martes, 9 de julio de 2013

Memorias desde una clínica de abortos

Era un día normal de diciembre, pronto tendría que volver a su ciudad natal para celebrar las fiestas en familia. La abuela respiraba con dificultad en la habitación, las luces del árbol titilaban y ella, más por costumbre que por deseo, sucumbió.

Nada fuera de lo normal ocurrió hasta la víspera de año nuevo, cuando el olor de las viandas características la mareó y sintió ganas de vomitar. Los siguientes días los pasó en cama con lo que todos creían era un virus estomacal, sintiendo náuseas ante la sola presencia de la comida: y la regla no le había llegado. Definitivamente, al regresar tendría que hacerse una prueba.

Las enfermeras que entregaban el resultado no pudieron evitar un “uichhh" recriminatorio al ver su reacción desencantada ante el “discretísimo" positivo dicho en voz alta en frente de todos. Salió de ahí a la sala en la que él esperaba y no tuvo que decir nada. Había muchas cosas en qué pensar.

La cita fue a una hora temprana, primero debieron asistir a una charla en la que había otras parejas, ella sólo sintió curiosidad por una señora y una jovencita que se sentaban muy juntas. Cuando hicieron la presentación la señora dijo sus nombres y mencionó que su hija, con tan solo 14 años había salido embarazada y ¿qué iba a hacer con una criatura si la niña ni siquiera podía valerse por ella misma?

Después de recordarles la pertinencia de escoger un método anticonceptivo adecuado para no tener que volver a pasar por eso los dejaron ir; se sentaron en la cafetería y ella seguía sin saber, pensaba en la cara agria de su mamá, sus reproches eternos que ahora sí tendrían justificación. Lo odiaba, hubiera querido abrirle la tripa con un cuchillo, cortarle su asqueroso miembro causante de todo (ni siquiera había tenido un orgasmo, pedazo de mal polvo) ¡Y tenía que preñarla!

Llegó el día y allí estaba ella dejando su ropa en una canasta de plástico y poniéndose una bata, había dos opciones pero la de las pastillas implicaba tener que volver por un legrado; decidió hacer el procedimiento de una sola vez.

No hubo anestesia, al lado de la camilla una mujer le sostenía la mano y la miraba a la cara mientras le hablaba, tal vez para evitar que sintiera curiosidad de ver hacia abajo; ella sentía algo vibrar y moverse violentamente adentro suyo, sintió rabia, deseó haber nacido hombre, tuvo miedo de morirse y culpa, mucha culpa.

Pero sobrevivió, aunque tuvo que pasar varios días con un termómetro al lado de la cama ante cualquier indicio de fiebre (lo que podría significar una infección), retornó a su vida y pensó en no volver a repetirlo.

Aunque no lo cumplió.

martes, 28 de mayo de 2013

Pequeñas miserias

Que la rutina me carcome
Que la depresión me consume
Que tus besos me saben a mentira
A soledad y a miedo.

Que quiero quemar esta casa
Con todo y todos adentro
Que a veces te amo con un amor dudoso
Que no me alcanza hasta la mañana.

Que un día me cansaré de lavar tus trastos
Caminaré sobre tus calzoncillos manchados
Contestaré sí a esa pregunta y me iré lejos
Con sólo una maleta y mi dignidad recuperada.

lunes, 27 de mayo de 2013

No soy atea... ¡soy politeísta!

No sé debido a qué intereses económicos el imperio romano terminó claudicando frente a la poderosa iglesia monoteica (me gusta más esta palabra), lo cierto es que, si lo pensamos bien, eso hizo que de ahí en adelante la religión y la vida se hicieran muy pero muy aburridas.

Es por eso que, dentro del cuantioso tiempo que he dedicado a pensar y a cuestionar al dios del cristianismo y a todo lo que lo rodea, he terminado por crear en mi vida una especie de agnosticismo salpicado de politeísmo -como el que practicaban los griegos y romanos-, donde conviven una multitud de dioses semihumanos, con poder sobre los diferentes elementos pero que en ciertos casos comparten con nosotros los mortales la incapacidad para intervenir o cambiar ciertos acontecimientos. Me seducen mucho más estos seres  imperfectos, tan mundanos, que no son todopoderosos, que la mayoría de las ocasiones tienen que presenciar impotentes las catastrofes causadas por ellos o no por las que tienen que atravesar sus "hermanos menores" (como dirían nuestros parientes indígenas), sin poder cambiar las circunstancias, ni poder hacer nada para ayudarlos...

