miércoles, 5 de agosto de 2026

Gemir = vivir

 Tantos gemidos como personas en el mundo

los he escuchado de todos los tipos

unos suenan como lamentos 

otros como suspiros

hay unos de hambre, otros de muerte 

de éxtasis

existen los apagados, los arrancados, los exagerados

los míos en el amor son quedos

-mis lágrimas también caen en silencio

mientras la rabia la grito-

hay quienes gimen como animalitos moribundos

otros como grandes bestias heridas

nosotras entre más lo hacemos menos estamos sintiendo

ellos emiten además quejidos, 

bramidos, estertores, aullidos

exhalaciones

mi bisabuela materna lo hacía con un pitido por su asma 

mi abuela paterna por sus hijos muertos

dime por qué gimes y te diré qué te causa placer 

o te hiere.

jueves, 16 de julio de 2026

Nuestro encuentro

 Muchos días antes, pero especialmente ese, estaba muy emocionada: teníamos una cita, ¡te iba a ver! Después de haberlo confirmado meses atrás y gracias al regalo de alguien amado que sabe lo importante que eres para mí, podríamos estar, no solo en la misma ciudad, sino en el mismo lugar, aunque no de una manera tan íntima como quisiera.

Nuestro encuentro me tomó en medio de una fuerte gripa, el pecho me dolía de tanto toser y era penoso hacerlo delante de la gente que volteaba a mirar escandalizada al oír la ruidosa expectoración de quién se está atragantando con la flema. Para empeorar las cosas tenía que viajar a la capital -que está a 2.600 metros sobre el nivel del mar y en las noches puede ser bastante fría-, mi pasaje era de clase económica, así que no podía llevar muchas cosas para abrigarme; todo pintaba mal, aunque al llegar al sitio en el que me hospedaría pude ver que estaríamos cerca y con fortuna y para variar, no llegaría tarde a nuestro encuentro.

Reconozco que no me puse mi mejor ropa ni me arreglé mucho: estaba un poco triste, no porque hubiera llegado el momento, sino porque sabía que sería corto, ¡tantas semanas anticipándolo para verte solo un par de horas!

Como cosa rara llegué justo sobre la hora, saliste cuando me compraba una cerveza y te oí saludar y arrancar con una de mis favoritas ¡Y yo no estaba frente a ti! Entré corriendo y ahí estabas, todo de verde… Lo demás es difícil de expresar, lo podría resumir en un éxtasis de 120 minutos que hubiera deseado fuera eterno; quería más y me complaciste con tres o cuatro, esta vez saliste todo de blanco y para mí éramos solo tú y yo (como en Dos en la ciudad, la que le compusiste a Cecilia Roth), aunque una multitud coreara tu nombre y casi todas tus letras. Me hubiera gustado que supieras que esa que anunciaste como casi desconocida y que entonabas por primera vez en la ciudad yo la conocía y la canté mientras los demás se quedaban en silencio…

Aún no me explico cómo llegué a convertirme en tu admiradora incondicional, todavía no sé por qué necesitamos ídolos a quiénes seguir -y también destruir-, de quiénes esperar que nos digan lo que está bien y lo que no y que nos acompañen en el tránsito por lo malo y lo bueno de la vida; y así como nos rendimos ante ustedes también les exigimos tanto, los destrozamos si fallan, los amamos si nos complacen.

Sé lo ingenuo que suena, pero a veces te siento muy cercano a mí, tan dentro me llegas con tus palabras y melodías; tampoco niego que con frecuencia me decepcionas, como cuando pareces tan cómodo y no tomas posición frente a las injusticias, cuando afirmas que tu música habla por ti y que con eso es suficiente.

Pero, Rodolfo, no siempre es suficiente y parafraseándote en Al lado del camino, el mundo se cae a pedazos, mientras tú solo vienes a divertirnos.

miércoles, 8 de julio de 2026

El algoritmo

 En casi todas las ciudades del país y me atrevo a decir que del mundo, los platos tradicionales han ido desapareciendo de los restaurantes -excepto aquellos que ya constituyen una ”marca”, como la bandeja paisa- y aunque haya cada vez más abundancia de ofertas pareciera que todas terminan sabiendo igual, en el caso de la comida rápida a la excesiva cantidad de salsa tártara, barbecue o cualquiera a la que llamen pretenciosamente ‘de la casa' que le adicionan para tapar la falta de sazón.

Si alguien atrevido intenta apartarse de la corriente la va a tener un poco difícil, hay un restaurante de mariscos de los pocos buenos que existen en la ciudad y en el que incluyeron hace poco hamburguesas en el menú; cuando pregunté por qué lo habían hecho, me dijeron que la gente las había pedido: tuvieron que adaptar su carta, que era muy específica, a los gustos de los comensales, porque ya saben, el cliente siempre tiene la razón. 

