¿Alguien podría decirme
Dónde hallaré a la gente buena?
Necesito desesperadamente un acto de bondad
Lo muros de maldad con que tropiezo
Estan destrozándome el alma
Ya casi no me quedan fuerzas
Para decir.
miércoles, 19 de febrero de 2014
miércoles, 23 de octubre de 2013
Eso que llaman patriotismo
Alguna vez lo padecí, estaba muy joven y vivía lejos, época que coincidió con un mundial de fútbol que siempre será recordado en estas latitudes por trágicas razones que no vienen al caso. Me la pasaba peleando con quien se atreviera a hacer cualquier comentario negativo, llegando a derramar lágrimas por culpa de una tierra que no me causaba más que vergüenza.
Con el tiempo terminé cuestionando el tomar partido por un país al que sólo me unía el haber nacido en él, con el que no compartía la manera típica de actuar ni de pensar de sus habitantes. Decidí renunciar a defenderlo y dedicarme a criticar, intentando en lo posible a través de mi actuar cambiar lo que no estaba bien -al menos en mi vida-, porque entendí que hace falta mucho más que desearlo para cambiar las cosas (a menos que fuera el deseo de muchos).
Y es que desafortunadamente dicho “sentimiento" permanece dormido durante la mayor parte de nuestra vida y sólo despierta -exaltado- en situaciones en las que medimos fuerzas con uno o varios contendientes de otras naciones (olimpiadas, mundiales y hasta reinados) para ir in crescendo cuando se alcanza el triunfo y terminar en un éxtasis desbocado o convertirse en una resaca depresiva cuando el resultado es el fracaso. Ambos casos igualmente dotados de una gran carga de violencia susceptible de ser disparada por el más pequeño acontecimiento.
¿Por qué debería pensar que este es el mejor 'vividero' sólo porque soy de aquí? ¿Qué lo hace tan bueno, si que yo sepa está plagado de males, de costumbres y formas de actuar terroríficas? Puedo reconocer que aquí hay lugares bonitos, pero ¿por qué tendría que creer que son mejores que los de cualquier otra parte del mundo?
Sé que para algunos decir esto es casi cometer un delito; que lo que yo considero objetividad para algunos es traición a la patria que debería pagar con el destierro. Desafortunadamente para ellos (o para mí), me dan mucha pereza las embajadas y los aeropuertos en los cuales precisamente por ser de donde soy siempre seré vista con desconfianza y sospecha. Por eso no me he ido.
Y es una lástima que lo único que me interesa de este lugar que son mis seres queridos nunca hayan deseado irse.
Y es una lástima que lo único que me interesa de este lugar que son mis seres queridos nunca hayan deseado irse.
Bueno, sólo algunos y ahí no más...
sábado, 24 de agosto de 2013
Este loco invento
Ya no puedo recordar cómo era mi vida antes; tal vez al levantarme y después de servirme el café prendiera la radio o el televisor; es posible que leyera el periódico o simplemente mirara por la ventana o hablara con las personas que vivían conmigo.
Puede que no lo sepa, pero estoy segura de que no soy la única. Y es que, ¿alguien sabe cómo nos comunicábamos con los familiares o amigos que vivían lejos? ¿Qué hacíamos con nuestro tiempo muerto, ese en que no estábamos trabajando, estudiando, durmiendo o enamorándonos? Me dirán que usábamos el teléfono, hacíamos visita, íbamos al cine o nos sentábamos en una panadería a tomar café o gaseosa con pan. Pero para bien o para mal, nuestra existencia nunca será la misma: Internet se ha adueñado de ella y de nuestro tiempo.
Tenemos a la mano desde pornografía hasta noticias de todos los rincones del mundo; desde vídeos de artistas desaparecidos hasta películas que aún no han llegado a los cines; desde recetas de cocina hasta la muerte de Gadafi en vivo y en directo... Ahora es posible contactarnos con gente que no sólo está lejos, sino que nunca hemos visto o no vemos en mucho tiempo, o más aún, que nunca veremos.
