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El café que nunca fue

Ella no es una mujer de esas que quitan el aliento, pero hay algo en sus ojos, en su cuerpo que atrae. La novia de mi humano ya no es joven, no tiene en su piel la lozanía de los veinte y en su pelo asoman hilos de plata que cubre con todo tipo de tintes. Pero es buena y ama apasionadamente, aunque a veces me asfixia con sus abrazos, tanto como a mi noble compañero, que los acepta con estoicismo. De sus conversaciones luego del amor -que observo a prudente distancia desde el armario o al borde de la ventana- he podido extraer que su padre murió siendo una niña y ella era su adoración, por lo que se sintió terriblemente sola y abandonada a partir de allí. Se crió con una madre estricta y fría, que siempre estaba cansada y de mal humor, que no demostraba su afecto y a la cual ella y su hermano temían, por eso hacían solos sus deberes escolares y mantenían aseada la casa. Se sintió siempre necesitada de alguien que la defendiera y apoyara, que le preguntara cuáles eran sus sueños y te...

Renunciar a la vida

Hace algunos meses una novia de adolescencia de mi humano se suicidó. Lo vi llorar como un niño y quejarse de haberla plantado pocas semanas antes de su muerte ¿Qué le quería contar en medio de ese café que le había invitado? ¿Habría servido de algo consolarla, darle ánimos, decirle que la vida siempre tiene algo mejor para dar? Es imposible saberlo pero, de paso, deseé que algún día llore igual mi muerte.  No sé por qué a todos los de su especie les causa tanto asombro, tanto shock eso que llaman suicidio, como si no fuera la cosa más sensata de hacer ante las agresiones de este mundo que ellos mismos crearon. Pensar en lo solos que están, en lo superficiales y transitorias que son sus relaciones -y no de ahora, de esta era de pantallas y apariencias, de siempre, en todas las épocas y lugares-; es así el humano, gregario pero solitario por naturaleza ¿Es que su capacidad de pensarse a sí mismo lo aísla, cosa que no es problema de otras especies? Es evidente que son los único...

“Si tengo que esforzarme, no es lo mío, no me interesa". Diario de un gato

Soy un gato adulto, hembra, para más señas, aunque evito usar la palabra gata -que los humanos han hecho peyorativa usándola con propósitos ofensivos hacia las hembras de su especie-. No siempre fui un felino, sé que tuve muchas vidas aunque no las recuerdo todas, pero estoy segura, por ejemplo, de que hace muchos soles atrás fui un aristócrata. Recuerdo levantarme a cualquier hora del día cuando los criados abrían las cortinas, desayunar en una linda terraza con café y tostadas escuchando noticias sobre mis lejanas propiedades y llevar una vida dedicada a los negocios, el arte y las grandes fiestas y tertulias en la corte de algún rey. Solo debía preocuparme por no caer en desgracia con el soberano de turno y administrar los bienes heredados para que no desaparecieran y mis descendientes no me maldijeran eternamente. Unas décadas después, en los tiempos de las grandes revoluciones, fui una hermosa cortesana atormentada entre los vientos de liberación y el deseo de aferrarme ...

Ese activismo necesario

Escuché sobre alguien que vino de Venezuela -donde tenía un cargo directivo en un banco- a trabajar en “una de esas maquilas de Pat Primo" en mi ciudad. Reconozco que la palabreja   hizo que me estremeciera: “¿esas cosas existen en este país?" creía que estaban en lugares lejanos, como la China o Indonesia, nunca imaginé que podrían estar siquiera cerca de nosotros, en esta pequeña villa fronteriza plagada de desempleados. Me propuse no volver a comprar esa marca, aunque recordé que prácticamente ya no compro nada de ninguna marca. Y es que sólo de pensar que esas prendas han sido fabricadas por niñas, adolescentes o mujeres famélicas en jornadas extenuantes con salarios de miseria, me siento incómoda y avergonzada: es por eso que dejé de ir a almacenes como Zara aunque haya promociones, a H y M y hasta a Desigual, cuyos carísimos vestidos pueden haber sido pagados a un precio irrisorio a aquellas sufridas manos que les dieron vida. No sólo el tema del vestuario se ha v...

¡Mátenme, feministas!

Por alguna razón que otros sabrán explicar mejor, no siento una empatía especial por mi género; me caen bien o mal las personas, independientemente de que sean hombres o mujeres, no asumo que ellas deban generarme aceptación sólo porque son como yo. Tampoco me siento particularmente cómoda rodeada de otras féminas, a veces sucede todo lo contrario, me intimidan cuando las veo tan crispadas (ya sé, amigas feministas, es por la opresión de tantos siglos), que muchas reuniones con ellas me hacen sentir un enorme deseo de huir. Me sucede también con muchos hombres, aunque no puedo caer en generalizaciones, porque si bien es evidente que algunos me causan incomodidad, aprensión y hasta fastidio, los que son mis amigos y otros conocidos, se me hacen una compañía verdaderamente agradable. "Será por el tema de la seducción" dirán, "será porque ellos siempre te están viendo como un pedazo de carne al cual probablemente podrán engullir sin mucho esfuerzo" -puede ser-, pe...

¿Qué hacer?

Cuando has pasado los últimos años de tu vida, los únicos de militancia política, apoyando a los candidatos más difamados por cuenta de la estigmatización de las propuestas alternativas y ves como pierdes, una tras otra, todas las elecciones, a veces te preguntas si ya está bueno y es hora de darte por vencido. Porque pareciera que después de un breve renacer en América del Sur de gobiernos progresistas, soberanos, contrarios a Washington y sus mandatos, el radicalismo de derecha racista, misógino, xenófobo y homófobico, más preocupado por beneficiar a los grandes capitales que a los trabajadores y a las clases medias, avanza a pasos agigantados y ya no entendemos cómo esos tantos perseguidos y perjudicados por las medidas de esos gobiernos, apoyan ciegamente a quienes serán sus verdugos. ¿Qué hacer cuando todo parece perdido, cuando la gente capta los mensajes amplificados por los medios de comunicación de los supuestos fracasos de la izquierda y minimiza descaradamente los efe...

De lo difícil de ser mujer

No lo noté mientras crecía, pero viéndolo en retrospectiva, el comportamiento de los hombres fluctuaba entre la agresividad y una especie de embelesamiento: algunos niños en el colegio nos alzaban la falda en los pasillos, nos hacían zancadillas o empujaban en el patio de recreo (y uno hasta metía en mi pupitre billetes de 20 pesos arrugados con los que yo no sabía qué hacer hasta que la mamá del misterioso filántropo se quejó con las monjas); según lo que nos dijeron esos niños estaban "enamorados" de nosotras. Los primeros años en un colegio mixto hicieron que sintiera miedo de los hombres: fue un alivio pasar luego a uno femenino. Siendo adultos no deja de ser igualmente frustrante: hombres a los que supuestamente les gustamos que nos tratan mal o no nos hablan. Hay otros que practican el acoso disfrazado de piropos, "roban besos" o hasta jefes que te manosean detrás de puertas o escritorios, a los que muchas veces respondes con una sonrisa para no parecer pro...