Se siente casi lo mismo con la música, cuando suena por ejemplo alguna canción de una artista como Shakira, quien de adolescente se cuestionaba la vida, a la sociedad y a sus costumbres; al compararla con la actual es evidente que en vez de reflejar lo que ha vivido -lleva más de 30 años de carrera, varios amores y un par de hijos-, pareciera mostrar una existencia superficial y artificialmente joven y fresca, cuya única preocupación es disfrutar de la soltería, la rumba y el baile. En últimas, un producto definido por el mercado, llamativo y exitoso, pero sin alma.

También pasa en la política: no buscamos mandatarios auténticos, con una historia y unos rasgos de personalidad propios -esto se hizo evidente en nuestra última elección presidencial-; queremos presidentes que podamos comprar por Temu, Shein o Ali Exprés en cualquier parte del mundo; que sean falsos pero parezcan auténticos, que repitan las mismas promesas que ya otros pusieron de moda en otro lugar como más seguridad, mano dura para los delincuentes, golpe a los inmigrantes ilegales, cárcel para los bandidos y por supuesto, la particular para nuestro país: cero guerrilla, entendida como cualquier posibilidad de disidencia o expresión a favor de los derechos humanos o los procesos de paz.

Es así que en este mundo atravesado por unas redes que todo lo saben sobre nosotros, que moldean nuestras opiniones y constantemente las refuerzan, que crean tendencias, no solo en lo que usamos sino en lo que pensamos y creemos, lo que comemos, los artistas que consumimos y por quién votamos ya no lo deciden nuestros gustos, nuestro partido político, ni siquiera nuestra ideología: lo hace el algoritmo, porque es el que nos da lo que queremos, aún antes de saber que lo queremos.

miércoles, 1 de julio de 2026

Orfandades

 La vida que pasa y en la que se va de creer a no creer y a hacerlo nuevamente: en ella, en el amor, en la humanidad; sentir la muerte que roza, que respira en la nuca, que sacude como el terremoto que acaba de azotar a Venezuela. Vivir una vez más la agonía de la derrota, la decepción, buscar la fe donde no aparece; esperar el momento de volver a escribir, desear hacerlo y no saber qué letras poner en el teclado.

El mundo a veces es un barrio del que uno quiere mudarse, solo que las consecuencias no serían tan simples como cuando se busca un lugar mejor donde vivir. Porque cambiar de vivienda abre la posibilidad de encontrar algo mejor o peor; en cambio, irse de este mundo es irremediable.

El cansancio invade, hartos no solo de este vecindario ruidoso y sucio, sino de los vecinos que nos saturan con su maldad y su estupidez. Cansa -y duele- que cada 30 horas una mujer o una niña muera asesinada; de las Yulianas, Valentinas, Natalias y Agostinas a las que se les quitó la posibilidad de envejecer; en Colombia, en España, en Argentina y en México las vidas de las mujeres siguen siguen siendo arrebatadas sin que pase de ser un titular por unos cuantos días y luego pase al olvido. Entre más luchamos por nuestros derechos más arrecian los movimientos antifeministas, profamilia, machistas, misóginos, conservadores, homofóbicos... 

¿Cómo explicarles a ellos que no somos exageradas, que hemos tenido que convivir, no solo con la discriminación, sino con sus prejuicios durante siglos? Nunca nos trataron como a sus iguales -dignas de respeto, poseedoras de inteligencia y muchos talentos-, sino como a las débiles, las demandantes, las interesadas, las lascivas: somos una especie de placer culposo o de mal necesario, ¡Qué agotador! ¿Cómo hemos podido unirnos heterosexualmente si pensamos tan mal uno del otro?

Hastía también que la gente vote por sus verdugos simplemente por rechazo o con la absurda esperanza de ser algún día como ellos; desespera intentar convencer con argumentos a quien tiene una idea tan arraigada que ni el amor por seres queridos, a quienes su decisión puede poner en peligro, los hace desistir.

No queda otra que pasar la página, tragarse la indignación, ver llegar la noche, dejarse llevar por el sueño y esperar -a pesar del desastre- que mañana todo siga en pie.



miércoles, 24 de junio de 2026

Enloqueciendo (again)

Todas las ciudades, aún las más detestables, se ven lindas de noche desde un avión

A veces cansa ir de un lugar a otro, a veces uno solo quiere quedarse

Pero de vez en cuando hay que moverse, solo para comprobar que se está vivo

Los aeropuertos son lugares tan hostiles como el mundo mismo 

Se parecen a la vida pero no lo son, porque son artificiales

Son estandartes del capitalismo en los que todos se sienten ricos por el solo hecho de pisarlos (todo cuesta muchísimo más que en cualquier parte)

Algunos dicen que son como pequeñas ciudades, aunque hay cierto tipo de personas que nunca tendrán cabida en ellos (pero las ciudades también suelen expulsar a mucha gente)

Se parecen un poco al mundo, con gente llegando y yéndose, gente en tránsito, gente que perdió la conexión... 

