miércoles, 19 de abril de 2023

Poema a mi amor

 Mi amor sabe que me ama

por eso deja platos sucios en la mesa

y calzoncillos en la ducha

para que demuestre cuánto lo quiero


Mi amor no expresa que me ama

pero lo intuyo en su mirada

dice que lo demuestra en la cama

aunque su pasión no me alcance para nada


Para mi amor no sirvo

se cansa de cargar conmigo

aunque soy yo quien lo abraza

cuando de miedo tiembla como un niño


Mi amor me ama

pero es muy hombre para decirlo

se cree el sostén de la casa

pero soy quien pago los recibos


Mi amor me asusta hablando fuerte

y golpea con sus puños la mesa

no sabe que me dolería mi muerte

porque lo dejaría solo, a su alteza.


jueves, 30 de marzo de 2023

¿Habemus dignidad?

 Debería ser una máxima innegociable: que una vida sin dignidad no merece la pena ser vivida. Pero, primero: ¿qué es la dignidad? "Cualidad de digno", dice la RAE. "Cualidad del que se hace valer como persona", apunta Google. Entonces,, ¿es algo que se nos otorga o es una característica que decidimos voluntariamente? "Cargo o empleo honorífico", "prebenda del Obispo u Arzobispo", insiste la RAE. En fin, algo que depende de un título (la dignidad del Rey, por ejemplo), de una jerarquía, de una posición. No es para todos, por tanto, no todos somos dignos (aunque podamos actuar con dignidad) ¿Alguien lo entiende?

"¿Se va a hacer la digna?" le decía en mis tiempos el novio a la novia cuando esta lo pillaba coqueteando a sus espaldas y lo castigaba "con el látigo de la indiferencia"; entonces, es algo así como deponer el placer por causa de un capricho u orgullo tonto. "Tan jodido y tan digno", decían o dicen las señoras de bien cuando un pobre se niega a arrastrarse por tres pesos o lo que sea. En mi país, ser digno parece ser un poco estúpido o no ser "vivo" (avión, como predica nuestro credo colombiano y especialmente paisa) un oportunista y aprovechado, perderse la ocasión que se sirve en bandeja, rechazar una ventaja. 

Pero, ¿qué diablos es, en la práctica, vivir con dignidad? Mejor dicho, ¿pueden ostentarla los pobres como los ricos, los negros como los blancos, las mujeres como los hombres o es una cualidad segregacionista, un privilegio?

Me he propuesto vivir con dignidad -aun sin saber lo que eso pueda significar-: trato de decir lo que pienso (no siempre como lo pienso porque ¡qué problemático sería!) y de quien lo pienso; hay innegociables, cosas con las que definitivamente no puedo; aun así he permitido maltratos de tantas fuentes, incluyendo el sistema mismo, la familia, los amigos, los cercanos. "Es que la mala educación pulula en los hogares" -me digo-; "tienen problemas psicológicos, traumas" -me explico-; "en realidad no quieren hacer daño, aunque lo hagan" -me conformo-; y así voy por la vida, pensando que el insulto, la vejación, el abuso, no son culpa de quienes los ejercen sino de algo mayor (el capitalismo, el mal que nos acecha, el viento que nos empuja, como decía ese soberbio cura interpretado por Phillip Seymour Hoffman en La duda).

Dicen que la dignidad es imposible cuando tienes hambre (o hijos con ella), por eso toleras que te escriban mensajes a las 9 de la noche o los fines de semana, por eso permites que te "llame al orden" alguien con menos educación pero tal vez con más suerte o habilidades "sociales" que tú; por eso aguantas, aguantas, aguantas, hasta que un día, léelo bien: simplemente mueres.

A veces no entiendo por qué deseamos tanto vivir una larga -y casi siempre indigna- vida, así sin más, sin quejarnos, sin oponernos, sin luchar por tener un poco más de dignidad. Y sin pensar en acabarla, pronto.



jueves, 2 de marzo de 2023

Mi vida con ellas

Antes de leer "Un cuarto propio" de Virginia Woolf, en una entrada anterior, escribía: "por alguna razón que otros sabrán explicar mejor, no siento una empatía especial por mi género; me caen bien o mal las personas, independientemente de que sean hombres o mujeres, no asumo que estas deban generarme aceptación sólo porque son como yo. (...) Tampoco siento que seamos más inteligentes, no creo que un mundo gobernado por nosotras sería mejor, ni que el hecho de poder dar vida nos haga superiores. No me parece que el hombre deba ser erradicado de la faz del planeta. De la misma manera, deploro que en muchos temas los hombres sean superiores porque nosotras no nos "preocupamos" por cultivarnos. Conozco mujeres brillantes, sí, con una vasta cultura, intelectuales, pero al menos en mi entorno, no son tantas como me gustaría".

