domingo, 3 de septiembre de 2023

Delirio

 Estoy loca

juro que lo estoy

los conocimientos de la academia no alcanzan

para explicar el mal que me aqueja

todo lo arruiné:

los amores, la carrera y mis dientes

la belleza, que tal vez no era tanta

la perdí

la inteligencia tampoco sirvió de nada

porque nada aprendí


Solo fui una sensual

que vivió en la constante turbación del deseo

que no se aplicó ni ejecutó

que quiso escribir y le salió mal

que soñaba con cantar y desentonó

los hombres me repudiaron

las amigas fueron un remedo

una gata me dejó en completa orfandad

y lo que dije hace tres minutos lo olvidé


No dejo obra

ni hijo

ni árbol

ninguna memoria quedará de mí

los gusanos esperan para devorarme 

sigo viva, pero no sirve de nada.


lunes, 28 de agosto de 2023

Monogamia feroz

 Te encuentras con esos amigos que llevan más de diez años casados y sientes que son un solo ente que respira y camina en dos piernas, como unos siameses que de tanto andar juntos ya saben lo que cada uno va a decir y se completan las frases; te parecía lindo antes, pero ahora, después de tanto trajinar por la vida te parece un poco fatigoso.

Escuchas en consulta a esos veinteañeros que al calor de la pasión engendraron un hijo que llegó a destiempo, que interrumpe sus rutinas y se suma a sus múltiples desencuentros; que será criado por la dedicada abuela quien no pudo educar a sus propios vástagos por tener que salir cada día a buscar el sustento, pero que ahora está dispuesta a reparar a través de este ser todos los errores que cometió y que seguirá cometiendo su descendencia sin que nadie pueda evitarlo... No entiendes por qué estos casi infantes insisten en permanecer juntos intentando exorcizar sus múltiples demonios (especialmente el de los celos obsesivos, omnipresentes) cada uno revisando el Whatsapp del otro en busca de señales de engaño, de pruebas contundentes de que se flirtea y se demuestra interés fuera de este círculo de inexistente felicidad y más bien fuente de agobio.

Te preguntas por qué algunas parejas se dan siempre la razón frente a los demás, ¿acaso evitan una discusión o simplemente la posponen para la llegada a casa? ¿Cómo se soportan esos que pelean todo el día y parecen no tener nada en común? Y además, ¿es posible que todas las anécdotas sean compartidas, no hay espacio para la individualidad, no tienen vidas por separado?

Tratas de imaginar cómo sería cada uno si no estuviera fusionado con el otro (sobre todo el que parece estar más a la sombra del que ama); cuáles serían sus ideas si no tuvieran que demostrar al mundo que sólo esa persona de entre miles le agrada y es la única con quien le interesa estar. Observas con inquietud cómo deben negar el natural deseo y abstenerse de mirar más de una vez a alguien que les parece atractivo sólo por "evitar problemas"; que cada uno está siempre bajo sospecha para su media naranja y cualquier tercero resulta siendo una amenaza (lo atisbas cuando el amado se va al baño y por un momento el otro es nuevamente un individuo que coquetea, pero su gesto vuelve a ser indiferente cuando aquel regresa). Sabes que será así interminablemente hasta que alguno de los dos se canse o se vaya con uno o una más joven (o más rico o más interesante, lo que sea).

Piensas ¿Alguna vez actué como ellos? ¿Llegué a creer que otro y yo éramos la encarnación del amor, de todos los amores de la historia del mundo, que no se iba a acabar nunca y los demás eran unos pobres mortales por no experimentar esa sublime sensación? Por supuesto que sí y también una vez tras otra me decepcioné sin que por eso dejara de intentar tocar el cielo de la realización a partir de la búsqueda de una aparente completud, la persecución incesante de eso que, por lo irrealizable, nos es tan esquivo. 