Esta maravilla global nos permite el don de la ubicuidad, la capacidad de expresar lo que sentimos y pensamos, cuándo y dónde se nos ocurra. También de ser militantes de múltiples causas: la defensa de los animales, la protesta social, la búsqueda de niños perdidos; la prevención del maltrato, los secuestros, el bullying; de participar en cadenas de oración por personas enfermas, compartir recetas milagrosas para curar el cáncer u otras enfermedades; alertar sobre los abusos de poder, las estafas de la industria farmacéutica o de las multinacionales que nos envenenan; expresar indignación por las múltiples guerras, la crítica a la clase política mundial, las cruzadas a favor y en contra de las religiones... Sentamos posición, criticamos, rechazamos, compartimos, perdemos y ganamos amigos y nos dormimos cada noche agobiados por las noticias desalentadoras o tranquilos de haber contribuido a que el mundo sea más justo, más creyente, o más escéptico; lo que sea, según los intereses de cada uno.
Tenemos a la mano desde pornografía hasta noticias de todos los rincones del mundo; desde vídeos de artistas desaparecidos hasta películas que aún no han llegado a los cines; desde recetas de cocina hasta la muerte de Gadafi en vivo y en directo... Ahora es posible contactarnos con gente que no sólo está lejos, sino que nunca hemos visto o no vemos en mucho tiempo, o más aún, que nunca veremos.
Esta maravilla global nos permite el don de la ubicuidad, la capacidad de expresar lo que sentimos y pensamos, cuándo y dónde se nos ocurra. También de ser militantes de múltiples causas: la defensa de los animales, la protesta social, la búsqueda de niños perdidos; la prevención del maltrato, los secuestros, el bullying; de participar en cadenas de oración por personas enfermas, compartir recetas milagrosas para curar el cáncer u otras enfermedades; alertar sobre los abusos de poder, las estafas de la industria farmacéutica o de las multinacionales que nos envenenan; expresar indignación por las múltiples guerras, la crítica a la clase política mundial, las cruzadas a favor y en contra de las religiones... Sentamos posición, criticamos, rechazamos, compartimos, perdemos y ganamos amigos y nos dormimos cada noche agobiados por las noticias desalentadoras o tranquilos de haber contribuido a que el mundo sea más justo, más creyente, o más escéptico; lo que sea, según los intereses de cada uno.
Pero ¿en qué radica el encanto, la seducción de este medio que nos hace apertrecharnos en nuestra cama o escritorio, protegidos detrás de una pantalla a través de la cual sólo mostramos lo que queremos y velamos lo que no nos enorgullece?
¿Será que nos libramos de la incomodidad del contacto, la inseguridad de 'la calle y sus vicios', del calor o del frío y de las inclemencias del tráfico? ¿Ahorramos tiempo y dinero, hacemos amigos a los que conservamos simplemente dando me gusta en sus publicaciones y enviando un mensaje o una postal virtual en sus cumpleaños, nos quedamos con los que nos son cercanos ideológicamente y nos deshacemos de aquellos que piensan diferente o no apoyan nuestras posturas? ¿Empezamos a detestar tener que salir, esperamos con ansia el momento de revisar nuestras notificaciones, nos cuesta concentrarnos en el aburrido profesor o conferencista que habla mientras podríamos estar chateando o whasapeando? ¿O simplemente nos saltamos las pocas normas sociales que subsisten y lo hacemos (escribir, revisar mensajes y fotos) sin ningún pudor?
Lo cierto es que resulta interesante preguntarse qué vendrá después y cuáles serán los efectos de este fenómeno en la sociedad. En el futuro inmediato seguiremos explotando esta herramienta capaz de hacernos fluctuar entre el anonimato y la efímera fama que nos proporciona la publicación de nuestros pobres triunfos en la vitrina a través de la cual observamos y nos observan, hasta que aparezcan otras, que no dejarán de aparecer...
Lo cierto es que resulta interesante preguntarse qué vendrá después y cuáles serán los efectos de este fenómeno en la sociedad. En el futuro inmediato seguiremos explotando esta herramienta capaz de hacernos fluctuar entre el anonimato y la efímera fama que nos proporciona la publicación de nuestros pobres triunfos en la vitrina a través de la cual observamos y nos observan, hasta que aparezcan otras, que no dejarán de aparecer...
jueves, 22 de agosto de 2013
Creo que he cumplido
Porque estoy en este mundo sin haber pedido venir
Mi único deber es conmigo mismo
Hacer por mí lo que mis padres y nadie pudo
Buscar los esquivos momentos de tranquilidad evadiendo la desgracia.
Aunque no todo dependa de mí
No necesito a otro a quién hacer feliz
Puedo intentarlo conmigo
Dejemos a los no nacidos quietos en la nada del no ser
En la absoluta paz.