Pero si eres el que va en la fila y se retrasa ya no eres uno de ellos, porque no se puede parar la rueda

Si eres un viejo que cae al suelo, alguien que no tiene con qué pagar un exceso o retraso, eres un indeseable y puedes ser echado a la calle, porque no vales

Enloquecí, una vez más, en un aeropuerto: fue solo un descuido sí, pero el mundo no iba a dejar de andar por mí 

Me enfurecí, lloré, grité y nadie se conmovió, solamente alguien dijo: "no puedo hacer nada, así funcionan las cosas".

sábado, 18 de abril de 2026

Día Santo

 El rayo de luz que entraba por la ventana 

iluminaba tus ojos

que descubrí de un color diferente al que imaginaba

en los claroscuros de esas noches 

en las que representábamos el performance 

del matrimonio que no somos

(con la tele encendida y los niños durmiendo)

porque en ese instante en el que las cortinas sacudidas por el viento 

-como lo hace con el mar en las tardes tempestuosas

y como en él nos sumergimos en esa cama 

gigante como un buque atracado en un banco de arena-

verdaderamente fuimos 

aunque bien pudo ser una pequeña balsa la que nos contuviera

en el frágil equilibrio de las zambullidas sin fin

de los besos que se estrellaban contra partes del cuerpo del otro

como quién succiona hasta el final el jugo de la ostra

no solo estábamos desnudos, nos despojamos de la piel

tú roto, yo llena de remiendos

tan torpes por causa del deseo

que las voces al otro lado del teléfono sonaban de ultratumba

tan perdidos en el tiempo que nos preguntábamos mutuamente 

¿qué hora es? Sin responder la pregunta 

más que con las señales de los astros en la bóveda lechosa

con los murmullos de la marcha que rendía homenaje piadoso

al Mártir 

las explosiones de los fuegos artificiales

y las pocas secundarias necesidades

que nos permitimos satisfacer.

miércoles, 1 de abril de 2026

Un sitio especial

 Nadie le ha dado el reconocimiento que merece, y si bien la habitación en que dormimos, la sala para las visitas, incluso la cocina son espacios en los que tomamos decisiones y nos hacemos propósitos de todo tipo, para muchos nuestro confesionario, área de contrición y muro de lamentaciones es ese pequeño recinto en el que nos despojamos de la suciedad y en el que pensamos, guardamos nuestros secretos más íntimos y hasta hemos y nos han amado. En el que lloramos una que otra vez lágrimas amargas sentados en el suelo, en la taza del inodoro o debajo del agua que corría (¡lo hice siempre que murieron o se fueron de mi vida seres queridos!), en ese ritual que se repite a diario como tantos otros.

¿Quién no ha cantado en el baño sus alegrías y despechos, preparado sus discursos o declaraciones, emocionado ante una cita o inminente celebración? Pasamos por alto que lo que dejamos en cada uno de sus rincones es un cúmulo de historias, un abanico de emociones, una gran parte de nuestra vida que no siempre está en la conciencia, sino que es puro acto mecanizado, producto de la rutina en que se ha convertido nuestra obligada visita a este paraje particular.

De pequeña solía jugar en el de mi mamá a que era mi casa: ponía un cojín encima de la tapa del sanitario que hacía las veces de sillón para las visitas y después de secar la ducha ponía en el piso un tendido simulando la cama, los estantes para el champú los convertía en repisas; era feliz imaginando lo que sería de adulta mi propio hogar. Tal vez era mi lugar seguro y también una proyección de lo que sería mi vida, algo muy reducido y simple, con pocos objetos, sin mucho interés por acumular posesiones, tal vez solo experiencias.

Mi ducha además es un pequeño cementerio al que llegan muchos insectos a respirar su último aliento: algunas arañitas que veo tratando de trepar las paredes húmedas y resbalosas, unos cuantos ciempiés y una que otra cucaracha que corre asustada -aunque menos que yo, que no me atrevo a matarlas-, casi siempre aparecen muertos al día siguiente.

