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Ese activismo necesario

Escuché sobre alguien que vino de Venezuela -donde tenía un cargo directivo en un banco- a trabajar en “una de esas maquilas de Pat Primo" en mi ciudad. Reconozco que la palabreja   hizo que me estremeciera: “¿esas cosas existen en este país?" creía que estaban en lugares lejanos, como la China o Indonesia, nunca imaginé que podrían estar siquiera cerca de nosotros, en esta pequeña villa fronteriza plagada de desempleados. Me propuse no volver a comprar esa marca, aunque recordé que prácticamente ya no compro nada de ninguna marca. Y es que sólo de pensar que esas prendas han sido fabricadas por niñas, adolescentes o mujeres famélicas en jornadas extenuantes con salarios de miseria, me siento incómoda y avergonzada: es por eso que dejé de ir a almacenes como Zara aunque haya promociones, a H y M y hasta a Desigual, cuyos carísimos vestidos pueden haber sido pagados a un precio irrisorio a aquellas sufridas manos que les dieron vida. No sólo el tema del vestuario se ha v...

¡Mátenme, feministas!

Por alguna razón que otros sabrán explicar mejor, no siento una empatía especial por mi género; me caen bien o mal las personas, independientemente de que sean hombres o mujeres, no asumo que ellas deban generarme aceptación sólo porque son como yo. Tampoco me siento particularmente cómoda rodeada de otras féminas, a veces sucede todo lo contrario, me intimidan cuando las veo tan crispadas (ya sé, amigas feministas, es por la opresión de tantos siglos), que muchas reuniones con ellas me hacen sentir un enorme deseo de huir. Me sucede también con muchos hombres, aunque no puedo caer en generalizaciones, porque si bien es evidente que algunos me causan incomodidad, aprensión y hasta fastidio, los que son mis amigos y otros conocidos, se me hacen una compañía verdaderamente agradable. "Será por el tema de la seducción" dirán, "será porque ellos siempre te están viendo como un pedazo de carne al cual probablemente podrán engullir sin mucho esfuerzo" -puede ser-, pe...

¿Qué hacer?

Cuando has pasado los últimos años de tu vida, los únicos de militancia política, apoyando a los candidatos más difamados por cuenta de la estigmatización de las propuestas alternativas y ves como pierdes, una tras otra, todas las elecciones, a veces te preguntas si ya está bueno y es hora de darte por vencido. Porque pareciera que después de un breve renacer en América del Sur de gobiernos progresistas, soberanos, contrarios a Washington y sus mandatos, el radicalismo de derecha racista, misógino, xenófobo y homófobico, más preocupado por beneficiar a los grandes capitales que a los trabajadores y a las clases medias, avanza a pasos agigantados y ya no entendemos cómo esos tantos perseguidos y perjudicados por las medidas de esos gobiernos, apoyan ciegamente a quienes serán sus verdugos. ¿Qué hacer cuando todo parece perdido, cuando la gente capta los mensajes amplificados por los medios de comunicación de los supuestos fracasos de la izquierda y minimiza descaradamente los efe...

De lo difícil de ser mujer

No lo noté mientras crecía, pero viéndolo en retrospectiva, el comportamiento de los hombres fluctuaba entre la agresividad y una especie de embelesamiento: algunos niños en el colegio nos alzaban la falda en los pasillos, nos hacían zancadillas o empujaban en el patio de recreo (y uno hasta metía en mi pupitre billetes de 20 pesos arrugados con los que yo no sabía qué hacer hasta que la mamá del misterioso filántropo se quejó con las monjas); según lo que nos dijeron esos niños estaban "enamorados" de nosotras. Los primeros años en un colegio mixto hicieron que sintiera miedo de los hombres: fue un alivio pasar luego a uno femenino. Siendo adultos no deja de ser igualmente frustrante: hombres a los que supuestamente les gustamos que nos tratan mal o no nos hablan. Hay otros que practican el acoso disfrazado de piropos, "roban besos" o hasta jefes que te manosean detrás de puertas o escritorios, a los que muchas veces respondes con una sonrisa para no parecer pro...

Mi cuerpo, mis decisiones

No hablemos del estigma si la familia o los amigos se enteran, de la persecución de las autoridades en los países en que es totalmente prohibido, no hagamos alusión a la culpa que producen décadas de doctrina religiosa y movimientos pro vida que repiten hasta el cansancio la palabra asesinato: pensemos que todas las que pasamos por eso, hemos superado esas taras mentales inyectadas a punta de odio y prejuicios. Hablemos del trauma físico que un aborto acarrea. Cuando eres una estudiante universitaria de clase media a quien su novio decide "responder" pagando los gastos con tal de no defraudar a la familia que espera verlo graduado y exitoso antes de empujar un cochecito, tienes el problema casi resuelto. No vas a tener que recurrir a las ramas de ruda ni a los ganchos de ropa, es posible que no mueras por la infección o desangrada, así que puedes dirigirte a una de esas Clínicas de la Mujer que afortunadamente existen, con conocimiento o no de los gobiernos, teniendo la ...

Y qué si...?

Escuché, con ocasión de la muerte de ese extraterrestre autodenominado Prince, una y otra vez una canción suya titulada "What if", que me encantó por su melodía un poco religiosa -porque debo reconocer que no entiendo la letra y no me di a la tarea de buscarla-. Lo cierto es que vino a mí con ocasión de las actuales contiendas políticas (porque siempre, a toda hora y en todo el mundo hay elecciones), en forma de pregunta, pero no sólo con respecto a ellas, en general: ¿Y qué si...? ¿Mi país hubiera tenido un gobierno de izquierda -de alguno de esos líderes que se veían tan capaces y fueron asesinados- y no hubiera existido la tal "apertura económica", ni las privatizaciones, ni los TLC y siguiera existiendo el Seguro Social y Telecom e Inravisión y la Televisión Educativa y los empleos para toda la vida y las primas y las cesantías y las vacaciones pagas y las licencias remuneradas y las horas extras y las bonificaciones y los ascensos y el SENA (ups, ese sí ex...

Un dios impotente

La gente suele asustarse frente a quien se proclama ateo y es que, hay que reconocer que la palabra puede sonar fea; se debería decir incrédulo, librepensador, pagano, abstemio, en fin; en cambio impresiona el hecho de que, 2000 y pico de años después, mucha gente alrededor del mundo crea, no sólo que eso de la venida de Jesucristo realmente ocurrió, sino que volverá a pasar, aunque no sepamos cuándo y haya transcurrido tanto tiempo sin que el hijo del Señor dé muestras de querer asomarse por este agobiado mundo. Resulta sorprendente que, pese al paso de los siglos, estas religiones sigan manteniendo adeptos, construyendo iglesias y convocando seguidores alrededor de la tierra, siendo sus jerarcas exitosos rock star de la "Palabra de Dios", con la suficiente fuerza y poder político para tumbar gobiernos y destrozar imperios enemigos. Aún hoy, sin la segunda venida del Mesías a la vista, con muestras evidentes de que esa deidad es absolutamente ineficaz para detener la ma...