Entradas

Una prueba de amor

 Dijeron que no mejorarías, que el paso del tiempo se sentía en tus órganos, que tus riñones ya no funcionarían como antes... Había tres opciones de tratamiento y yo, preocupada pero "pragmática", me decidí por el más "económico". Juro que intenté hacerlo todo y no olvidar darte tus medicinas; que aunque me dolió compré ese medicamento costoso -que tal vez haya sido un placebo, porque resultó ser homeopático- y vi cómo el del dolor te mejoraba el ánimo y el apetito; un día ya no los toleraste más y te empeñaste en devolverlos una y otra vez, con tanto empeño como el que yo le ponía a repetirte la dosis devuelta. Te empecinaste, dejaste de comer y de beber, te encerraste en ese cuarto sucio y oscuro de donde no volviste a salir por tus propios medios. Estabas muriendo y me negaba a aceptarlo. Cada día de diez me levanté esperando que estuvieras en el patio disfrutando del sol o que hubieras partido durante la noche, para no tener que enfrentar la triste decisión de t...

Carta para Mochis

 ¿Qué puedo decir ahora que ya no estás? Solo que nunca pude pagarte -no hubiera podido hacerlo- el inmenso amor, la compañía constante, el apoyo, la escucha, todo... ¿Cómo puede amar tanto un gato? ¿Cómo puede hacer sentir cobijado a un inmundo ser que tanto lo olvida y abandona? ¿Cómo no sentirme una más de tus crías aunque no hubiera salido de tu pequeño vientre? Me dejas en una soledad inmensa, aunque más fuerte y dispuesta a hacerle frente a la vida, al mundo, aunque ahora sin ti. No toleraba más tu cuerpo sufriente, no te quería débil, enferma, ni dolorida como estabas, no por mí, esta vez no es mi egoísmo el que habla, es mi profundo amor el que te que te deja ir, el que te quiere libre y siento parte, otra vez, de la tierra.  Ve allá, Mochita.  

¿Dónde está la Humanidad?

En estos tiempos de tan variadas formas de comunicación la gente muere sola: ancianos, personas de mediana edad, adultos jóvenes, adolescentes son encontrados en sus casas; sus cuerpos (a veces con varios días de descomposición) dan cuenta de que esas palabras finales no fueron oídas, esa mirada postrera no se dirigió a nadie, esa mano no fue tomada por última vez por un otro; una vida más que se apagó sin testigos (como muchos enfermos de covid). ¿Dónde está la humanidad, ahora que las nuevas generaciones se levantan para defender la tierra, a los animales, a los habitantes originarios de las naciones, a las minorías raciales y sexuales? ¿Dónde la solidaridad, que todos sentimos que esas millones de vistas en nuestras fotos y publicaciones no se traducen en una llamada, en un mensaje para saber cómo estamos o si necesitamos un par de pastillas o una sopa para el alma o para la gripe? En una sociedad hiperconectada el individualismo no es solo preocupante, es absolutamente doloroso; el...

Un cuarto propio

 Hay miles de cosas que no se enseñan en los colegios, a pesar de la cantidad de contenidos, investigaciones y todo tipo de pedagogías que se venden como innovadoras y las verdaderas respuestas a todas las demandas de conocimiento de la sociedad actual.  Uno de los textos que debería ser obligatorio es ese maravilloso ensayo Una habitación propia ( A room of one's own)  en el que Virginia Wolf hace un siglo proponía que para que las mujeres pudieran escribir novelas debían poseer un lugar (físico, mental) y dinero. Todo el género femenino debería leerlo y los hombres también, en lo posible. ¿Cuántos padres, a lo largo de la historia, pensaron en la necesidad de dejar a sus hijas una herencia, un legado educativo, una renta? Podrán decir que hasta hace pocas décadas ellas no podían siquiera disponer de su dinero y sus bienes, ni acceder a la educación superior ni participar en la política, entonces, ¿para qué perder la plata si iban a terminar dedicadas a la casa, los hijo...

Mi amigo burgués

 Nació en el seno de una familia trabajadora, sus padres (o al menos uno de ellos) fueron a la universidad, estudiaron una carrera técnica o salieron de uno de esos colegios que formaban docentes o bachilleres comerciales, gracias a lo cual pudieron conseguir un trabajo estable e ir avanzando en sus carreras a medida que estudiaban y ganaban experiencia. Por lo mismo, tuvieron casa propia y pudieron vacacionar -al menos una vez al año-, en su país o en uno cercano en Latinoamérica; incluso ir una que otra vez a USA, por tener familiares allá.  Supo lo que era tener un carro familiar (tal vez un taxi) primero usado, luego nuevo, no de alta gama pero respetable. El papá le enseñó a manejar o en su defecto el abuelo, un tío, primo o hermano mayor. Por ahora no tiene vehículo porque le preocupa el medio ambiente, por eso usa Uber o alguna otra plataforma (aunque puede que en algunos meses compre un carro eléctrico o a gas, para cuidar el planeta; sus ingresos de más de seis salari...

El arte de nombrar-se

 Soy obsesiva con el tema del nombre: el de las personas, de las cosas, de todo lo que existe. Fue el tema de mi trabajo de pregrado y me sigue rondando, pero ¿cómo no? Si no hay cosa más humana que nombrar (¿o acaso la gata le pone nombre a sus crías?). “Todos tenemos algo qué decir de nuestro nombre" escribía una joven yo aspirante a psicóloga hace dos décadas: “si nos gusta o lo odiamos, si era el de algún pariente que no conocimos o del artista de moda en la época en que fuimos concebidos... Nuestros padres al nombrarnos, nos dan verdaderamente la vida, pues antes flotamos en la nada de la indiferenciación; el nombre nos da acceso a lo simbólico del lenguaje". Recuerdo que hace algunos años mi pequeña ahijada cambiaba de nombre cada semana y pretendía que toda la familia la llamara con el de su momentáneo capricho; pues bien, algunos se molestaban e insistían en llamarla por el nombre que le habían dado sus padres. Yo accedía a sus deseos con gusto pues no creía que esto ...

Ese

El envidioso, el chicanero, el acomplejado, el avivato; el ignorante, el mentiroso, el arribista, el ventajoso; el violento, el pacato, el hijueputa, el asesino; el inculto, el paramilitar, el traqueto, el embaucador; el rezandero, el interesado, el traicionero, el hipócrita; el receloso, el godo, el narco, el psicópata; el que compra votos, el que elige asesinos; el rata, el malparido, el que se roba elecciones, el que vende hasta a su madre; el brujero, el chichipato, el que se roba hasta un hueco, el goterero; el que come mierda y escupe pollo; el borracho, el violador, el sucio; el que mata animales; el prepago, el pecueco, el vulgar, el pedante; este impune chochal bicentenario tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y dudo que algún día se las pueda cobrar.