  años: ¿Debemos seguir siendo los mismos, eternos niños o adolescentes, juguetones, risueños, o es preciso enseriarnos, pensar responsable y conservadoramente, abandonar los ideales juveniles para embarcarnos en la corriente “realista"?

¿Y si el cambio va en sentido contrario a lo que se espera, si se pasa de tradicional a rebelde y contestatario, características atribuidas exclusivamente a la gente “joven"? ¿Si lo que teníamos como ideal de vida deja de interesarnos o se torna  simplemente absurdo? ¿Eso significaría un retroceso o un avance?

A algunos les critican que sigan siendo los mismos, que no hayan “crecido"; a otros que  traicionaran los ideales que les fueron inculcados. Al parecer, siempre habrá algo por qué hacernos sentir culpables, aunque el cambio sólo debería ser necesario si nosotros así lo queremos o sentimos. Pero eso a nadie parece importarle, todos quieren imponer su verdad.

Tal vez en esto, como en casi todo, no hay verdades, nada está dicho...

miércoles, 9 de enero de 2013

Hermosa maternidad...

Muchas hablan de las maravillas de serlo, pero yo aún no encuentro una razón para querer tener descendencia.

Puede que en los albores de la humanidad fuera necesario reproducirse -por eso ha sido siempre inherente a nuestra condición de seres vivos-, pero ahora y en este mundo que odio, ¿qué justificaría lo que considero una irresponsabilidad? Me parece una falta de respeto con ese nuevo ser traerlo a la vida y una crueldad que en la mayoría de las familias de clase media se les dé a los hijos todo, se los malcríe con cosas innecesarias para luego sacarlos de la casa, de la "vagancia" en pro de la productividad, cuando no se les ha enseñado a ser productivos.

Muchos dirán que es la ley de la vida pero es asqueroso que, por ejemplo en E.E.U.U. quieran echarlos cuando obtienen su licencia de conducir -es decir a los 16 años- o les saquen provecho metiéndolos en cuanto concurso, comercial de t.v. o reinado encuentran (como lo podemos ver en los famosos "realities") siempre que les pueda traer algún beneficio. O ¿qué tal cuando se los retiene con el cuento de que todo está muy caro como para que puedan hacer su propia vida o de que "tienen" que ser el sostén de los padres en la vejez? ¿Y qué decir de los pobres miserables que utilizan a sus hijos para robar o pedir limosna, los que los alquilan, prostituyen, etc.?

No encuentro más que egoísmo en la paternidad (y en la maternidad obviamente) cuando no improvisación. Me sorprende el que los padres no enseñen nada, limiten su papel a comprar comida, trapos y juguetes (en los llamados hogares privilegiados) y buscar las instituciones más costosas, prejuiciosas y represivas (como  los colegios religiosos) sin ser capaces de transmitir algo esencial como el amor por el mundo y todo lo que lo habita.

El principal método de enseñanza termina siendo el pésimo ejemplo que se les da, la falta de respeto con que a veces se  los "reprende", los insultos o golpes y en no pocas ocasiones la permisividad... Luego se quejan, lloran y reclaman, aunque la mayoría termine mostrándose orgulloso para no reconocer su fracaso y en  muchos de los casos, serán más felices quienes tengan retoños escandalosamente ricos (aunque esa riqueza provenga del crimen) que quienes por obra del azar terminen teniendo la "mala suerte" de contar con personas pensantes dentro de su progenie (esto último como resultado  de la noción de éxito que impone nuestra trastornada sociedad).

En conclusión, seguirá siendo un bicho raro una mujer cuya mayor realización no sea ser madre y un hombre que decida no ir por ahí esparciendo su semilla. Yo entre tanto, miraré con algo de recelo a las madres y padres entre enamorados y hastiados de sus hijos maleducados e insoportables. Continuaré amando la música, los libros y a mí misma y esperaré el momento de extinguirme sin dejar mi huella genética, sin el placer incomparable de ser llamada mamá, deseando de todo corazón no tener que tragarme estas palabras algún día...

Gemir = vivir

  Tantos gemidos como personas en el mundo los he escuchado de todos los tipos unos suenan como lamentos  otros como suspiros hay unos de ha...