Mi único deber es conmigo mismo
Hacer por mí lo que mis padres y nadie pudo
Buscar los esquivos momentos de tranquilidad evadiendo la desgracia.
Aunque no todo dependa de mí
No necesito a otro a quién hacer feliz
Puedo intentarlo conmigo
Dejemos a los no nacidos quietos en la nada del no ser
En la absoluta paz.
jueves, 1 de agosto de 2013
De mí
Soy repetitiva, hay ciertos temas que me obsesionan y sobre los que vuelvo una y otra vez: religión, política, maternidad... Sobre la primera no tengo -ni creo que tenga en el futuro- algo bueno qué decir; con respecto a la segunda, reafirmo mi posición “de extrema" recalcitrante y acerca de la tercera, aunque siento que no he dicho suficiente, prolongaré ese placer para otra ocasión.
Últimamente le he dado vueltas a la cuestión del cambio y lo retomo porque algunas personas que dicen tenerme cierto cariño han reclamado mi tendencia a hacer o decir cosas “impropias" para mi edad.
A los que dicen que a los cuarenta no queda bien ser revolucionario solo puedo replicarles que parte de crecer, para mí, es adquirir una voz que ni de fundas podría haber tenido a los veinte (cuando mi mayor preocupación era a quién se lo daba). Haber vivido me permite tener una posición frente al mundo y, sinceramente, no encuentro una razón válida para estar a favor de un sistema que ha sido despiadado con el mismo ser que lo creó (el hombre, por supuesto) y con la naturaleza, llevándolos al extremo de la degradación. Por eso me identifico con tendencias que ponen la vida por encima de la riqueza material, que apoyan la igualdad de derechos y castigan la discriminación; que dan al individuo la posibilidad de decidir sobre su vida y su cuerpo, porque lo reconocen pensante y no como un autómata descerebrado al que hay que trazarle el camino. Creo que estos son los fundamentos básicos del humanismo, pero a otros les suena a discurso comunista.
No tengo problemas en ventilar mi vida y mis defectos, me han visto burlarme de ellos y criticarme, pues aunque me formé para estudiar al ser humano me he dedicado especialmente a hacerlo con mis sentimientos, experiencias y gustos. Es por ello que través de la escritura hago catarsis y autoanálisis, aunque no tenga mucho talento y sea incapaz de escribir un cuento o un poema tan siquiera regular. Admiro a tantos escritores que logran deleitar a las masas con sus historias, que a mí me hace feliz que tres o cuatro de mis amigos lean estas palabras.
Últimamente le he dado vueltas a la cuestión del cambio y lo retomo porque algunas personas que dicen tenerme cierto cariño han reclamado mi tendencia a hacer o decir cosas “impropias" para mi edad.
A los que dicen que a los cuarenta no queda bien ser revolucionario solo puedo replicarles que parte de crecer, para mí, es adquirir una voz que ni de fundas podría haber tenido a los veinte (cuando mi mayor preocupación era a quién se lo daba). Haber vivido me permite tener una posición frente al mundo y, sinceramente, no encuentro una razón válida para estar a favor de un sistema que ha sido despiadado con el mismo ser que lo creó (el hombre, por supuesto) y con la naturaleza, llevándolos al extremo de la degradación. Por eso me identifico con tendencias que ponen la vida por encima de la riqueza material, que apoyan la igualdad de derechos y castigan la discriminación; que dan al individuo la posibilidad de decidir sobre su vida y su cuerpo, porque lo reconocen pensante y no como un autómata descerebrado al que hay que trazarle el camino. Creo que estos son los fundamentos básicos del humanismo, pero a otros les suena a discurso comunista.
No tengo problemas en ventilar mi vida y mis defectos, me han visto burlarme de ellos y criticarme, pues aunque me formé para estudiar al ser humano me he dedicado especialmente a hacerlo con mis sentimientos, experiencias y gustos. Es por ello que través de la escritura hago catarsis y autoanálisis, aunque no tenga mucho talento y sea incapaz de escribir un cuento o un poema tan siquiera regular. Admiro a tantos escritores que logran deleitar a las masas con sus historias, que a mí me hace feliz que tres o cuatro de mis amigos lean estas palabras.
También me gusta hablar. Más que gustarme, es uno de los placeres que más disfruto y lo llevo hasta sus últimas consecuencias, porque carece de sentido si no llego al menos a un acuerdo con mi interlocutor. Si con alguno no coincido en religión o política, al menos debo terminar conviniendo en las maravillas del café o en lo hermosos que son los gatos o cualquiera de los demás animales. Cuando eso no pasa y el contertulio es difícil, temo que me veré enfrentada a una que otra peleílla, que por cierto no me desagradan del todo.
