miércoles, 31 de mayo de 2023

Los amantes

 Cuando él la besó loca y desprevenidamente su mundo entero se partió en dos: las muchas cervezas, la música estridente y la penumbra del bar la sumían en una especie de mareo brumoso en el que no recordaba dónde ni en qué época de su vida estaba; era como si estuviera de vuelta en 1994 a punto de cumplir enfebrecida los veinte años, deseosa como todos a esa edad de descubrir el mundo, el sexo y el amor.

A partir de allí los encuentros con ese compañero de correrías etílicas no serían los mismos, los labios de ambos terminaban atrayéndose como objetos de metal a un potentísimo imán buscando nuevas posiciones, distintas formas de juntarse, sensaciones inéditas en las que la saliva fluía como un torrente insuficiente para un desierto insaciable. Los años de diferencia no existían ni las miradas perplejas de contertulios, el mundo alrededor desaparecía cuando estos dos satélites llenos de grietas, desenfrenos y metidas de pata se unían; no importaba cuánto se hubieran equivocado antes: en esto simplemente acertaban. 

Cuando sus cuerpos se juntaron en el abrazo más cálido que ella hubiera experimentado jamás, sintió que todo estaba bien, que de pronto sus heridas sanaban dejando cicatrices perfectas y rosadas que solo existían para recordarle que había vivido; que los años no habían pasado en vano. ¿La habían estrechado y besado así antes, sin que fuera el preludio de algo ni mediara la obligación conyugal, solo por el placer de hacerlo? ¿Por qué en los últimos años había dejado de sentir ese calor, esa emoción en su pecho, ese latido que se extendía a cada miembro y dejaba su cuerpo anhelante de muchas más dosis de esta pócima adictiva?

El paso a la horizontalidad solo fue una continuación de las ansias de amalgamarse; saciado el deseo urgente lo único importante era que esas dos pieles permanecieran unidas y se nutrieran, como si de ello dependiera la supervivencia de ambos en el mundo, como la planta que debe ser regada para no secarse, como el suelo que necesita ser abonado para ser sembrado, como ese recién nacido que debe mamar el líquido primigenio para no morir. El orgasmo, eso por lo que se habían desencadenado guerras y tragedias a lo largo de la historia de cientos de civilizaciones, era lo de menos si podían estar así, quietos y en silencio después de amarse, uno al lado del otro escuchando el viento mover las hojas de los árboles, el ruido de los carros y las músicas lejanas, los sonidos de la ciudad por la que solían deambular como fantasmas ebrios.

Un día ya no se les vio juntos y cada uno pareció arreglárselas muy bien con su nueva vida; aquello que solía atraerlos terminó estallando como un volcán dormido que sin avisar dejó restos de corazones regados por el sucio pavimento. Lo que al principio parecía ser una historia de perfecta comunión dejó ver -como relata el personaje de la película Alfie-, esas pequeñas grietas en las obras de arte de los museos que solo se hacen evidentes al acercarse aunque de lejos acusen perfección, porque de cerca son vestigios de un mundo que ya no existe. 

Tanta pasión los devoró y aunque se les podía encontrar en los sitios de antes riendo y hablando con otras personas, como si aquella historia no hubiera existido, de vez en cuando una canción, un pensamiento que cruzaba raudo la mente les traía el recuerdo del otro. Entonces, una sonrisa imperceptible cargada de nostalgia se convertía en el merecido homenaje a esos días en los que la vida fue como debería ser: algo digno de ser vivido.

jueves, 18 de mayo de 2023

La locura de ser fan

 A raíz del lanzamiento de la serie que narra una parte de la vida de mi cantante favorito algunas personas me han preguntado: "¿y, qué tal te pareció?" Yo, con la arrogancia de quien se cree experto en un tema de interés general he respondido: "no sé, no la he visto ni necesito hacerlo, conozco su vida de memoria porque tengo todos sus discos".

Quizás es que, como todo en mi vida también hago mal esto de ser fanática y tal vez por eso y por una legendaria tacañería que me impide gastar un montón de plata en entrada y pasajes tampoco iré a su próximo concierto, que es la celebración de los 30 años de su trabajo musical más vendido. También es porque esta persona a quien veo lanzando un disco tras otro, de una gira a la otra y hablando con afectación en las entrevistas, no tiene nada que ver con aquella que compuso esas melodías desgarradas y sensuales de las que me enamoré y que siendo un joven desgarbado de pelo largo ejecutaba en el piano con movimientos paroxísticamente torpes, como si lo atacara una especie de ataque de epilepsia o hubiera sufrido de niño una parálisis cerebral.