Me gusta más creer en una diosa Gea que domina lo tierra, un dios del sol (Helios) o de los océanos,  uno de la guerra, etc. Cuyos fundamentos son al menos concretos, más que  en uno omnipotente, omnipresente y omnisciente que aún así se queda estático, se deleita  con el sufrimiento teniendo todo el poder para erradicarlo, un dios “bueno" que no evidencia por ninguna parte su bondad...

En fin, que si como dicen las abuelas hay que creer en algo, prefiero creer en esos dioses sensuales,  aunque en realidad -y tal como se supone que ya lo habría hecho la humanidad-, yo ya he superado esa etapa animista y primitiva en la que las deidades son necesarias para explicar el mundo, porque entendí que no tiene sentido preguntarse el por qué de algo que simplemente no tiene respuesta. Aún.

jueves, 18 de abril de 2013

El nombre perfecto

                                              Para mi sobrina


Podría pasarme la vida aspirando tu olor
Siguiendo cada gesto, cada risa
Mirando a través de tus ojos asombrados
No tuve que amamantarte para sentirme atada a ti
Eres una Victoria de la existencia
Que vino a salvarnos de la tristeza y el olvido.

sábado, 13 de abril de 2013

Cambiar o no cambiar... esa es la cuestión

Es el dilema al que nos enfrentamos muchos mayores de 30  años: ¿Debemos seguir siendo los mismos, eternos niños o adolescentes, juguetones, risueños, o es preciso enseriarnos, pensar responsable y conservadoramente, abandonar los ideales juveniles para embarcarnos en la corriente “realista"?

¿Y si el cambio va en sentido contrario a lo que se espera, si se pasa de tradicional a rebelde y contestatario, características atribuidas exclusivamente a la gente “joven"? ¿Si lo que teníamos como ideal de vida deja de interesarnos o se torna  simplemente absurdo? ¿Eso significaría un retroceso o un avance?

A algunos les critican que sigan siendo los mismos, que no hayan “crecido"; a otros que  traicionaran los ideales que les fueron inculcados. Al parecer, siempre habrá algo por qué hacernos sentir culpables, aunque el cambio sólo debería ser necesario si nosotros así lo queremos o sentimos. Pero eso a nadie parece importarle, todos quieren imponer su verdad.

Tal vez en esto, como en casi todo, no hay verdades, nada está dicho...

miércoles, 9 de enero de 2013

Hermosa maternidad...

Muchas hablan de las maravillas de serlo, pero yo aún no encuentro una razón para querer tener descendencia.

Puede que en los albores de la humanidad fuera necesario reproducirse -por eso ha sido siempre inherente a nuestra condición de seres vivos-, pero ahora y en este mundo que odio, ¿qué justificaría lo que considero una irresponsabilidad? Me parece una falta de respeto con ese nuevo ser traerlo a la vida y una crueldad que en la mayoría de las familias de clase media se les dé a los hijos todo, se los malcríe con cosas innecesarias para luego sacarlos de la casa, de la "vagancia" en pro de la productividad, cuando no se les ha enseñado a ser productivos.

Muchos dirán que es la ley de la vida pero es asqueroso que, por ejemplo en E.E.U.U. quieran echarlos cuando obtienen su licencia de conducir -es decir a los 16 años- o les saquen provecho metiéndolos en cuanto concurso, comercial de t.v. o reinado encuentran (como lo podemos ver en los famosos "realities") siempre que les pueda traer algún beneficio. O ¿qué tal cuando se los retiene con el cuento de que todo está muy caro como para que puedan hacer su propia vida o de que "tienen" que ser el sostén de los padres en la vejez? ¿Y qué decir de los pobres miserables que utilizan a sus hijos para robar o pedir limosna, los que los alquilan, prostituyen, etc.?

No encuentro más que egoísmo en la paternidad (y en la maternidad obviamente) cuando no improvisación. Me sorprende el que los padres no enseñen nada, limiten su papel a comprar comida, trapos y juguetes (en los llamados hogares privilegiados) y buscar las instituciones más costosas, prejuiciosas y represivas (como  los colegios religiosos) sin ser capaces de transmitir algo esencial como el amor por el mundo y todo lo que lo habita.