Muchas cosas han cambiado: Woolf nos hizo saber que el hecho de que no existieran tantas mujeres científicas o artistas como hombres no era solo cuestión de voluntad, que tener poco conocimiento y formación no fue culpa de nosotras o de nuestra carencia de inquietudes o habilidades intelectuales; no fue nuestra decisión hablar solo de lo doméstico, ni del amor, ni tener tan poco interés en las cosas profundas, "excelsas" de la vida, como parecían tenerlo los varones: fue producto de unas condiciones de sometimiento inhumanas, porque durante siglos nos ubicaron en un nivel inferior al de las mismas bestias (en muchas culturas era mucho más importante poseer una vaca o un burro que una hija); se nos privó del uso de la palabra como expresión del pensamiento; se nos consideró inferiores intelectualmente y hasta algunas religiones como seres carentes de alma; se nos relegó del arte, de la escritura, de la política; se nos acusó de locas con tanta frecuencia que terminamos por creerlo, al igual que lo de insuficientes intelectual y físicamente. 

Aun arrastramos en nuestros cuerpos los ecos de esos estigmas: consideramos que porque nos falta o sobra un poco de grasa o vello o tenemos cierto tipo de cabello o de piel somos imperfectas y necesitamos acudir a productos y modificaciones que nos pueden llevar a la muerte. Somos inseguras porque el mundo se ha encargado de recordarnos cada día de nuestra existencia que tenemos que demostrar que somos iguales a los hombres aunque no lo seamos, porque ellos siguen teniendo los mayores privilegios.

Ahora somos profesionales y seguimos con la carga de la familia. Hay muchas más artistas, intelectuales, científicas, pero seguimos en desventaja: ganamos menos o se nos juzga con mayor severidad, poniendo especial atención a cualquier falla, al más mínimo asomo de emocionalidad para acudir a la sucia teoría de que estamos bajo los efectos de nuestro periodo o nos guía el resentimiento. 

No tienen que aprobar cada cosa que hacemos para defender el derecho, no solo a la igualdad, sino a nada más y nada menos que ¡a la vida! que se nos sigue arrebatando en virtud de nuestro sexo; pero pueden, al menos, tratar de entenderlo.

Nuestra existencia sigue siendo dura, pero seguimos en la lucha.

domingo, 5 de febrero de 2023

Gracias a la vida

 Solía pasar de la envidia al alivio cuando veía parejas que acumulaban muchos años juntos, a veces pensaba ¿por qué no pude tener lo mismo? Pero también ¿cuánto me habría costado en términos de libertad, compartir gran parte de mi vida con alguien más? Pero en últimas el mayor interrogante siempre ha sido ¿por qué nos inocularon esa idea -tan macabra por lo inexistente- del amor? ¿Querían hacernos vivir en la frustración, porque todos sabemos que eso que  muestran en las comedias románticas es imposible?

Tuve la oportunidad de casarme y la desperdicié, tuve la oportunidad de ser madre y la rechacé, no imaginaba de ninguna de las dos maneras un ser dependiente de mí y constantemente demandante de mi energía: apenas puedo conmigo. Admiro a las buenas madres, a las que pueden con todo y además dan amor, no a las que buscan cómo deshacerse de sus hijos dejándolos al cuidado de otros ni a las que los ignoran y maltratan (aunque casi las entiendo, debe ser agotador vivir con el ruido propio y sumarle el de otros).

Ahora valoro todo lo que el amor “no permanente" me permitió: sufrí, sí, pero me reinventé un par de veces (y espero seguir haciéndolo); fui a tantos lugares sola que aprendí a disfrutarlo -y a buscarlo-; nunca fui la madre de nadie y hace mucho dejé de ser la pareja de alguien; soy solo yo y aunque a veces me queje, en general me encanta. 

Ya no creo y mucho menos sufro por no haber tenido acceso a esa “felicidad conyugal" de que muchos presumen y que está plagada casi en general de grandes sacrificios, engaños y auto engaños, aplazamientos y encubrimientos; pero sobre todo de una pérdida de individualidad y de la incapacidad de auto percibirse como un ser completo, y suficiente.

Tal vez esto no aplique para todos los casos y muchos sientan que su vida marital les permitió realizar completamente su potencial. Yo le agradezco a la vida hoy que mi historia haya sido otra.

Y que venga lo que venga.


lunes, 9 de enero de 2023

Opiniones impopulares

 Si tuviéramos esa hermosa cualidad llamada miedo al ridículo tendríamos en cuenta estos tips:

- Que hayas nacido y vivido en una población cualquiera de este trajinado y saqueado país no lo hace el lugar más bello del universo. Te falta mucho, pero mucho mundo, Yesenia.

- Todos en algún momento de la vida hemos tenido una hora, unos días, unos meses, unos años miserables. La vida perfecta no existe sino en tu imaginación y en la de los desesperados que revisan las redes de los influencers para amargarse, Jhonatan. Ubícate.