En últimas, en el baño somos verdaderamente nosotros, siempre los mismos aunque distintos a través de las días, los años y las décadas.

martes, 10 de marzo de 2026

Solo tu nombre

 Imposible escribir sobre ti sin pensar 

en inventar un nuevo alfabeto

tendría que llenarme de neologismos 

para que las trajinadas palabras de antes 

no te ensucien

-así es lo que despiertas en mí de inefable-

solo ciertas letras deberían estar en mi abecedario:

las de tu nombre

mantra que no me canso de repetir

que te trae a mi presencia 

cuando nos separamos un instante

no importa cuántos lo hayan llevado

ninguno fue digno de él 

lo digo cada vez como si fuera la primera

evocando tus manos

lo rosado de tus mejillas 

tus labios

los quiebres de tu voz

tus suspiros


Enloquecí y dejé de escucharlos

soy una tapia en la que rebotan

los prejuicios ajenos

(que si antes no importaban ahora me alientan)

porque no saben lo mucho que te buscaba 

en la música de ese lugar oscuro

que te deseaba en las tardes solitarias

lo que sabía sin saber cuando te soñaba sin recordarlo

sin conocerte

sin haber olido tu cuello ni acariciado tus rizos

sin haber sentido tu piel sobre la mía

te amé desde siempre y ahora solo te tengo

al estirar mi brazo, al abrir mis ojos

al voltear mi cabeza


Bautízame de nuevo con tu nombre

porque la que soy volvió a nacer

cuando descifró el código sagrado.

viernes, 6 de marzo de 2026

Petrotusa

 Empiezo a experimentar una especie de guayabo por la inminente salida un personaje tan histórico como Petro de la presidencia, aunque también a medida que se acerca el 7 de agosto siento un poco más de tranquilidad; y es que estos tres años y medio han sido de una ‘paridera' constante, un vivir ‘entre saltos de angustia y horror' (parafraseando a Silvio Rodríguez), tanto por los ataques de la oposición como de los grandes medios de comunicación y en general, desde casi todos los flancos, casi desde el primer día del mandato. Pero, sobre todo por los desatinos, los errores, las muchas metidas de pata y por supuesto, la gran cantidad de cosas que no se lograron. 

Se pecó de muchas maneras, pero diría que uno de los mayores descaches provino del exceso de confianza: de la idea, por ejemplo, del electo presidente y sus fieles, de que por ser un gobierno progresista iba a ser más fácil negociar con el ELN y otros grupos armados, algo que terminó convirtiéndose en un estruendoso -y costoso en aspectos políticos económicos y de vidas humanas- fracaso.

No voy a criticar el ya solucionado impasse con el gobierno gringo, teniendo en cuenta que, aunque muy millonario, el jefe de estado de allá es un atarván inculto que se limpia el trasero con la diplomacia y los derechos humanos; pero sí el no haber podido evitar el cáncer de la corrupción y el nombramiento en altos cargos de personas sin cumplir con los requisitos e incluyendo documentación falsa, cosa que constituye un delito, tal vez debido a un fenómeno que describía León Valencia como la falta de la burocracia requerida para manejar un país, algo que para la izquierda, acostumbrada a perder todas las elecciones, era hasta hace cuatro años impensable.

Por supuesto que no contar con individuos preparados para ser funcionarios de alto nivel por no haber participado de los gobiernos anteriores, en muchos casos por sustracción de materia (algunos fueron asesinados, como en el caso de la UP), otros por ser estigmatizados o perseguidos o simplemente excluidos, no justifica las malas prácticas y quienes hayan incurrido en ellas deben ser sancionados.

A todo esto se suma la idea -bastante sobredimensionada por cierto- que tiene el presidente de su propio poder, lo cual lo hace exagerar sus logros; en ese sentido concuerdo con Ernesto Samper, quien cuando le preguntaron cómo le había parecido este gobierno respondió: “no tan malo como dice la oposición, ni tan bueno como dicen sus seguidores".

Lo que sí se debe reconocer es que más allá de lo bien o mal que lo haya hecho (hay números que demuestran que la economía, el empleo y otros rubros mejoraron con respecto a los anteriores, a pesar de lo que digan los medios masivos y la oposición), este gobierno le permitió errar a unos distintos a los de siempre, dejando claro el mensaje de que la democracia es que no solo detenten el poder unos pocos privilegiados, sino todos aquellos a quienes el pueblo, en su sabiduría o insensatez, tenga a bien elegir.

sábado, 21 de febrero de 2026

Afuera

 Me inspeccionó a través del parabrisas de un carro que no es mío, con sus ojos, no inyectados en sangre, sino surcados por vetas azules, moradas y rojas -tal vez debido al humo de los carros o al polvo que levantan sus ruedas sobre el asfalto-; me lanzó una mirada con rabia y como una cobarde la esquivé, intentando hacer una mueca de pesar que solo fue de vergüenza por estar del otro lado del vidrio, por no ser como él (aunque hubiera podido serlo), por no hacer más para que no haya millones en su situación, por regodearme en mi tonta comodidad, en mi mundillo de ‘intelectuales' que no tienen nada más que una colección de citas en la cabeza y se emborrachan cada 15 días cuando cobran el sueldo del contratito que algún político ‘benévolo' y ‘amante de las artes' les suelta.