¿Cuántas veces fingimos desinterés, negamos atracciones, dejamos de cometer infidelidades solo para esgrimir frente al otro una superioridad moral a prueba de la más exhaustiva investigación, para poder reclamar exclusividad y dedicación sin ambages? Nos morimos de miedo de perder "eso" que creemos tan valioso aunque sea disfuncional y caótico; nos sentimos cómodos con nuestras miserias ya reveladas en pareja; el pánico a la soledad o a pasar de nuevo por el proceso de conquista y la posterior desilusión nos arrojan a esa caverna de disconfort, a esa paranoia constante, a la terrible sensación de conservar “lo poco" bueno ante la perspectiva de quedarnos un día sin nada.

¡Qué agotador tener que mentirnos y negar nuestra naturaleza para parecer normales dentro de una sociedad tan patológica! Honestamente, ¿es buena idea la monogamia?


domingo, 13 de agosto de 2023

Soledad y libertad

 Quemar las naves para la RAE es una expresión que significa "tomar una decisión irreversible". Según Wikipedia, el término puede referirse a la decisión de Hernán Cortés durante la Conquista de México de inutilizar sus naves para dejar claro a sus hombres que la retirada era imposible. 

Es lo que viene a mi cabeza cuando pienso que con el género masculino algo se rompió y no hay vuelta atrás. 

Y eso que si alguien es biológica y decididamente heterosexual soy yo, porque desde muy temprano en la vida me volvieron loca la voz, el olor, la presencia de los hombres; su "mundo" -del que envidiaba el aparente dominio de tanta variedad de temas e intereses- y lo que creía que era su aporte "tan fundamental" para la humanidad, tanto en las artes como en la política y en las ciencias (eran épocas en las que ignoraba que lo que me aburría de las mujeres era lo que se nos había impuesto al relegarnos al ámbito "menor" del hogar y la crianza, sí, como si fuera algo menor sacar adelante a sus crías para que ellos pudieran perpetuar sus linajes y sus intereses).

Pero es lamentable lo que hicieron la sociedad y especialmente el régimen patriarcal con este ser que, por muy feminista que una sea debe reconocerlo, no es despreciable per se. En lo que lo convirtieron, en un inseguro patológico que debe estar reafirmando su poder para sentirse aceptado, que no puede y no debe permitirse sensibilidades a riesgo de ser considerado menos hombre, que cree que su misión en la vida -con excepciones, obviamente- es ir por ahí haciendo guerras, destruyendo, pisoteando, apoderándose de tierras, de riquezas y muy frecuentemente asesinando tanto a sus iguales como a las mujeres (de las que se asume dueño y señor), es un papel muy triste y patético de representar.

A muchas nos pesa haber conocido el amor a través de la tragedia de Romeo y Julieta y haber crecido pensando que la travesía con un otro masculino debía pasar por un sufrimiento interminable, aguantar violencias y majaderías, dejar de ser una misma, sacrificar la libertad de pensar, decir y cuestionar por temor a soportar sus arranques de furia o lastimar su frágil ego. Por eso en este trayecto del camino me propongo no soportar más abusos, crueldades, silencios castigadores, desprecios y descalificaciones sólo por compañía o por el placer de unos cuantos besos y del encuentro de cuerpos (porque el tan anhelado de almas es muchísimo más esquivo). 

Me rehúso a aceptar algo menos que ser tratada como un ser valioso, no delicado ni frágil, pero sí digno de respeto. No aceptaré más calificativos de fastidiosa o tóxica por pedir explicaciones mínimas, exigir responsabilidad afectiva o demostraciones de cariño. No toleraré más insultos, recriminaciones, intentos de aislarme, de prohibirme palabras, compañías o actividades, de poseerme como un objeto. Aunque eso implique enfrentarme a la idea de ir a los lugares que quiero sola, plantearme una vida sin las cosas bonitas de estar en pareja y acostumbrarme a que se me mire raro en restaurantes o cines, porque aunque se hable mucho de cultivar el amor propio, a veces se ve con sospecha a aquellos que caminan sin una compañía a su lado.

