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La guerra que nunca nos tocó

A nosotros nunca el río se nos llevó la casa, no nos tocó salir huyendo de una balacera, una incursión, una toma o una masacre; no corrimos el riesgo de ser reclutados por grupos armados, no tuvimos como única salida para la pobreza meternos al ejército o irnos para la guerrilla. Nuestra familia, aunque también vino de zonas rurales, en la ciudad conoció tiempos mejores: nuestros abuelos pudieron tener un empleo digno, comprar una casa y darle a sus hijos la oportunidad de estudiar que ellos no tuvieron. Nuestros padres fueron bachilleres y nosotros universitarios -algunos Magister , otros con doctorado-; nuestros hijos -si los tenemos- podrían estudiar en el exterior (aunque el mundo actual no les brinde ninguna garantía, ni les dé esperanza, ni les asegure una mejor vida que la que tuvieron sus antecesores). Hemos viajado dentro y fuera del país, tenemos celulares de media y alta gama, podemos comprar una que otra cosa de marca; de vez en cuando comemos en un restaurante de lujo...

De marchas y tropeles

Quienes contamos con unas cuantas décadas en este mundo hemos visto todo tipo de manifestaciones y revueltas: de ambos lados del espectro político, en nuestro país y en otros cercanos o lejanos, algunas “pacíficas" y otras que han incendiado todo a su paso; y todos, de una manera u otra, hemos participado de alguna. Al menos una vez hemos salido a apoyar a la patria en los desfiles de independencia o a protestar contra el gobierno por las alzas en los transportes y en los servicios públicos, por los recortes en los presupuestos para la educación y la salud, por la negligencia ante las masacres contra líderes reconocidos y anónimos, frente a dudosos resultados electorales; hemos visto marchas de profesores y estudiantes, de pensionados y mujeres, de campesinos, indígenas, afrodescendientes; movilizaciones que aglutinan personas de todas las edades y marchas de viejos jóvenes y de jóvenes viejos -parafraseando a Pepe Mujica-; unas coloridas como las del orgullo gay y otras plaga...

La solemnidad

Los seres humanos nos tomamos la vida, a nosotros mismos y a los demás muy en serio, sólo hay que observar la multitud de ceremonias que realizamos a lo largo de nuestra existencia como individuos y como especie: los juramentos militares, las graduaciones escolares, las conmemoraciones de fechas importantes para la nación. La rigidez de las posturas, de los gestos augustos, de la música, si es que así se le puede llamar a los himnos y cánticos ceremoniales; los rituales de la vida y la muerte decretados por las religiones: bautizos, matrimonios, misas de difuntos. Todo eso rodeado por una atmósfera aburrida y rimbombante, muy distante de la verdadera vida que lleva al ser humano a regodearse en los placeres, en el carnaval y el desenfreno. ¿Pueden catalogarse como formas de control social, rituales de paso, ejercicios necesarios para recordar nuestra trascendencia en oposición a la inmanencia que nos desvía? Al parecer las redes sociales han exacerbado nuestra tendencia a se...

Volver

Afuera el sol calcina las copas de los árboles que se mueven frenéticamente al vaivén de los vientos de agosto. Adentro ella me mira y parpadea un par de veces antes de caer presa de la modorra del mediodía. El silencio de la siesta lo invade todo y yo, que había perdido la costumbre, los siento respirar y pienso: voy a estar bien. Vamos a estar bien.

Recuperar el nombre

En una entrevista reciente, Rodrigo Londoño Echeverry, quien durante sus más de 40 años de vida armada usó el alias de Timochenko -aunque más el apócope "Timo" como el mismo reconoció-, insistía en que se dijera su nombre, así completo, con su patronímico y sin que faltara el apellido de su madre y con ello reafirmaba esa nueva persona que hoy es, comprometida con un proceso de desarme y de lucha sin violencia. No son solo los seudónimos de la guerra, también están los del amor (como rebautizamos a nuestro ser querido) y los de la escritura; los alias de los más buscados, los nombres de los hijos deseados y el nombre del muerto en el recién nacido (como es el caso de muchos, incluidos famosos como el escritor Ernesto Sábato: "Y me pusieron el nombre de un muerto..."); los nombres de las personas, el Nombre del Padre y del Hijo de los cristianos; los nombres de las cosas, de los animales, de todo lo que es -porque en este mundo de lenguaje lo que no es nombrado n...

Avatares de la política

Algunos nacieron con una tendencia a indignarse que incluso antecede a la existencia de las redes sociales, que parecen haberla puesto de moda y hasta alentarla. A muchos desde muy pequeños les dolían las injusticias, los niños con hambre en las calles, los viejos durmiendo en los andenes, los barrios de miseria con casas de latas y cartones. Pero cada uno escoge maneras diferentes de procesar esa indignación. Hubo quienes crecieron y decidieron que lo único que podían hacer era resolver la propia vida, ya de por sí bastante dura como para echarse encima la responsabilidad de ayudar a otros; algunos escogieron el camino del “servicio a Dios" perteneciendo a órdenes religiosas, que si bien no cambiarían las condiciones de vida de los pobres, podrían ayudar a paliar su sufrimiento; otros tomaron las armas creyendo que era la única manera de acabar con las injusticias; unos cuantos, que cada vez son más entre propios y ajenos, se decantaron por la política. Dejemos de lado a q...

El café que nunca fue

Ella no es una mujer de esas que quitan el aliento, pero hay algo en sus ojos, en su cuerpo que atrae. La novia de mi humano ya no es joven, no tiene en su piel la lozanía de los veinte y en su pelo asoman hilos de plata que cubre con todo tipo de tintes. Pero es buena y ama apasionadamente, aunque a veces me asfixia con sus abrazos, tanto como a mi noble compañero, que los acepta con estoicismo. De sus conversaciones luego del amor -que observo a prudente distancia desde el armario o al borde de la ventana- he podido extraer que su padre murió siendo una niña y ella era su adoración, por lo que se sintió terriblemente sola y abandonada a partir de allí. Se crió con una madre estricta y fría, que siempre estaba cansada y de mal humor, que no demostraba su afecto y a la cual ella y su hermano temían, por eso hacían solos sus deberes escolares y mantenían aseada la casa. Se sintió siempre necesitada de alguien que la defendiera y apoyara, que le preguntara cuáles eran sus sueños y te...