Lo vi maldecir y sentí miedo, porque temí que rompiera el vidrio y las astillas de los cristales se clavaran en mis ojos, pero a la vez me compadecí y quise abrazarlo; me pregunté si su improperio tendría que ver con no tener para llevar un plato de arroz a su mesa, comprar la leche de algún bebé o la dosis de alguna droga que le permite sobrellevar la mierda de la vida y el asco de las caras aterradas e indiferentes de las buenas personas que, como yo hoy, se posan a diario sobre este infame semáforo.

Vi sus manos manchadas y callosas y recordé las de mi abuelo que, aunque curtidas por la grasa de los motores que se pasó toda la vida arreglando, todo lo curaban. Y una vez más, juré que nunca apoyaré a quienes creen que esa miserable distancia, ese abismo que separa a unos y a otros y a algunos nos deja en mitad de la nada, triunfen. 

Aunque siempre lo hagan.

jueves, 19 de febrero de 2026

Algunas verdades

 Nunca te amé

solo sentí lástima 

parecías tan poco

si te hacía un cumplido me reía por dentro

la mayor parte del tiempo fingía

tus ejecutorias amorosas me provocaban aburrimiento 

ganas de salir corriendo

pero me quedaba

pensando que nadie más lo haría 

esperando no sé qué


cuando decía que te extrañaba 

era mentira

porque me llamaste de tantas maneras

-con odio-

rechazaste mis caricias

me humillaste tantas veces

criticaste mi peso, mi pelo 

mi risa

las palabras que usaba

las canciones que oía

mi ropa, siempre inconveniente

mi forma de pensar y actuar


pero me dolía tu dolor

más que el mío

tus fingidas lágrimas se clavaban en mi pecho

creía en promesas que olvidabas en 20 segundos

en besos duros como el mármol

nunca me aceptaste

pero yo tampoco


Nunca te amé

o tal vez

fuiste el amor de mi vida

¿cómo saberlo,

si el día a día,

la tormenta a nuestro alrededor

nos hizo odiarnos?

Nuestro amor renacía cada noche

y moría al amanecer

cuando los gallos anunciaban

una nueva jornada

en el matadero.


martes, 10 de febrero de 2026

¿Por qué ‘La huérfana'?

 Hace ya casi 15 años, cuando buscaba un nombre para este proyecto de escritura, a alguien se le ocurrió dármelo en forma de comentario halagador: "usted se parece a la protagonista de la película La huérfana que no demuestra la edad que tiene".  Y así se quedó.

Apartando el hecho de que crecí sin padre como muchas y muchos otros y de que la violencia en mi país y la vida misma nos arrebataron tantas figuras paternas y nos sumieron en tantos duelos, el nombre de este blog también refleja una sensación, una forma de estar en el mundo que me acompañó durante mucho tiempo.

A muchos podría escandalizarles el término, como si el sentimiento de orfandad no fuera universal, algo muy cercano a sentirse solo al lado de otro o en medio de una multitud, y a estarlo verdaderamente a través de los sufrimientos, los retos, las decisiones importantes; a sentirse tantas veces perdido, desorientado con respecto la vida, pues, ¿no estamos todos viviendo esta experiencia por primera vez, sin posibilidad de ensayo ni de repetición? ¿No necesitamos el amor como las plantas al sol y creemos hallarlo en la compañía y por eso formamos parejas, amistades, ejercemos la maternidad y la paternidad, perseguimos el dinero, la realización, el éxito en cualquier campo solo para que nos quieran, nos admiren y sentirnos menos solos, para darle sentido a una existencia tan inexplicable e incierta? ¿No somos como islas desiertas que parecen clamar desesperadamente por ser habitadas? 

Soy huérfana y no solo de padre: en este gran océano que es el mundo floto sola, aunque de vez en cuando otros y otras se acerquen; algunos permanecen más tiempo, otros son fugaces pero fulgurantes, los hay también opacos y fríos, pero su calor y su frescor, la fuerza de gravedad que nos unió, la atracción entre mi materia y la de otros me ha alimentado y sostenido, aún en medio de la orfandad.

Lo paradójico es que mientras escribo esa sensación se disipa, así que lo soy un poco menos a gracias al espacio que lleva este nombre. 

Y a ustedes, quienes quiera que sean, que lo leen.

jueves, 29 de enero de 2026

Desear...