Así que mi propuesta es: sentémonos y hablemos. Nadie tiene que ser o hacer nada que no quiera, démosle una patada a esos prejuicios que hacen la vida más aburrida.
Aquí estaré esperando.
Así que mi propuesta es: sentémonos y hablemos. Nadie tiene que ser o hacer nada que no quiera, démosle una patada a esos prejuicios que hacen la vida más aburrida.
Aquí estaré esperando.
martes, 9 de julio de 2013
Memorias desde una clínica de abortos
Era un día normal de diciembre, pronto tendría que volver a su ciudad natal para celebrar las fiestas en familia. La abuela respiraba con dificultad en la habitación, las luces del árbol titilaban y ella, más por costumbre que por deseo, sucumbió.
Nada fuera de lo normal ocurrió hasta la víspera de año nuevo, cuando el olor de las viandas características la mareó y sintió ganas de vomitar. Los siguientes días los pasó en cama con lo que todos creían era un virus estomacal, sintiendo náuseas ante la sola presencia de la comida: y la regla no le había llegado. Definitivamente, al regresar tendría que hacerse una prueba.
Las enfermeras que entregaban el resultado no pudieron evitar un “uichhh" recriminatorio al ver su reacción desencantada ante el “discretísimo" positivo dicho en voz alta en frente de todos. Salió de ahí a la sala en la que él esperaba y no tuvo que decir nada. Había muchas cosas en qué pensar.
La cita fue a una hora temprana, primero debieron asistir a una charla en la que había otras parejas, ella sólo sintió curiosidad por una señora y una jovencita que se sentaban muy juntas. Cuando hicieron la presentación la señora dijo sus nombres y mencionó que su hija, con tan solo 14 años había salido embarazada y ¿qué iba a hacer con una criatura si la niña ni siquiera podía valerse por ella misma?
Después de recordarles la pertinencia de escoger un método anticonceptivo adecuado para no tener que volver a pasar por eso los dejaron ir; se sentaron en la cafetería y ella seguía sin saber, pensaba en la cara agria de su mamá, sus reproches eternos que ahora sí tendrían justificación. Lo odiaba, hubiera querido abrirle la tripa con un cuchillo, cortarle su asqueroso miembro causante de todo (ni siquiera había tenido un orgasmo, pedazo de mal polvo) ¡Y tenía que preñarla!
Llegó el día y allí estaba ella dejando su ropa en una canasta de plástico y poniéndose una bata, había dos opciones pero la de las pastillas implicaba tener que volver por un legrado; decidió hacer el procedimiento de una sola vez.
No hubo anestesia, al lado de la camilla una mujer le sostenía la mano y la miraba a la cara mientras le hablaba, tal vez para evitar que sintiera curiosidad de ver hacia abajo; ella sentía algo vibrar y moverse violentamente adentro suyo, sintió rabia, deseó haber nacido hombre, tuvo miedo de morirse y culpa, mucha culpa.
Pero sobrevivió, aunque tuvo que pasar varios días con un termómetro al lado de la cama ante cualquier indicio de fiebre (lo que podría significar una infección), retornó a su vida y pensó en no volver a repetirlo.
Aunque no lo cumplió.
Aunque no lo cumplió.
martes, 28 de mayo de 2013
Pequeñas miserias
Que la rutina me carcome
Que la depresión me consume
Que tus besos me saben a mentira
A soledad y a miedo.
Que quiero quemar esta casa
Con todo y todos adentro
Que a veces te amo con un amor dudoso
Que no me alcanza hasta la mañana.
Que un día me cansaré de lavar tus trastos
Caminaré sobre tus calzoncillos manchados
Contestaré sí a esa pregunta y me iré lejos
Con sólo una maleta y mi dignidad recuperada.
Que la depresión me consume
Que tus besos me saben a mentira
A soledad y a miedo.
Que quiero quemar esta casa
Con todo y todos adentro
Que a veces te amo con un amor dudoso
Que no me alcanza hasta la mañana.
Que un día me cansaré de lavar tus trastos
Caminaré sobre tus calzoncillos manchados
Contestaré sí a esa pregunta y me iré lejos
Con sólo una maleta y mi dignidad recuperada.
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