- Ver películas navideñas gringas debería provocarnos vergüenza y depresión a los habitantes de este platanal: aquí no hay decoraciones lindas ni regalos soñados ni Santas rubicundos, aquí lo que hay es un sancocho vergonzoso de chucherías desechables chinas, mala comida y un montón de borrachos echando voladores, quedándose dormidos con la botella de Old Parr o aguardiente en la mano al lado del picó (parlante), despertándose cada vez que intentan apagárselo o llevarlo a acostar. Corronchería pura y dura.

- Tener un trabajo, casa propia, un carrito, familia no son sinónimo de felicidad, son las cosas que la sociedad prefabricada en la que naciste te hace creer que son las metas a lograr para todo ser humano. No presumas de tus miserias impuestas, te ves patético, Brayan.

- No nena, no eres fitness porque te operaste y el cirujano te marcó los abdominales y los bíceps y te recomendaron una rutina de gimnasio, dieta y masajes para no perder los milloncitos que invertiste: los cuerpos de los verdaderos deportistas no son tan perfectos ni exagerados. Deja de engañar al prójimo, Dismary.

- No gente, la salud mental no depende de nosotros ni es una actitud, es producto de una sociedad superficial y excluyente: a ese joven con esquizofrenia que no tiene seguridad social si no toma su medicamento pueden enloquecerlo las voces en su cabeza; a esa amiga bipolar no le dan ataques de locura cuando bebe, está enferma; ese adulto mayor deprimido no tiene apoyo psico social y además su pensión no le alcanza. Dejen de creer las bobadas de los fraudulentos coaches, los curas retirados que ahora son consejeros emocionales y de cuanto pastor, pseudo artista y charlatán que pontifican sobre lo que no saben. Vayan a terapia con psicólogos de verdad. 

De nada.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Soy esa

Soy un grano de arena en la playa del mundo

-entre muchos otros-

una pequeña piedra del mismo material del universo

de los planetas y las estrellas

como en ellas

hay en mí destellos luminosos y fragmentos oscuros


Soy una de tantas 

y soy

distinta,

única

una sangre me recorre

un montón de colores

y dolores

la marea me ha azotado contra otras piedras

contra fragmentos de coral y vestigios de naufragios:

me ha formado así, desigual y porosa


No dejaré de ser, 

aunque los rastros de la gran roca de que provengo,

se desvanezcan

soy esta que soy y no otra: 

un pedazo de materia imperfecta.



martes, 15 de noviembre de 2022

Envejecer

 Si el desgaste corporal empieza muy temprano en el ciclo vital (podría decirse que casi en el mismo momento en que se completa el desarrollo), ¿cuándo y con qué criterios determina la sociedad que estamos viejos? Se considera persona mayor a quien sobrepasa los 60 años pero, ¿es aplicable a todas las culturas, en todos los contextos y a todos los fenotipos? ¿Cuándo en realidad empieza a constatarse el natural “declive"? Resulta paradójico que en el convulsionado mundo actual cada vez se nos califica de "ancianos" a una edad más temprana, pero a la vez se prolonga la senectud a través de tratamientos médicos y otros artificios como procedimientos estéticos, inyecciones, cirugías, gimnasios y hasta retoques fotográficos.

Solo alguien que cuenta con una edad que para la sociedad es “avanzada" puede entender lo cruel que llega a ser intentar subsistir en una sociedad que pareciera buscar con su desprecio exorcizar el miedo que le provoca envejecer, que para muchos ha significado pasar a ser parte del grupo de los rechazados, de los que deben ser inmunes a las burlas, los comentarios indiscretos y, en su manifestación más extrema, la segregación misma.

¿Por qué -se pregunta el que madura- si mis canas en el espejo y las personas, crueles algunas, inocentes otras, dicen que estoy cerca de ser un viejo, mi cuerpo y mi mente palpitan más que antes? ¿Tal vez porque he constatado que nuestro tiempo en este mundo es finito y lo que despierta más las ansias de vivir es haber visto -con las alegrías y sufrimientos que supuso- de lo que como especie somos capaces, de lo maravilloso tanto de lo complejo como de lo simple, algo que no podría haber vislumbrado en la convulsionada adolescencia o la resplandeciente juventud?

Los Estados, específicamente en países como el nuestro, deberían tener más y mejores políticas frente al tema, que incluyan protección económica -como la posibilidad de pensionarse a quienes no tuvieron la oportunidad de cotizar-, pero también fomentar la inclusión de otras maneras: en lo laboral y en lo educativo, por ejemplo, y con programas que no sean solo para que los adultos mayores diviertan a los mandatarios de turno bailando ritmos folclóricos, sino que les den la dignidad y el puesto que se merecen en esta cultura cada vez más gerontofóbica. Y educar, por supuesto, para que se sepa que no hay nada de malo en envejecer. 

Y menos en reconocerlo.

Gemir = vivir

  Tantos gemidos como personas en el mundo los he escuchado de todos los tipos unos suenan como lamentos  otros como suspiros hay unos de ha...