 Se aprende en la facultad de psicología que el deseo es lo que nos mantiene vivos, especialmente el de vivir (aunque no todos los que siguen en este mundo deseen hacerlo) y para la muestra un botón: una de las características de los episodios depresivos es la afectación del deseo, de la capacidad de desear y de disfrutar o sentir placer con las cosas que antes lo producían (anhedonia). 

Pero, ¿qué es el deseo y sobre qué se sostiene? ¿Sobre aquello que nos gusta o creemos que nos dará satisfacción, sobre lo que aprendimos que era valioso e importante o sobre lo que nos venden todos los días como más que deseable, necesario? ¿Deseamos con la ilusión de ser deseadas y deseados, o nuestro deseo es inmune a la reciprocidad y a la satisfacción? ¿Es diferente el deseo nuestro al de ellos? Parecería una respuesta obvia, pero ¿a qué se debería la diferencia? ¿Al patriarcado, tal vez, que nos sitúa a las mujeres como objetos de deseo y a los hombres como sujetos deseantes de nuestros cuerpos, de nuestra atención o por qué no, de nuestra indiferencia? Porque, para nadie es un secreto que cuando se obtiene lo que desea viene la insatisfacción, el cansancio, y se abre nuevamente el ciclo, pero esta vez lo que se desea es otra cosa, no la que poseemos... ¿Por eso es tan impertinente, tan incómoda una mujer que desea, porque debería limitarse a ser recipiente pasivo y no sujeto activo? 

Y yo, ¿qué quiero? Si a nadie más le importa mi deseo, si los demás saben lo que quieren de mí y lo obtienen si lo permito, ¿quién debe velar por lo que realmente desea, si no soy yo? ¿Por qué buscar tanto complacer a costa del propio deseo? Aunque, ¿qué es el deseo sino algo construido en nuestro tránsito por este mundo y en relación con él y con los otros, próximos o lejanos?

¿Vivimos como deseamos hacerlo? ¿Podría haber sido de otra manera? ¿Aunque nos consideremos ese tipo de persona cuyo deseo o su búsqueda lo ha guiado más que lo impuesto, ¿qué tanto de esos deseos más profundos ha podido realizarse?




miércoles, 21 de enero de 2026

Temores nocturnos

 ¿Cómo evitar sucumbir, una vez más, ante el miedo? 

¿Cómo no sentir que saborear algo tan precioso significa poder perderlo? 

¿Cómo no hundirse en la posesión, en la duda de los celos, en la hoguera de las inseguridades? 

¿Cómo tener la mente clara, sin que se pierda en los vericuetos de la especulación, de la amenaza de la traición? 

¿Cómo amar sin querer encerrar al otro en la jaula de los propios temores, cómo pensarlo y pensarnos libres?  

viernes, 16 de enero de 2026

La vida

 ¡Lástima que se empieza a disfrutar y entender tan tarde! Con tanto que la sufrimos, la desperdiciamos, a la vez que la gozamos y le tememos...

Lo que se impone después de la tormenta y la tragedia, lo que renace -a veces no lo notamos y es ahí cuando nos atrapa la desesperación-, pero incluso cuando sentimos que ya no nos queda ni un mínimo de fuerza por tantas horas de sufrir o no haber dormido, un rayito de sol se cuela por entre las cortinas cerradas. O cuando lo hemos dado todo por perdido y se nos aparece una pepita de oro en el camino...

Y es que, si no cayera la lluvia después los días de sol, si no saliera el sol después de varios días de lluvia, si después de la catástrofe no brillara la esperanza, ¿cómo podríamos seguir? 

Viene a mí un fragmento del texto que escribí hace varios años llamado Tributo

Eso tan fuerte que sobrevive muchas horas al frío y a la intemperie o bajo toneladas de tierra... 

¡La Vida! que retumba con un grito cuando ya se han dejado caer los brazos y las palas

Que se niega a abandonar el cuerpo
Conservándolo caliente mucho tiempo después de haber exhalado su último suspiro. 

Eso que se arrebata sin vergüenza a hombres y mujeres, 
A los animales, a los ríos, a los árboles 
Sigue resistiendo 

Aunque miremos para otro lado. 

La Vida, es solo eso. Y sin embargo, lo es todo.

miércoles, 14 de enero de 2026

Confesiones de una huérfana

 No sé si todos en algún momento nos hemos sentido extraños o anormales, pero yo sí me sentí así desde muy temprano: odiaba el colegio, a los niños por tontos y bruscos (las niñas solo me parecían aburridas, pero no las odiaba), a algunas profesoras y en general, no sé por qué, le temía a la gente, grande o pequeña. Tal vez era por ser tan asustadiza que las personas me parecían demasiado crueles, no entendía por qué se reían si alguien tropezaba y caía al suelo o se burlaban de los "defectos físicos" de otros (que ahora ni siquiera se llaman así, pues ser de contextura gruesa, baja estatura o tener una mancha es una condición, no un defecto). Entonces, odiaba, con todas mis fuerzas todo y a todos: estar en el mundo, levantarme cada mañana e ir al colegio, las visitas a los abuelos por compromiso, las idas al cementerio los domingos... Todo lo que no era divertido ni emocionante, lo que era impuesto.