Empiezo a ver las ventajas: nadie me pide explicaciones o sabotea mis planes simplemente porque no le interesan; nadie me acusa de lo que no he hecho ni se enfurece porque expreso mi punto de vista; ahora amarme, escucharme y complacerme son sólo mi responsabilidad.

Como un mantra que tomo de la película Argentina, 1985 proclamado a raíz de las tantas atrocidades develadas en el juicio a la Junta Militar, me digo hoy a mí misma: Nunca Más, Mónica. 

domingo, 6 de agosto de 2023

De 2020

Sólo temo.
De día, de noche,
sólo el pánico sujeta mi mano.
Háblame, dime que lo superaré
este horrible tiempo.
Ya no deseo ver a nadie
la risa desapareció de mis labios.
Sólo pienso en dormir
Y no despertar.
No es el virus el responsable de mi agonía
Es un temor que no descifro: a morir sí,
a enfermar
pero también a vivir.
Es el horror de esta vida lo que me atenaza
¿Tendré salvación?
¿Saldré del otro lado, estaré bien?
La ansiedad no me deja pensar
mi mente está vacía
ya no hay ideología ni pensamiento
no logro articular las ideas
no puedo opinar sobre nada.
Soy como un árbol hueco
y ni siquiera las termitas 
quieren habitarme.

miércoles, 26 de julio de 2023

Mi cuarto propio

 Que una mujer debe tener dinero y un cuarto propio para poder escribir novelas, sentenció esa extraterrestre monumental, que revolucionó junto con tantas otras el mundo llamada Virginia Woolf. 

Lo hizo recordando que hace apenas un par de siglos las mujeres no teníamos un espacio físico más allá del compartido con otros miembros de la familia para "ser y hacer" a nuestro antojo, y por la pesada carga de obligaciones que tenían nuestras antepasadas como para hacer otra cosa además de fregar y cocinar; esto sumado al escarnio y la infinidad de críticas que recibían las pocas que se atrevían a desafiar ese mezquino orden establecido.

Pues bien, he aquí que algunas no se resignaron y escribieron, pintaron, compusieron música, filmaron películas y se desnudaron, emborracharon e hicieron todo los que les estaba prohibido; cada vez somos más, aunque aun hay muchas que no tuvieron ni tendrán más destino que la cocina, la escoba o las calles para mendigar o prostituirse, porque les fueron vetadas la educación y las oportunidades; porque crecieron en un entorno empobrecido; porque la desigualdad se ensaña mucho más con ellas y todavía las cadenas socio culturales nos imponen el mandato del amor y la reproducción como un deber y fuente de completud femenina. A pesar de todo seguimos conquistando espacios, algo que a veces nos demanda esfuerzos sobrehumanos que pagamos con nuestra vida o con infelicidad (aunque en estos tiempos la insatisfacción es lo que caracteriza la existencia de todo el género humano). 

No sobra decir que algunas nacimos y crecimos con ciertos privilegios; que aunque durante décadas cuestionamos nuestros entornos y los múltiples errores que se cometieron en nuestra crianza debemos reconocer que gracias a esas ventajas escribimos algunas letras, asistimos a la universidad, tuvimos una voz y fuimos más que "la esposa o la mamá de..." Personalmente, ahora que supero mi mediana edad y después de saldar cuentas con la niña y adolescente rebelde que fui -además de empezar a trabajar en mis mommy and daddy issues-, debo reconocer que si no hubiera tenido una educación, una casa a la cual poder volver una y otra vez y una madre que aunque no entendía lo que pasaba me abría los brazos y soportaba los embates de mi rabia, no sería la incipiente lanzadora de palabras que hoy soy.

Gracias a ello pude irme de lugares en los que se me exigía recoger ropa que no era mía del suelo y lavarla, algo que nunca hice en mi casa; de espacios en los que se alzaba la voz o se me echaba en cara la comida que ingería o la luz que gastaba, como jamás lo viví en mi hogar; de relaciones en las que era insuficiente y en las que no recibía ninguna dignidad como persona y mucho menos amor, como sí lo he tenido en el seno de mi familia.