No sé si a todos nos pasa con nuestros ídolos pero es como si con la vejez dejaran de parecerse a esa figura rebelde con la que uno se sigue identificando y terminaran siendo, como dicen ahora, unos señoros vestidos con ropa de diseñador que ya no arrastran consigo el dolor y la rabia de una existencia sin sentido, convirtiéndose en unos extraños y hasta despreciables para quienes alguna vez hicimos de ellos nuestros referentes; tal vez en nuestros ídolos queramos vernos a nosotros mismos también eternamente jóvenes y por eso no superamos que se conviertan en ancianos respetables que disfrutan de sus nietos y sus perros en algunas de sus mansiones, usando piyamas finas y sin esconder sus barrigas, sus calvicies y sus novias mucho más jóvenes. 

Es posible que queramos sólo quedarnos con su banda sonora, pero de su existencia actual, terrena, no nos importe lo más mínimo.

domingo, 7 de mayo de 2023

Profanación

Soy tuya 

toma mi cuerpo 

fatigado y enfebrecido

-como el del toro después de la corrida-

destaja mi vientre palpitante

lanza mis vísceras a los gallinazos

Desángrame

como al cordero

en la piedra del sacrificio

quema mi piel y mis huesos

esparce las cenizas

así,

algo de dignidad podrías darme.

viernes, 28 de abril de 2023

La próxima vez

 A la próxima, pequeña

alquila un pony y cabalga, cabalga mucho

admira el paisaje, aspira el aroma de las flores del campo

deléitate con la fragancia de los pinos

observa las aves en pleno vuelo

luego, descansa

dale al cuadrúpedo una manzana, 

acaricia su cabeza

y despídete, sin nostalgia.


O ve al mar, tontita,

y sumérgete en sus aguas cadenciosas

permite que las olas te bajen el corpiño y te pongan de cabeza

échate al sol, toca la arena caliente

bebe el agua de mil cocos fríos

saborea los afrodisíacos frutos 

succiona las cabezas de pescado y las patas de cangrejo

luego ponte crema fría y duerme bajo las aspas

al vaivén de las hamacas.


Y sube a la montaña más alta

envuélvete en mantas, toma el chocolate caliente

o zapatea el joropo y sigue el coleo,

baila al ritmo de los sones y las cumbias

mueve las faldas en el bambuco

canta y escucha el viento rugir

chupa los licores dulces de las tinajas

aspira los humos

pero nunca más llores por amor, 

mi niña.


miércoles, 19 de abril de 2023

Poema a mi amor

 Mi amor sabe que me ama

por eso deja platos sucios en la mesa

y calzoncillos en la ducha

para que demuestre cuánto lo quiero


Mi amor no expresa que me ama

pero lo intuyo en su mirada

dice que lo demuestra en la cama

aunque su pasión no me alcance para nada


Para mi amor no sirvo

se cansa de cargar conmigo

aunque soy yo quien lo abraza

cuando de miedo tiembla como un niño


Mi amor me ama

pero es muy hombre para decirlo

se cree el sostén de la casa

pero soy quien pago los recibos


Mi amor me asusta hablando fuerte

y golpea con sus puños la mesa

no sabe que me dolería mi muerte

porque lo dejaría solo, a su alteza.


jueves, 30 de marzo de 2023

¿Habemus dignidad?

 Debería ser una máxima innegociable: que una vida sin dignidad no merece la pena ser vivida. Pero, primero: ¿qué es la dignidad? "Cualidad de digno", dice la RAE. "Cualidad del que se hace valer como persona", apunta Google. Entonces,, ¿es algo que se nos otorga o es una característica que decidimos voluntariamente? "Cargo o empleo honorífico", "prebenda del Obispo u Arzobispo", insiste la RAE. En fin, algo que depende de un título (la dignidad del Rey, por ejemplo), de una jerarquía, de una posición. No es para todos, por tanto, no todos somos dignos (aunque podamos actuar con dignidad) ¿Alguien lo entiende?

"¿Se va a hacer la digna?" le decía en mis tiempos el novio a la novia cuando esta lo pillaba coqueteando a sus espaldas y lo castigaba "con el látigo de la indiferencia"; entonces, es algo así como deponer el placer por causa de un capricho u orgullo tonto. "Tan jodido y tan digno", decían o dicen las señoras de bien cuando un pobre se niega a arrastrarse por tres pesos o lo que sea. En mi país, ser digno parece ser un poco estúpido o no ser "vivo" (avión, como predica nuestro credo colombiano y especialmente paisa) un oportunista y aprovechado, perderse la ocasión que se sirve en bandeja, rechazar una ventaja. 

Pero, ¿qué diablos es, en la práctica, vivir con dignidad? Mejor dicho, ¿pueden ostentarla los pobres como los ricos, los negros como los blancos, las mujeres como los hombres o es una cualidad segregacionista, un privilegio?

