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Este vacío...

 Causa un poco de temor esto de no sentirse enamorado por primera vez en décadas, de no estar en medio de un síndrome de abstinencia sino más bien en una nostalgia tan leve como una delgada bruma en medio de un vacío que no es el de la desesperación; uno que no busca ser llenado con angustia como otras veces, o al menos no con otra persona, tal vez con varias, con uno mismo y con actividades, pensamientos, observaciones o simplemente nada; tantos años pensando que la vida sería triste sin una pareja y ahora la tranquilidad no es una excepción sino la regla.  Por supuesto que se extrañan cosas: los besos, los abrazos, la voz, el aliento, no de alguien en particular, sino en genérico; la cercanía, la complicidad, las conversaciones de noche en la cama, los susurros al oído, las piernas entrelazadas... Pero sales de ese espacio idílico y te levantas a vivir la vida con alguien que no te acepta como eres, que te hace vivir en el temor constante de "hacerlo" molestar, a quien no s...

Tus ojos

 ¿Son marrones, como la madera de la mesa en que escribo sobre esa, nuestra única noche? ¿O son negros, como ese cielo que vio pasar las horas que parecían acelerarse con mis ganas de enroscar tus cabellos en mis dedos, de besar tus yemas sucias, tus uñas casi devoradas por tus muchas ansiedades? Ante tu orfandad quise adoptarte. Quise ser tu abuela para darte la aguapanela y el pan por la mañana  para desnudar tus nalgas y zamparte unas palmadas por travieso ¿Por qué solo me mostraste tu bello perfil?  ¿Por qué tus ojos rehuían los míos? Fuiste cruel al negarme tus besos borrachos por no dejarme sentir tus manos sobre mí lo más cerca que estuve de tus labios fue el cigarrillo que compartimos solo te robé ese rato en una calle sucia en la que oriné mil veces sobre el andén mientras te miraba a lo lejos que no volverá a repetirse porque eres de otro firmamento  uno vedado para mí.

Lenguas muertas

 Si por cada relación que se rompe  hay una lengua que muere me quedaré muda por todas las que asesiné de tanto amor que no fue Son muchas las frases que ya no pronuncio: los "te amo" desaparecieron para siempre "eres todo para mí" también se ha esfumado "te doy mi vida" ya no se escucha más en este rincón de la habitación Solo frases insoportablemente prácticas: "un kilo de carne, por favor" “me bajaré aquí" "quisiera pagar esta cuenta" y odio tener que pronunciarlas cuando mi boca podría estar diciéndote al oído: "házmelo otra vez" mientras muerdo tu cuello Tanta rabia me da  no poder decir tu nombre, que lo hago a solas y fuerte en la ducha con el agua corriendo lo grito para que llegue a ti como un rumor lejano donde quiera que estés Esa lengua muerta que era nuestro código sigue allí  esperando que sus dos únicos hablantes  la revivamos   incendiando la cama y las paredes con cursis palabras de amor.

Amar hoy

 Naciste en una familia ¿normal? ¿anormal? (¿qué lo determina, por cierto?) que te dio techo, comida, ropa, "estudio" (porque educación, quién sabe). Tuviste lo suficiente, no tanto como otros, no tan poco como muchos. Te quisieron, o al menos eso crees (¿cómo saberlo?). Te dieron algún afecto de niño, cada vez menos mientras crecías, luego todo se iba volviendo regaños, prohibiciones, castigos, reprimendas.  ¿Te brindaron contención y apoyo? (espera, ¿sabían ellos lo que era eso?) Te hiciste mujer -lo que sea que eso signifique- o más bien un ser adulto, no en una noche apasionada entre las sábanas blancas de una cama de hotel, sino poco a poco, con el paso de los días y las cosas. Amaste y te amaron. Al partir para siempre el hombre de tu vida buscaste en otros lo que no te daban en casa: amor, admiración, aceptación; también en los amigos. En las amigas te resignaste a encontrar compañía, escucha y algunas veces apoyo, pero ellas no te iban a admirar por tu capacidad de se...

Mi cuerpo

 Este territorio de pies helados como mares australes mis piernas que se entrelazan siguiendo el ritmo agónico de un bandoneón, las caderas poseídas por los espíritus del Sorte venezolano, el vientre húmedo y palpitante, como la devastada Amazonía y mi cabeza, una tempestad de guerras eternas como las colombianas. Este continente pierde el aliento cuando lo elevas a tus cumbres bolivianas se deleita con los manjares peruanos que introduces en mi boca soy tu Uruguay, pequeña pero rebelde tu Paraguay, desconocida y lejana estos son tus dominios desde mi Patagonia hasta mi Punta Gallinas  pero cuídame: podrías perderme cualquier día como a la ingrata Panamá.

Cansancio

 Tengo 6 años y estoy jugando al papá y a la mamá con un vecinito en una ponchera, hacemos algo como restregarnos con la ropa puesta. Creo que me gusta. Tengo 12 años y un visitante frecuente de mi casa me obliga a besarlo y me toca. Me siento culpable y no sé si me gusta. Tengo 21 años, un conocido con el que compartía mi despecho por un amor hace cosas conmigo sin mi consentimiento, me siento mal y no me gusta. Tengo 32 años, estoy en la fiesta de cumpleaños de mi ex y bebo de más, me acuesto en su cama y se aprovecha de mí (dice que era lo que estaba buscando). No lo estaba buscando y no me gusta. Tengo 48 años, un amigo me toca los senos "sin querer" mientras hablamos, me hago la desentendida, pero no me gusta. Deberían saber que, aunque no lo dijéramos, nunca nos gustó.

Tú, allá

 Ahí estás, lejos de ella  saboreándola en tu recuerdo cargando con tu pesada humanidad sin querer estar aquí ni allá Tenías que destruir lo poco cierto lo único firme en tu suelo movedizo esparcir tu mancha de odio sobre la superficie clara  escuchando a tus demonios  que no te iban a dejar amarla  como tanto deseabas No se puede dar lo que no se tiene y tú no puedes amar porque te odias tu autodesprecio es una sarna que se extiende a todo lo que intentas tocar.