Ese, puedo decirlo ahora, ha sido mi cuarto propio. ¿Cuál es el tuyo?

 

martes, 11 de julio de 2023

Tuve una vez un amigo

  Más bien han sido varios, en algunos casos fue amistad verdadera, en otros había otras intenciones; unos desaparecieron, otros permanecen.

Pero este en particular (a pesar de no ser lo que para muchos es una buena persona) me vio de otra manera que ahora, después de haber llegado un poco tarde a la comprensión de la desigualdad de los sexos, entiendo que fue imprescindible para perder el miedo a hablar desde mi propia voz y mi propio lenguaje. Es que su mirada no se fijaba en mis senos ni en mi trasero: estaba al nivel de mi cabeza y me apuntaba de frente al cerebro. 

Con él descubrí lo maravilloso de pasar la noche hablando tanto de lo profundo como de lo banal, de los libros leídos sólo por el placer de hacerlo, de los chismes de la farándula local e internacional, de burlarnos del alto grado de estupidez de los demás y de nosotros mismos, de horrorizarnos con la maldad humana y asombrarnos con las portentosas creaciones de esta contradictoria especie que somos. En esas tertulias me revelé a mí misma como una interlocutora interesante, a la altura de cualquier conversación.

No formamos parte de la vida del otro en este momento; ciertamente el personaje que creó para relacionarse con el mundo me repugna, pero valoro lo que me dio en el tiempo que compartimos: lo que me inspiró haberlo visto como un modelo a seguir cuando era apenas un escritor de blogs desconocido; lo que me maravilló llegar a su casa y ver en pantalla grande uno de mis primeros textos y escuchar sus comentarios que me sonaban un poco exagerados pero halagadores. 

Tal vez pasó antes y no lo noté, pero por primera vez sentí que alguien se impresionaba más por mi inteligencia que por otra cosa y -no porque me crea un sex symbol- si algo sabemos las mujeres es que se nos suele juzgar más por las cualidades físicas que tengamos o de las que carezcamos, por eso cuando no es así lo agradecemos.

A esta persona la llevo en mi corazón aunque con frecuencia la deteste; la extraño como a esos días en los que buscábamos algo que no sabíamos qué era, tal vez no morirnos de aburrimiento en un lugar tan terrorífico como la ciudad donde nacimos, y perdernos en la fantasía del alcohol y otras sustancias. Sé que esos días no volverán y que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos, como dice Neruda en su poemapero seguiré buscando repetir esa sensación y esa embriaguez, que me hacían sentir tan viva.

miércoles, 5 de julio de 2023

Amarguras

La mosca de la fruta

tan examinada por científicos

pasa sola, de la exquisita manzana 

a la banana a punto de pudrirse;

sus parientes las moscas comunes

no conocen su tragedia:

ella aprende, dice la ciencia

pero muere en treinta días.

Soy esa mosca que piensa

y como ella,

soy materia en descomposición.


Las cántaras de leche llenadas todas las mañanas

el vendedor de sangre

para el caldo de pichón

el asado en el anafre, el sancocho en el río

las melcochas de bienvenida los mediodías

las hojas de plátano para envolver la carne

el canasto del mercado

las hallacas de diciembre

a eso sabían la infancia

y la felicidad.


Deberíamos demandar todos en masa

por el amor que era mentira

por empujarnos a crecer

por dejar el alma en la oficina y el transporte

por la lluvia que vemos detrás de la ventana

por ese humo desgracia que tenemos que toser -como dice Chico Buarque-

por las fiestas de oficina y las reuniones de padres

por el montón de mierda que nos morimos por comprar

por la vida, que no pedimos y padecemos cada día.







 

Gemir = vivir

  Tantos gemidos como personas en el mundo los he escuchado de todos los tipos unos suenan como lamentos  otros como suspiros hay unos de ha...