He llegado a entender que no había nada malo en mí, solo que no quería el libreto que parecía haberme sido asignado, bueno, a todos. Aunque jugué con muñecas y cada navidad recibía el bebé de moda que lloraba, tomaba biberón o hacía chichí y popó y las cocinitas con todos sus enseres, o las escobas y traperos adecuadas al tamaño de un enano, lo doméstico, de lo que en general se encargaban las mujeres, me parecía muy aburrido. Quería ser bailarina y cantante y lo que más me gustaba hacer en las tardes era leer novelas de amor en las que los hombres arrancaban los vestidos de sus amadas y ellas se les entregaban con pasión.

Con el tiempo entendí por qué desde pequeña admiraba y me gustaba la compañía masculina y luego, desde que empecé a transitar la adolescencia, tener amigos varones: sus vidas, excepto por estupideces como el fútbol, me parecían mucho más interesantes que las de nosotras, y no por poca cosa. Eran tan deliciosamente libres (desde poder rascarse las partes íntimas donde se les diera la gana y decir malas palabras hasta hacer cualquier cosa bien o mal o simplemente no hacer nada sin que se les juzgara) como para que una mujer que deseaba hacer lo que se le daba la gana los envidiara con una gran porción de rencor... A partir de allí mi paso por este mundo se convirtió en una lucha constante por construir un sendero propio, independiente de la letra que aparece en mi identificación en cada una de los documentos y trámites que reducen mi sexo a una F (de “femenino").

¿Dejé de odiar? Tal vez no, pero he aprendido que con un poco de inteligencia podía escaparme por los laditos, a la larga muchas y siglos antes que yo, lo hicieron y pudieron no casarse, ni procrear ni lavar calzoncillos. Suena sencillo pero no lo era, nunca lo fue y desafío al que se atreva a decir que lo teníamos todo a la mano, que las puertas siempre estuvieron abiertas para nosotras, que no era tan difícil.

Porque sí lo era. Aún lo es.


viernes, 5 de diciembre de 2025

Carta para el día después

 ¿Cómo describir esa última vez? Solo sé que miraba hacia afuera y veía un callejón sin salida, tan desesperada me sentía... No sé cómo logré librarme y llegar a sitio seguro, si sabía que aunque luchara con todas mis fuerzas las suyas me doblaban. 

Pero lo hice y no quiero volver a estar en esa situación en la que poco después de decir que me amaba fuera capaz de violentamente de tantas maneras, arrancándome el teléfono de las manos, insultándome, amedrentándome, haciendo cosas que luego solo justificaba y relativizaba...

¿Cuántas veces pasó y delante de cuántas personas conocidas y no? No vale la pena enumerarlas, es por el alcohol sí, por su problema con él, pero es mucho más: son sus inseguridades y la relación que se estableció entre nosotros; tal vez son los años de diferencia los que hacen que sea imposible, porque soy una especie de reto, de trofeo, no importa con cuántas hable, soy la experimentada, la que ha amado a otros antes que a él y con los que se quiere igualar, a los que quiere borrar de mi mente para quedarse solo en un absurdo trono construido sobre desafueros y torpeza... Parece que no hay igualdad ni tranquilidad posibles, nunca podrá ser una relación sana ni feliz. Siempre apelará a la lástima, a conmover con sus escritos, sus caritas tristes, con su supuesto sufrimiento, rogando y buscando hacerme flaquear.

Quisiera que no me importara, que no me doliera su dolor y así poder estar tranquila con mi decisión, pero no, me afecta: pienso en él y en sus palabras, sé que son sinceras al igual que sus intenciones, pero algo superior no le permite estar tranquilo y por ende tampoco a mí. Pensé que no tendría la capacidad de llegar a un límite y sin embargo aquí estoy, sintiendo que necesito cerrar ese capítulo para avanzar, para ser feliz con mi vida tal como está, sin los fantasmas del pasado y sin el miedo terrible a la soledad que he arrastrado por décadas. Quiero buscar la tranquilidad en mí, no en otro, y no quiero seguirle dando a nadie el poder de robármela: quiero ser yo de aquí en adelante quien lleve las riendas, ¡por una puta vez en la vida!