Me he propuesto vivir con dignidad -aun sin saber lo que eso pueda significar-: trato de decir lo que pienso (no siempre como lo pienso porque ¡qué problemático sería!) y de quien lo pienso; hay innegociables, cosas con las que definitivamente no puedo; aun así he permitido maltratos de tantas fuentes, incluyendo el sistema mismo, la familia, los amigos, los cercanos. "Es que la mala educación pulula en los hogares" -me digo-; "tienen problemas psicológicos, traumas" -me explico-; "en realidad no quieren hacer daño, aunque lo hagan" -me conformo-; y así voy por la vida, pensando que el insulto, la vejación, el abuso, no son culpa de quienes los ejercen sino de algo mayor (el capitalismo, el mal que nos acecha, el viento que nos empuja, como decía ese soberbio cura interpretado por Phillip Seymour Hoffman en La duda).

Dicen que la dignidad es imposible cuando tienes hambre (o hijos con ella), por eso toleras que te escriban mensajes a las 9 de la noche o los fines de semana, por eso permites que te "llame al orden" alguien con menos educación pero tal vez con más suerte o habilidades "sociales" que tú; por eso aguantas, aguantas, aguantas, hasta que un día, léelo bien: simplemente mueres.

A veces no entiendo por qué deseamos tanto vivir una larga -y casi siempre indigna- vida, así sin más, sin quejarnos, sin oponernos, sin luchar por tener un poco más de dignidad. Y sin pensar en acabarla, pronto.



jueves, 2 de marzo de 2023

Mi vida con ellas

Antes de leer "Un cuarto propio" de Virginia Woolf, en una entrada anterior, escribía: "por alguna razón que otros sabrán explicar mejor, no siento una empatía especial por mi género; me caen bien o mal las personas, independientemente de que sean hombres o mujeres, no asumo que estas deban generarme aceptación sólo porque son como yo. (...) Tampoco siento que seamos más inteligentes, no creo que un mundo gobernado por nosotras sería mejor, ni que el hecho de poder dar vida nos haga superiores. No me parece que el hombre deba ser erradicado de la faz del planeta. De la misma manera, deploro que en muchos temas los hombres sean superiores porque nosotras no nos "preocupamos" por cultivarnos. Conozco mujeres brillantes, sí, con una vasta cultura, intelectuales, pero al menos en mi entorno, no son tantas como me gustaría".

Muchas cosas han cambiado: Woolf nos hizo saber que el hecho de que no existieran tantas mujeres científicas o artistas como hombres no era solo cuestión de voluntad, que tener poco conocimiento y formación no fue culpa de nosotras o de nuestra carencia de inquietudes o habilidades intelectuales; no fue nuestra decisión hablar solo de lo doméstico, ni del amor, ni tener tan poco interés en las cosas profundas, "excelsas" de la vida, como parecían tenerlo los varones: fue producto de unas condiciones de sometimiento inhumanas, porque durante siglos nos ubicaron en un nivel inferior al de las mismas bestias (en muchas culturas era mucho más importante poseer una vaca o un burro que una hija); se nos privó del uso de la palabra como expresión del pensamiento; se nos consideró inferiores intelectualmente y hasta algunas religiones como seres carentes de alma; se nos relegó del arte, de la escritura, de la política; se nos acusó de locas con tanta frecuencia que terminamos por creerlo, al igual que lo de insuficientes intelectual y físicamente. 

Aun arrastramos en nuestros cuerpos los ecos de esos estigmas: consideramos que porque nos falta o sobra un poco de grasa o vello o tenemos cierto tipo de cabello o de piel somos imperfectas y necesitamos acudir a productos y modificaciones que nos pueden llevar a la muerte. Somos inseguras porque el mundo se ha encargado de recordarnos cada día de nuestra existencia que tenemos que demostrar que somos iguales a los hombres aunque no lo seamos, porque ellos siguen teniendo los mayores privilegios.

Ahora somos profesionales y seguimos con la carga de la familia. Hay muchas más artistas, intelectuales, científicas, pero seguimos en desventaja: ganamos menos o se nos juzga con mayor severidad, poniendo especial atención a cualquier falla, al más mínimo asomo de emocionalidad para acudir a la sucia teoría de que estamos bajo los efectos de nuestro periodo o nos guía el resentimiento. 

No tienen que aprobar cada cosa que hacemos para defender el derecho, no solo a la igualdad, sino a nada más y nada menos que ¡a la vida! que se nos sigue arrebatando en virtud de nuestro sexo; pero pueden, al menos, tratar de entenderlo.

Nuestra existencia sigue siendo dura, pero seguimos en la lucha.

Vivir es gemir

  Tantos gemidos como personas en el mundo los he escuchado de todos los tipos unos suenan como lamentos  otros como suspiros hay unos de ha...