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¡Dios, si pudiera escribir!

 ¡Ya quisiera yo escribir para contar! De ardor quemante, fundiciones Voces temblorosas en la noche ciega Cuerpos hechos gelatina Humedades, manantiales descontrolados  El espasmo que recorre todo ¿Qué decir, amigo, de labios sobre pezones? De yemas recorriendo hombros, brazos, espalda De piernas anudando otras piernas Dedos rosados en la boca, uno a uno Y luego, ¿cómo expresarlo? Soledad, desolación, separación Un planeta entero en medio de dos que acaban de amarse Lágrimas Ovarios y úteros Sangrados, inflamaciones, contracciones  Bebés que no llegaron a serlo Dolores de parto sin haber parido ¿Qué podría decirte, amiga que sueñas con trompas de Falopio? De estremecimientos Punzadas con picahielos en el centro de... ¿Y qué de la muerte, del dolor de cada día? No sabes nada, amiga No sabes nada, amigo Yo no sé nada más que... ¡Háblame, cuéntame lo que sabes! Porque no sé escribir

Decálogo 2

 Supongo que serán muchas más, por ahora solo completaré las diez: 6. El sexo puede ser solamente sexo, no necesariamente sinónimo de amor, de relación, de compromiso; puede ser solo goce, disfrute, intercambio. Ojo, eso no excluye la empatía, preocuparse por el otro, expresar afecto y ejercer el cuidado. 7. Ninguna persona es posesión de otro, ni aunque lleve su mismo apellido y exista un documento que certifique una unión; intentar poseer nos lleva a sufrir y hacer sufrir a otros, a ahogarnos y ahogarlos como esas plantas a las que las malas hierbas les roban el agua y los nutrientes y se secan y mueren. 8. Es válido cambiar de opinión, replantearse las cosas, abandonar ideas y valores que defendimos, ¿quién dijo que permanecer inmutables es una cualidad? Si el mundo es cambiante, ¿no deberíamos serlo también sus habitantes? Es sano autocriticarse, pensar y repensarlo todo, recordar que el cambio es la esencia de la vida y no temerle.  9. Puede haber muchas formas distintas ...

Decálogo 1

 Trataré de plasmar las cosas que a mi juicio debemos tener presentes para vivir mejor y sufrir un poquito menos. Aquí van: 1. Admitir que los que NO están es porque así lo desean; no se puede obligar a nadie a permanecer, a disfrutar de nuestra compañía. Que esté el que quiera, así de simple. 2. De 20 cosas que hagamos en el día, la semana, el mes o el año 19 pueden salir mal -incluso las 20-, pero eso no debe impedir que sigamos intentándolo una y otra vez cada día, hasta que una sola de esas cosas (o algunas, o todas) funcione. 3. Siempre se puede volver a comenzar, siempre es posible recoger los pedacitos de corazón y volver a juntarlos; quedará remendado y con grietas pero de eso se trata la supervivencia: de sanar las heridas y vivir con las cicatrices (lo dijo Margaret Mead, lo dice el Kintsugi japonés) ¡Creámoslo!  4. La existencia no puede limitarse a esperar que esa alma gemela llegue, que el trabajo soñado aparezca, que nos llamen los amigos y los seres queridos: " ...

Mi amigo burgués 2

 Se siente muy satisfecho con este nuevo triunfo del progresismo latinoamericano: mi amigo es, ante todo, un demócrata y aunque está convencido de que el capitalismo es el sistema más viable para la coexistencia entre sociedades disímiles, le parece que se ha convertido en un lobo feroz que ha azotado a los países dejándolos sumidos en la miseria y la hambruna, mientras unos -muy pocos- poseen la mayor parte de la riqueza. Está seguro de que es necesaria una inyección de humanidad, un intento por emparejar las cosas; sueña con un futuro en el que sus vástagos no tengan que avergonzarse por tomar el brunch en la terraza de un buen restaurante de comida fusión, mientras migrantes y locales hambrientos se acercan a pedir unas monedas. Tampoco quiere tener miedo de que esta desigualdad rampante lo ponga en peligro por usar su apple watch o contestar una llamada en su iphone . Acaba de regresar de Ciudad de México -sus utopías de recorrer el mundo ya no pasan por Europa, tierra llena...

Poemas de pandemia

En las noches galopa en el pecho como cien caballos huyendo en estampida De día enfría las manos y baja en pequeñas gotas por la espalda Siempre ha estado allí Agazapado en las sombras de la ventana en las noches de terror Repitiéndose en el eco de las letanías a los muertos Sentado en la silla del profesor Detrás de la mueca de burla de los niños cuando alzaban la falda para ver los calzones de las niñas Amenazando con la correa gruesa del padre en la mano desencajada por la ira de la madre Actuando como juez cuando se descubrían los placeres del cuerpo Se burló al subir a todos los aviones A la hora de amar recordó siempre que la felicidad era ilusoria Me ha perseguido sin descanso por cada resquicio del sueño No crecí con miedo El miedo creció dentro de mí - Las calles solitarias tienen ahora el olor de la muerte No porque antes no lo tuvieran, con tanto que aquí se mata Pero ahora hay algo que nos hace alejarnos de los otros Más que antes, que siempre Los gatos so...

He/She

Encerrarme en mi castillo y salir solo de noche  escondida bajo una gran capa a las tabernas como el Orlando de Woolf y un día irme allí, en uno de sus sótanos, sin que la servidumbre sepa cómo, ni de qué tal vez por un golpe en la cabeza, en la oscuridad tal vez de inanición o de tristeza. Morir anónimamente, como esos antepasados que pusieron su granito de arena para levantar esta inmensa ciudadela  enterrarme y salir 20 años después como las cigarras, solo para morir 24 horas son suficientes para vivir en el mundo.  Apagar todo, borrarlo todo, solo escuchar aullidos de lobo y el rugir del viento en las copas de los árboles salir de este mundo que invade, que ensordece solo oscuridad y silencio, como debe ser en el fondo del mar como debe ser la muerte, tan esperada.

Nosotros y las cosas

 Hace seis meses y dos días que murió mi gata y todavía rondan por ahí algunas de sus cosas -que ella no compró ni pidió, por supuesto-, pero que yo como humana, como habitante del mundo material consideré imprescindibles para nuestra convivencia. Sus platos, su juguete, su cepillo con algunos de los pelitos todavía enredados (que me hacen pensar en la locura de que su ADN puede serme útil si algún día se inventan una manera de revivir a quienes tanto extrañamos) me la recuerdan, me hacen suspirar y soltar a veces unas lágrimas, pero sobre todo me sumen en la tremenda incapacidad de deshacerme de ellos, como si al hacerlo borrara su memoria de mi vida. Así pasa con muchos objetos que conservamos: algunos que nunca hemos usado pero esperamos hacerlo algún día; los que quisimos mucho o aprovechamos en su momento y ya no funcionan o no nos son útiles, de los que no nos atrevemos a salir; los que nos evocan momentos felices o tristes, los recuerdos de viajes que hicimos, de personas qu...