Siento mucho todas las veces que lo desvaloricé, que lo hice sentir insuficiente, despreciado o despreciable: le pido perdón por cada lágrima, por cada mala noche o día; siento no haber podido hacerlo feliz y serlo con él: lamento infinitamente nuestra mutua torpeza.


Le desearé lo mejor siempre.

viernes, 7 de noviembre de 2025

Simulacro

  A veces -muchas veces- tu vida se asemeja a un simulacro de la muerte 

Entonces, sientes lo poco importante que eres para todos

lo pronto que te olvidarán

cómo seguirán riendo y amando cuando ya no estés

el brevísimo tiempo que perdurarás en su día a día

y te preguntas para qué vivir

cuál es el sentido de levantarte cada día del camastro

intentando disimular una sonrisa

actuando la farsa de la productividad

calculas los minutos vividos y los que faltan

¿Cuántas veces escucharás tu nombre antes de morir? 

Tu nombre, que fue amor, pasión y rabia, todo junto

¿Cuánto tardarás en olvidar los suyos y los olores de sus cabellos?

¿Cuántos kilómetros recorrerás

cuántas toneladas de comida ingerirás

cuántos litros de orina y kilos de mierda expulsarás antes de irte? 

¿Cuántos orgasmos experimentarás

desde que eras una virgen paralizada y seca

hasta convertirte en una anciana ídem?

¿Cuántas abrazos forzados

cuántos brindis fingidos te quedan?

¿Cuántas más danzas ejecutarás

aunque el dolor te desolle por dentro?

Y sin embargo,

¡Cómo lo sabes, farsante!

Cuando llegue el momento chillarás por tu vida 

y te aferrarás a esa mano

-si tienes la suerte de que alguna sostenga la tuya-

o a esa sábana, ese colchón o ese pedazo de pavimento

o al aire  

que se negará ya a entrar 

en tus pulmones



miércoles, 29 de octubre de 2025

Yendo hacia ti

 Ansiosa

voy a tu encuentro 

temiendo que mi cuerpo se disuelva

convirtiéndose en un magma inasible

al contacto con tus besos

o salga volando 

como una cometa sin hilo

y se desoriente en el firmamento

de tus caricias

he deseado tanto tus manos sobre mi piel

que me da miedo caer muerta

y no poder sentirlas


Ahora que el miedo desapareció

y el mundo quedó en silencio

el éxtasis que me nubla la razón 

que todavía hace sentir sus réplicas 

por toda mi humanidad

quisiera dedicarlo 

a mis amigas, abuelas, tías 

a todas aquellas que no supieron 

nada del placer

jueves, 16 de octubre de 2025

"Pierde la esperanza y empieza a hacerlo"

 No son pocos los que toleran la existencia gracias a esa idea tranquilizante de: "hoy estamos mal, pero mañana estaremos mejor"; ya sea en referencia a su estado anímico, económico o laboral, la situación del país en el que viven o del planeta en general. Pareciera que la idea de un futuro estado de mayor bienestar que el actual nos sostiene nos permite resistir los embates de la cotidianidad, de la catástrofe ambiental que se avecina, del dolor de la existencia, del vacío y la tristeza que produce que ninguna cosa o actividad nos satisfaga del todo y casi nada dependa de nosotros; pensando que algún día llegará el amor que nos reparará, la verdad que nos guiará, la justicia que nos dará a todos techo y pan: el triunfo de la igualdad. 

Pero, ¿de qué sirve esa esperanza? Tal vez solo le sirva a ellos, a los que sí manejan los hilos para que el mundo marche y todos ajustemos el paso, para que continuemos engrasando las ruedas de la inmensa máquina de la explotación y compremos sus productos e ideas basura, y salgamos no solo a elegirlos una y otra vez, sino que limpiemos sus escritorios y lavemos sus carros de lujo.

Me niego a seguir teniendo esperanza, a resignarme a vivir un hoy de mierda alentada por un mañana mejor; prefiero alimentar la sombra del pesimismo y la apatía, sepultar toda fe en la humanidad y en cualquier ente imaginario e inexistente abrazando la amargura y el escepticismo, esperando lo peor siempre, para no ser atacada de sorpresa por la brutalidad de la perversa mente y actividad humanas, sabiendo que todo, completamente todo empeorará irremediablemente; eso sí, sin dejar de hacer lo que pueda por cambiar las cosas -aunque no lo logre ni siquiera en mi pequeño entorno-, siempre desde la certeza de mi absoluta insignificancia. 

Como dijo Zizek: "la esperanza es para aquellos que están aguardando a que otros hagan su trabajo. Pierde la esperanza y empieza a hacerlo".

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Gemir = vivir

  Tantos gemidos como personas en el mundo los he escuchado de todos los tipos unos suenan como lamentos  otros como suspiros hay unos de ha...