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Cosas sueltas

Me aburro todos los días.  Me acuesto todas las noches cansada de oír el mismo ruido, de ver y escuchar las mismas cosas. Me canso de esperar algo bueno de mi bendita especie, no hago más que desear una hecatombe que lo destruya todo para que esta tierra vuelva a empezar sin nosotros. Me molesta sentirme diferente y ser rechazada por eso y a la vez necesitar el rechazo para recordarme que no soy como ellos. Me fastidian cada vez más los fanáticos religiosos que me acusan de pactos con el demonio cuando me declaro atea, mientras yo tengo que soportar sus imágenes, su dios y su amén por todas partes. Me asquea, me duele con dolor físico la estupidez de mis compatriotas, de los extranjeros y de casi todos los humanos. Pocas cosas me seducen tanto como la inteligencia y es tan difícil hallarla, que a veces siento que hasta en mí misma escasea. No puedo entender que un pueblo por cuenta del odio prefiera lanzarse al abismo y rechace su propio bienestar, pudiendo perdo...

Oda al cine

Quién se podría haber imaginado que una película “pochoclera" (que es como suelen llamar los argentinos a las producciones que recaudan miles de millones de dólares en taquilla), X- Men Apocalipsis, me llevaría atrás, a mis épocas de infancia, a los primeros años de la década de los 80s, momento en el cual empecé a tener consciencia de mí y del mundo... De hecho, tal como aparece allí, el primer presidente estadounidense del que tengo memoria es Reagan, al cual, sin saber en esa época de demócratas ni republicanos, admiraba por haber sido actor de Hollywoood... Verla me hizo pensar en las tantas guerras y los miles, tal vez millones de muertos que ha habido desde ese momento hasta ahora en el mundo y en mi propio país, muertos de todas las edades, razas y credos, muertos por el hambre y las disputas territoriales, religiosas, políticas y económicas…. Recordé la primera sensación al entrar al teatro y ver mi primera película, recuerdo pensar que todo era posible: viajar al pasa...

El odio

Hasta hace poco no entendía la lucha de clases. En realidad no creía que las clases estuvieran en pugna, pensé que coexistían relativamente en paz, al menos en este momento, en el que más gente tiene acceso a los bienes y la globalización equipara a un adolescente latinoamericano con uno japonés, pues ambos tienen el mismo aparato celular y posiblemente la misma marca de zapatos. Pero entonces algo empezó a llamar mi atención y terminó convirtiéndose casi en una obsesión: es la capacidad de odiarnos los unos a los otros. Pareciera ser una especie de derecho, una tremenda catarsis poder decir “odio esto", “cómo odio que..." En mi país -y es posible que esto ocurra en el resto del mundo-, sobretodo odiamos a lo que se sale del patrón que nuestras élites y líderes políticos, culturales y religiosos establecieron: odiamos al negro, al provinciano, al indio, al pobre, al chabacán. En los últimos tiempos se han añadido a la lista los gays, las pre-pago y los traquetos. Antes...

La privatización de la vida

Es un hecho que en este mundo no somos nadie sin un peso en el bolsillo; es un hecho que las relaciones -todas- están marcadas por este pequeño gran detalle: que si después de cierta edad no pagas tus cuentas no te quiere ni tu mamá. Es triste que como dice la canción "amigo cuánto tienes cuánto vales" aplique para tus vínculos familiares, amorosos de amistad o incluso laborales; pero saber que no tienes derecho ni a disfrutar de las riquezas de tu país, que todo lo bonito tiene precio, o dueño, o mejor dicho, los dos, que hay lugares en los que sólo parecen ser bienvenidos los extranjeros con sus dólares o sus euros, ¡eso sí que entristece! Lo digo porque ahora vivo en una ciudad turística -aunque no lo es tanto como por ejemplo, Cartagena- y me he dado cuenta de que ciertas playas, las más bonitas en su mayoría, no sólo cobran entrada, sino hay que ir en carro o pagar transporte a precios exorbitantes, porque no hay de otra, a lo que hay que sumarle el precio de la car...

¡Nos están matando!

Uno creció viendo morir a los hombres en la guerra. Se acostumbró a que el papel de las mujeres fuera el de resguardar el hogar, educar los hijos y hasta sostener económicamente a la familia mientras el padre y los hijos estaban en el campo de batalla, más si estos llegaban a convertirse en víctimas fatales. Así la vivimos en nuestro país: guerrilleros, policías y soldados morían a diario y luego conocimos el sicariato, hombres o niños matando a otros hombres por unos cuantos pesos. Lo que nunca pensamos fue que presenciaríamos esta especie de doloroso equilibrio poblacional, que llegaría el momento en que morirían tantas mujeres como hombres. Lo vemos cada día al hojear los periódicos y comprobar que muchas pierden la vida víctimas de abusos sexuales, robos, mutilaciones, torturas; a puñaladas, por balas disparadas por sus parejas actuales, ex amantes, desconocidos o asesinos a sueldo. Por su condición de mujeres y también por venganzas, "problemas pasionales", deudas o...

Crónicas costeñas

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Es curioso cómo a la orilla del mar todo se ve diferente. Como decía alguien, es estar en el borde del mundo, aunque no sabes con exactitud lo que está del otro lado. Te preguntas qué traen esas aguas cristalinas o a veces profundamente oscuras... Aquí el sol no da tregua y calcina la piel durante todo el día, pero a las 5 y media de la tarde comienza la transformación que a todos reconcilia con la vida:  el cielo se torna anaranjado y la brisa se hace cada vez más suave, las luces se encienden y todo adquiere una nueva vida, en la que la miseria y la suciedad desaparecen... Porque la pobreza y los contrastes son difíciles de ignorar, cuando para ir a famosas playas como el Rodadero o Taganga tienes que pasar por montañas salpicadas de vegetación reseca y bolsas de plástico, por casas de tabla e innumerables perros que luego merodean por las playas abarrotadas. Aquí se mezclan la cadencia del samario con acentos de todo el país y de otras naciones suramericanas, el inglés, el al...

Otro día en la red

Decidió que no volvería a indignarse por lo que pasara en el planeta: de nada le servía a las ballenas que ella compartiera imágenes horripilantes de sus matanzas en las costas ensangrentadas de países muy muy lejanos... Era cierto, flaco favor le hacían a los niños palestinos sus ruegos por detener la masacre, es posible que ese día -ni ningún otro- Netanyahu no revisara su twitter y entonces nunca se enteraría de que una valiente suramericana lo había conminado a dejar en paz a sus sufridos vecinos. Eso sí, pensó en lo que en esos momentos podría estar tramando Obama y su ejército de asesinos que predicaban la paz y practicaban las guerras; se preguntó qué cosa nueva estarían inventando las multinacionales para envenenarnos y odió a los políticos de su país por ser tan malditamente ambiciosos y corruptos. Pero ya era hora de bañarse y salir a comprar lo del  almuerzo, asi que cerró su portátil y se metió a la ducha. Cuando salió a las calles soleadas y polvorientas t...