El principal método de enseñanza termina siendo el pésimo ejemplo que se les da, la falta de respeto con que a veces se  los "reprende", los insultos o golpes y en no pocas ocasiones la permisividad... Luego se quejan, lloran y reclaman, aunque la mayoría termine mostrándose orgulloso para no reconocer su fracaso y en  muchos de los casos, serán más felices quienes tengan retoños escandalosamente ricos (aunque esa riqueza provenga del crimen) que quienes por obra del azar terminen teniendo la "mala suerte" de contar con personas pensantes dentro de su progenie (esto último como resultado  de la noción de éxito que impone nuestra trastornada sociedad).

En conclusión, seguirá siendo un bicho raro una mujer cuya mayor realización no sea ser madre y un hombre que decida no ir por ahí esparciendo su semilla. Yo entre tanto, miraré con algo de recelo a las madres y padres entre enamorados y hastiados de sus hijos maleducados e insoportables. Continuaré amando la música, los libros y a mí misma y esperaré el momento de extinguirme sin dejar mi huella genética, sin el placer incomparable de ser llamada mamá, deseando de todo corazón no tener que tragarme estas palabras algún día...

martes, 4 de diciembre de 2012

¿Qué nos pasa?

Hay momentos en los que desearía haber sido golpeada por algo muy fuerte en la cabeza y estar en coma, en medio de una discusión familiar sobre si me quitan los tubos o no... Que perdonen mi poca sensibilidad pero hay días en los que deseo la muerte o pienso en ella como la única solución posible y no porque sufra de alguna enfermedad catastrófica. Sé que parece blasfemia pero es que cada vez más me cuesta soportar tanta estupidez.

Nunca pensé que me acercaría a los cuarenta siendo una persona amargada, creí que estaría feliz y realizada... Nunca imaginé que terminaría repudiando instituciones tan sagradas como la iglesia y la familia... Nunca intuí que un tema que de niña me pareció tan misterioso y cierto como  la existencia de dios terminaría siendo motivo de conflicto, de rechazo hacia todo lo que me fue inculcado cuando no tenía posibilidad de resistir...

Estoy segura de que algo funciona mal en mí y tal vez si cayera en manos de un psiquiatra no tan brillante me diagnosticaría algún trastorno mental serio, de otra manera no me explico por qué no logro tragarme el odio, por qué no simplemente me siento feliz a disfrutar la t.v., los conciertos y los viajes; por qué no me siento conforme con un trabajo esclavizante y monótono en el que sólo contribuyo a que alguien se haga más rico pero me permite endeudarme para comprar cosas y tener que seguir trabajando para pagarlas dos veces -y hasta más- como se estila y luego perderlas por no haberlas pagado... ¿Por qué simplemente no me tiño las canas que empiezan a salir, me plancho el pelo, compro ropa de marca y salgo a rumbear todos los fines de semana a los sitios in de la ciudad?

¿Por qué no adaptarme si eso me haría más feliz, me libraría de la taquicardia y el ardor en el estómago que me producen las noticias? ¿Por qué me torturo con ellas y deseo asesinar a  nuestros gobernantes y a las personas fanáticas religiosas e intolerantes? ¿Por qué termino pareciéndomeles y no logro aceptar la idea de que debo compartir el aire y el mundo con ellas? ¿Por qué desprecio a los artistas, a todo ser convencido de algo, a los engreídos, los indiferentes, a los neutrales? ¿Por qué me hartan tanto la profundidad como la inconsistencia y la banalidad? ¿Por qué me repugnan los padres amorosos, las parejas felices y los amigos del alma? ¿Por qué detesto a la gente en general, su patrioterismo, su hipocresía, su negación a encontrarse consigo y con los otros? ¿Por qué disfruto más los hijueputazos que las caritas felices? ¿Por qué no puedo con esta realidad que me tocó vivir y me refugio en genios muy sabios y muertos hace mucho tiempo, que me conmueven más que las fotos falsas del facebook y sus frases "poéticas" miles de veces compartidas por gente que ni se conoce entre sí ni desea hacerlo?

Aunque no soy digna de comparación como Frida Kahlo "espero alegre la salida y espero no volver jamás". Ojalá al momento de mi muerte no me retracte y, parafraseando al asesino de Los Intocables, termine “chillando como un cerdo" por mi vida o implorando perdón al Todopoderoso de quien tanto he renegado...

Vivir es gemir

  Tantos gemidos como personas en el mundo los he escuchado de todos los tipos unos suenan como lamentos  otros como suspiros hay unos de ha...